La del Soto del Parral otra vez en Madrid

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La del Soto del Parral otra vez en Madrid
La del Soto del Parral otra vez en Madrid

En el Teatro de la Zarzuela nueva versión de La del Soto del Parral, otra vez en Madrid para ser aplaudida por un público que está llenando, noche tras noche, el viejo coliseo de la calle Jovellanos. Versión bastante cuidada en cuanto a voces y no excesivamente brillante en lo que se refiere a montaje.

Sin duda estamos ante lo que puede ser considerado como la obra maestra de los compositores Reveriano Soutullo  y Juan Vert. Es la zarzuela que más ha calado en el público, la que más se representa de estos autores y la que alcanza una legítima popularidad dentro del género. Con un libreto interesante de Fernández de Sevilla  y Anselmo C. Carreño, donde con gran habilidad narrativa se juega con los sentimientos de los celos, el amor y la amistad, sin caer en lo melodramático y con esperado final feliz, la trama entretiene e interesa, alejándose de conceptos muy tópicos y manidos a lo largo de toda la historia de la zarzuela, para centrarse en conflictos humanos bastante creíbles. Están bien hilvanados los argumentos, sin bien las secciones cómicas adolecen de simplicidad y hoy en día es bastante más difícil que consigan hacer reir a un espectador con elemental sentido crítico.

Pero si resulta interesante el libreto, hay que reconocer que la música de La del Soto del Parral,  es todo un hallazgo, una feliz creación de los maestros Soutullo y Vert. Aunque podemos incluir esta obra en las zarzuelas llamadas de ambiente rural, tiene una personalidad propia, alcanza su música un considerable refinamiento y posee algunos momentos verdaderamente brillantes y de una indudable belleza. Los dos compositores consiguen un producto – lo dijimos también con el libreto- muy creíble donde algunos aires populares, bien llevados, se entremezclan con momentos de una gran calidad melódica, con una buena definición musical de los principales personajes y con una utilización de medios que nos recuerdan en muchos momentos al verismo italiano. No solamente en el comienzo, con el coro de campesinos y con el continuo repicar de campanas, sino en todo el ambiente rústico pero no carente de un elemental refinamiento.

La del Soto del Parral otra vez en Madrid
La del Soto del Parral otra vez en Madrid

La del soto del Parral nos ha dado ocasión de comprobar estos aspectos musicales tan bien trazados y definidos por el dúo de compositores. Hemos escrito antes algo referente al que podríamos llamar género rural, donde también estarían incluídas otras obras como La Parranda, El cantar del arriero, La Picarona, La rosa del azafrán, etc., pero sinceramente creo que La del soto supera ampliamente en calidad y en ambición artística a las citadas anteriormente. Esos concertantes finales de acto tienen una calidad muy superior- a mi juicio- respecto de las otras obras a las que me he referido. El tratamiento de las voces es muy interesante, jugando acertadamente con las situaciones dramáticas del argumento. Posee un buena línea melódica y resuelve con brillantez algunos números cómicos como el famoso de la consulta, o el más que conocido coro de Dónde estarán nuestros mozos. La orquestación es convincente y sirve para subrayar las emociones y tensiones del drama que se desarrolla- eso sí con final feliz- sobre el escenario.

La del Soto del Parral otra vez en Madrid, llenando por completo el aforo, noche tras noche, del Teatro de la Zarzuela. Versión vocal e instrumental muy interesante. Al menos en la noche del 27 de noviembre, función a la que asistimos, el resultado fue ampliamente satisfactorio. Destaco sobre todos al tenor Alejandro Roy que estuvo pletórico en todas sus intervenciones. Tiene asignado un papel comprometido, con mucho trabajo, que requiere unas condiciones vocales exigentes, pero sin embargo no alcanza su papel el lucimiento de otros personajes. Aun así Roy brilló con luz propia, con una voz media muy aceptable, con unos registros agudos francamente brillantes y con una gran capacidad de transmisión, con un apasionamiento y sinceridad interpretativa que se agradecen sobremanera. Interpolaron la romanza de tenor de otra zarzuela de los mismos autores, El último romántico, y la cantó de forma absolutamente brillante, con buen gusto, con musicalidad y con un indudable poderío. Creo que justamente fue el más aplaudido de toda la noche.

El gran protagonista musical es el barítono, en este caso Javier Franco. Tiene buena voz, aunque en la función en que le escuché le advertí cierto uso y abuso del vibrato. Canta con gusto e incorporó la angustia y los contrarios sentimientos que le afectan con credibilidad. Junto a él me resultó muy convincente Saioa Hernández que cantó admirablemente su papel en el dúo y que no recurrió a exageraciones. Tengo que destacar su hermosa voz, su sobriedad interpretativa que tan creíble la hace, y su buen gusto expuesto en todo momento. Los cómicos Aurora Frías y Didier Otaola estuvieron comedidos, sin esos tics tan frecuentes y a veces tan lamentables a los que recurren algunos intérpretes. Aurora Frías tiene una bonita voz, canta con mucho gusto y es actriz llena de simpatía y con un gran atractivo. En cuanto a Otaola canta muy bien, tiene buena vis cómica y actúa con verdadera gracia, sin recurrir a extremos. Por último, en el capítulo vocal no se puede olvidar a Luis Alvarez,  que puso su saber actuar y su veteranía al servicio de su personaje. Una versión bastante interesante con unos coros afinados, compactos y muy convincentes a lo largo de toda la noche. Y una orquesta que sonó francamente bien, muy acertadamente conducida por Martín Baeza-Rubio.  El montaje escénico no nos llamó demasiado la atención aunque siempre estuvo en un plano de dignidad.

José Antonio Lacárcel

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