La copiosa Tosca de Liudmyla Monastyrska en el Liceu 

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Tosca (Liudmyla Monastyrska) y Mario Cavaradossi (Jonathan Tetelman) ©Foto: A Bofill
Tosca (Liudmyla Monastyrska) y Mario Cavaradossi (Jonathan Tetelman) ©Foto: A Bofill

Esta Tosca del Liceu, coproducida con el Teatro de la Maestranza de Sevilla, invita al espectador a centrarse en la partitura de Puccini dando por sentada la recreación de los escenarios de época propios del libreto. Una copiosa ristra de funciones que abarcan todo el mes de junio que por añadidura, también son copiosas en lo musical para este primer reparto.

La escenografía del propio director, Paco Azorín, se estructura con un enorme cuerpo central de carácter mueble y elementos adosados que varían según el acto. Flanqueado por los útiles del pintor Mario Cavaradossi, el gran retablo-cuerpo de entrada de Sant’Andrea del Valle rota en el segundo acto para revelar a su espalda las estancias del jefe de la policía, el Barón Scarpia, esta vez flanqueados por los enormes cortinajes que desvelan en un punto las rejerías de las prisión. No obstante, tras la recreación histórica a pies juntillas de la iglesia, al volverse para mostrar su trasera se desvela extrañamente el esqueleto de las vigas metálicas en celosía que le sirven de soporte en una visión rechinante del Palacio Farnese respecto a la fidelidad histórica en la que se ha ubicado la expectativa del espectador en el primer acto. Tampoco, una vez superada la extrañeza, supone este giro estético una evolución progresiva hacia algún lugar que aporte significancia narrativa o conceptual a la acción, puesto que en el tercer y último acto, el gran mueble central se tumba sin más para «recrear» las cubiertas de Castel Sant’Angelo sin llegar claramente a un último estadio puramente contemporáneo ni a ofrecer, si acaso, más que una cierta idea de colofón como desplome definitivo de las expectativas.

En lo musical, el maestro John Fiore manejó a placer las tensiones de un cuerpo orquestal sólido y repleto de maniobras destelleantes, así como las precisas adaptaciones de volumen para mitigar escalonamientos en la proyección de los cantantes, completado todo ello por un hermoso “Te deum” del coro del Liceu.

Liudmyla Monastyrska llevó a escena una implacable Tosca de canto impecable, la primera, más lustrosa y más aplaudida, de las tres puntas de un triángulo vocal que sostuvo musicalmente la función. Completaron dicho triángulo el inclemente e impío jefe de la policía, Scarpa, interpretado por el bajo-barítono Erwin Schrott a con gran aplomo vocal y magníficos recursos dramáticos, y finalmente Jonathan Tetelman como el valiente pintor Mario Cavaradossi, cuyas pinceladas de buen canto contrapesaron una proyección por momentos más reducida ante una sala que le brindó una ovación en dos ocasiones. Completaron el elenco la tenaz interpretación de Stefano Palatchi como el maltrecho Angelotti y la minuciosa encarnación de Enric Martínez-Castignani como el Sacristán.

Félix de la Fuente