La Clemenza di Tito en el Teatro Real (segundo reparto): una buena representación

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La Clemenza di Tito en el Teatro Real
La Clemenza di Tito en el Teatro Real

El Teatro Real ha querido rendir un homenaje al desparecido Gerard Mortier y lo ha hecho reponiendo una de las óperas más importantes en la carrera del belga y en una de las producciones más unidas a su figura. La representación ha funcionado de manera más que correcta, aunque se tratara del segundo reparto (más bien reparto alternativo), basado en una bellísima producción escénica, una notable dirección musical y un adecuado reparto vocal.

Si La Clemenza di Tito fue una constante en la trayectoria profesional de Gerard Mortier, hay que decir que siempre lo fue en la producción de Ursel y Karl-Ernst Hermann, que él mismo estrenara en el lejano año 1982 en La Monnaie de Bruselas. Han pasado 34 años, por tanto, desde que esta producción escénica viera la luz y todavía ofrece una frescura y una calidad notables. Se trata de una producción minimalista, en la que la escenografía consiste en tres paredes y un techo pintados en blanco, con un cambio a un verde claro en la parte inferior de las paredes, en las que se ofrecen tres puertas, por las que entran y salen los personajes, y que a veces (escena del incendio del Capitolio y segunda aria de Vitellia) permiten ver un fondo de columnas en un caso y de paisajes marinos en el otro. Este tipo de escenografías cerradas son muy agradecidas para la proyección de las voces.

En escena apenas hay otros elementos que dos sillas, a la que se añade en el segundo acto una columna rota para la escena de Annio y Sesto, y un trono, siempre en blanco, para la de Tito y Sesto. El vestuario, obra de Karl-Ernst Hermann, lo mismo que la escenografía y la iluminación, es muy atractivo en casi todos los casos, siendo quien sale peor parado el personaje de Servilia. También la iluminación funciona de manera más que notable. A todo ello hay que añadir una impecable dirección de actores, además del juego del coro, que es un complemento ideal a una producción minimalista. Han pasado más de 30 años desde su estreno y no lo parece. La producción tiene una frescura y una calidad indudables.

Al frente de la dirección musical estaba el francés Christophe Rousset, bien conocido de los aficionados por sus interpretaciones barrocas, casi siempre al frente de su orquesta, Les Talens Lyriques. En esta ocasión no dirigía a su orquesta, sino a la del Teatro Real y tampoco se trataba de una ópera barroca. No obstante, la dirección de Christophe Rousset ha funcionado francamente bien, aunque me resulta menos convincente en este repertorio que en barroco, y, sobre todo, en el barroco francés. Hubo buen gusto y delicadeza siempre, lo que es de agradecer. A sus órdenes, la Orquesta del Teatro Real lo hizo de manera destacable. Muy afinado el Coro del Teatro Real en sus episódicas intervenciones.

Se han programado dos repartos vocales, que, como es habitual en el Teatro Real, únicamente se pueden considerar como primero y segundo en orden cronológico, ya que el precio de las localidades es el mismo. La verdad es que en este caso tampoco podemos hablar de diferencia a favor del primero de los repartos. Creo que en conjunto puede funcionar mejor este segundo que el primero.

El personaje del emperador Tito fue interpretado por el tenor suizo Bernard Richter, muy adecuado vocal y escénicamente. La voz tiene calidad y homogeneidad y se desenvuelve bien en escena. Únicamente, hay algunas notas tirante en la parte alta.

Me llamaba la atención la presencia de la soprano canaria Yolanda Auyanet en la parte de Vitellia, ya que es uno de los personajes más exigentes en todas las óperas de Mozart, perfectamente comparable en cuanto a tesitura a la Fiordiligi. Por el repertorio que viene cantando Yolanda Auyanet parecía claro que su voz había evolucionado en los últimos años, pero tenía mucho interés en comprobarlo, ya que no había tenido ocasión de verla desde hacía casi 6 años y en un rol más bien ligero. La sorpresa (si es que así puede considerarse) ha sido agradable.

La Clemenza di Tito en el Teatro Real
La Clemenza di Tito en el Teatro Real

Efectivamente, su evolución vocal es notable y hoy es una lírica plena, con voz atractiva y que resuelve con suficiencia las grandes exigencias en las notas bajas. Está algo más apretada en el extremo agudo, pero, en conjunto, su Vitellia me ha resultado francamente buena.

La mezzo soprano navarra Maite Beaumont fue una delicada y extraordinariamente musical intérprete de Sesto. Si no recuero mal, fue ella la intérprete de Annio en este teatro en el año 2008. La calidad vocal está siempre presente, como lo está su delicadeza y buen gusto, así como su expresividad. Para ser un Sesto de referencia no le falta sino algo más de volumen vocal. Su interpretación del aria Parto, parto fue un modelo de buen gusto y emoción.

En el personaje de Annio tuvimos a la canadiense Sophie Harmsen, que dejó una impresión muy positiva. La voz es atractiva, canta con gusto y ofrece una voz de tamaño adecuado y suficiente.

También lo hizo bien la soprano moldava Anna Palimina en la parte de Servilia. La voz tiene atractivo y canta con gusto.

Finalmente, el barítono Guido Loconsolo repitió como Publio, como ya lo hiciera aquí en esta misma producción hace 4 años. En esta ocasión me ha gustado menos, encontrando su voz y su canto más bastos que entonces.

El Teatro Real ofrecía una ocupación de alrededor del 95 % de su aforo. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales, especialmente con las dos mezzo sopranos.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 48 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 18 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 214 euros, habiendo butacas de platea al precio de 204 euros. La localidad más barata costaba 35 euros.

Debido al color blanco de la escenografía y la intensa luz de la producción, era imposible leer los sobre-títulos laterales, habiendo incluso dificultades para poder leer los situados encima del escenario. Creo que sería conveniente que el teatro hiciera algo, ya que no es una ópera tan habitual para el aficionado.

José M. Irurzun