La Gioconda. Ponchielli. Berlin

268

La-Gioconda2-Ponchielli-Berlin

Deutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La-gioconda1-Ponchielli.-Berlin

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa,ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy  atractiva y decuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

La-Gioconda3-Ponchielli-Berlin

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

La-Gioconda5-Ponchielli-Berlin

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

La-Gioconda7-Poncjielli.-Berlin

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

La-Gioconda4-Ponchielli-Berlin

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

La-Gioconda6-Ponchielli-Berlin

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. Irurzun

Deutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa, ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy atractivo y adecuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. IrurzunDeutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa, ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy atractivo y adecuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. IrurzunDeutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa, ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy atractivo y adecuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. IrurzunDeutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa, ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy atractivo y adecuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. IrurzunDeutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa, ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy atractivo y adecuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. IrurzunDeutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa, ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy atractivo y adecuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. IrurzunDeutsche Oper de Berlín. 26 Enero 2014.

No es La Gioconda una ópera que se represente mucho en estos tiempos y no faltan razones para ello. En primer lugar, la calidad musical no es extraordinaria, aunque tiene páginas inspiradas. En segundo lugar, la trama resulta verdaderamente truculenta y muy poco creíble. Finalmente, las exigencias vocales son importantes y hacen falta nada menos que 6 cantantes importantes en el reparto. No había vuelto a ver esta ópera desde el año 2008, cuando la puso en escena el Teatro Real en la elegante producción de Pierluigi Pizzi, que se pudo ver también en el Liceu de Barcelona. La verdad es que la representación se me ha hecho tediosa y, sobre todo, muy larga, como luego explicaré.

La producción ofrecida por la Deutsche Oper lleva la firma del desaparecido Filippo Sanjust y fue estrenada en el año 1974, siendo ésta la representación numero 53 de la producción, lo que pone a las claras el poco éxito del título en Berlín, que se repone escasamente. Estamos, como en el caso de Tosca sobre la que escribí hace unos días, es decir ante una producción realista, con escenografía brillante y pesada, de las que ahora no se estilan. Es de esas producciones que, cuando se abre el telón, el público aplaude, como suele ser habitual en el Metropolitan de Nueva York, y que yo no recordaba haberlo experimentado en Berlín. La mencionada escenografía es obra del mismo Filippo Sanjust y tiene el gran inconveniente de necesitar tres intermedios y de larga duración, ya que parece ser muy complicado realizar los cambios de escena. El inconveniente no es poca cosa, ya que casi se está tanto tiempo escuchando como descansando y eso alarga indebidamente la función. El vestuario se debe al propio Filippo Sanjust y resulta muy atractivo y adecuado al ambiente veneciano de la ópera. La iluminación deja que desear.

Poco cabe hablar de la dirección escénica, ya que nada hay que resaltar. El coro es siempre estático y los solistas están más o menos abandonados a su suerte o a sus habilidades personales. Por supuesto, no falta el ballet de la Danza de las Horas, seguramente lo más conocido de la ópera.

La dirección musical estuvo en manos de Jesús López Cobos, muy apreciado en este teatro, del que fuera director musical en el pasado y durante un largo período de tiempo. Su lectura ha sido buena, muy en su línea de tener todo muy controlado y obteniendo un excelente resultado de la Orquesta de la Deutscheoper. Cuidó mucho a los cantantes en escena, que nunca fueron cubiertos por el sonido del foso. A destacar, como siempre, la actuación del estupendo Coro de la Deutsche Oper.

No es fácil reunir un reparto adecuado para esta ópera y en Berlín se ha conseguido sobre el papel, aunque el resultado no haya sido extraordinario. Lo mejor del reparto fue la soprano china Hui He en el personaje protagonista de La Gioconda. Es éste un personaje que requiere una soprano dramática, sobre todo en el cuarto acto y la china lo hizo francamente bien. La voz es atractiva, tiene amplitud suficiente y se desenvuelve bien en escena. Resolvió con suficiencia la muy exigente aria del Suicidio, para la que hacen falta unos graves muy importantes.

Marcelo Álvarez dio vida a Enzo Grimaldo y de su actuación destacaré por encima de todo su bellísimo timbre, que sigue siendo uno de los más atractivos en el panorama actual. En su actuación hubo más tintes efectistas que otra cosa, especialmente en la famosa aria Celo è mar, en la que esperaba más del argentino.

La mezzo soprano americana Marianne Cornetti fue una adecuada Laura en términos vocales y un tanto desafortunada en escena. Si ya la trama de la ópera es poco creíble, todavía lo es menos una Laura con la figura de la americana, cuya presencia provocó la hilaridad de una parte del público en varias ocasiones.

Lado Ataneli nunca ha sido un cantante elegante ni buscando matices en sus interpretaciones. En esta ocasión su Barnaba resulto sonoro, basto, monótono y aburrido. Los vinos mejoran con el tiempo, pero no los cantantes. Ante Jerkunica fue un aceptable Alvise. Este cantante tiene dos voces muy distintas. Un centro sonoro y de calidad, bien trabajado por abajo, mientras que el registro alto resulta muy problemático y descolorido.

Dana Beth Miller encarnó a La Cieca y resolvió bien la papeleta, aunque no sea una autentica contralto, como pide la partitura. Los personajes secundarios fueron bien cubiertos. Eran Ben Wager, que doblaba como Zuane y Un Cantante, Noel Bouley como Timonel y Gideon Poppe como Isepo.

El teatro ofrecía una ocupación del alrededor del 85 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Hui He y Marcelo Álvarez, en este orden. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 36 minutos, incluyendo tres intermedios. Duración puramente musical de 2 y 38 minutos. No hace falta ser un experto matemático para darse cuenta que los descansos entre actos prácticamente llegaron a las 2 horas. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 124 euros, habiendo butacas de platea por 66 euros. La entrada más barata costaba 40 euros.

José M. Irurzun