La La Land: Vuelve la danza del musical de Hollywood

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Inicio de LA LA LAND con el genial número coreográfico ANOTHER DAY OF SUN. Foto: UNIVERSAL PICTURES SPAIN
Inicio de LA LA LAND con el genial número coreográfico ANOTHER DAY OF SUN. Foto: UNIVERSAL PICTURES SPAIN

En 1927, Tha Jazz Singer trajo el sonoro a la gran pantalla, pero fue The Broadway Melody, en 1929, la película que inició –y con grandes honores- el musical en el cine. Con este título anunciado por todo lo alto como “All Singing, All Talking, All Dancing!” se abrió la veda a cantar y bailar de verdad en el celuloide. Y, también, a que los coreógrafos y los bailarines se convirtiesen en reyes del medio durante tres décadas.

Desde entonces, ya nada fue lo mismo en Hollywood con el género que más le identifica. De eso dio buena prueba “Cantando bajo la lluvia”, ya saben, pues en el paso del mudo al sonoro se centra su argumento, su bella historia de amor, pero también, en perseguir los sueños, el tema central de La La Land.

La protagonista de Cantando bajo la lluvia junto a Gene Kelly y Donald O’Connor, Debbie Reynolds (hoy todos lloramos su repentino fallecimiento, sólo un día después que su hija Carrie Fisher), fue una inspiración los protagonistas de la película sensación del año, Ryan Gosling y Emma Stone, pues, como ella, los dos actores del musical de Damien Chazelle tuvieron que trabajar duro durante doce semanas con la música y la danza para interpretar a Mia y Sebastian, la aspirante a actriz y el músico de jazz de la cinta titulada en España La ciudad de las estrellas.

“Yo no era bailarina”, ha dejado escrito Reynolds en su libro de memorias Unsinkable, “y tuve que aprender en tres meses lo que Gene Kelly y Donald O’Connor habían estado haciendo durante años”. Si Kelly se mostraba reticente a que la joven de 19 años en contrato con la MGM fuera su pareja protagonista, el otro gran bailarín del cine de Hollywood, Fred Astaire, se convirtió en su talismán para despejarle dudas a la actriz en conseguir sus sueños. “No te vas a morir”, le dijo un día que entró al ensayo y se la encontró muerta de cansancio y llorando bajo el piano. “Así es como se aprende a bailar. Si no sudas, es que no lo estás haciendo bien”. Lo que siguió después, ya es parte de la Historia del Cine.

Emma Stone y Ryan Gosling en su dúo a lo Fred y Ginger. Foto: UNIVERSAL PICTURES SPAIN
Emma Stone y Ryan Gosling en su dúo a lo Fred y Ginger. Foto: UNIVERSAL PICTURES SPAIN

A diferencia de Stanley Donen, director del clásico, Damien Chazelle no ha pedido a Gosling y Stone convertirse en cantantes y bailarines en la línea de los grandes del musical americano; incluso ese toque de imperfección, al no ser especialistas, le venía bien a la humanidad de los personajes de La La Land. Pero el reto de bailar y cantar con afinación y soltura era su objetivo. Y lo han conseguido, contagiando a los espectadores con las danzas coreografiadas por Mandy Moore, nominada dos veces a los Emmy por su trabajo en So You Think You Can Dance y autora de los números bailados de éxitos como la serie Glee, y quien hizo bailar a Jennifer Lawrence y Bradley Cooper en El lado bueno de las cosas. Su coreógrafo favorito es Jerome Robbins (según ha declarado), el gran creador de West Side Story y El violinista en el tejado, co-director del New York City Ballet y autor de obras maestras de la danza académica como Dances at a Gathering o Fancy Free (que luego daría pie al musical Un día en Nueva York), .

La película escrita y dirigida por el jovencísimo Damien Chazelle -ha cumplido 32 años este 19 de enero- es todo un homenaje a los mágicos musicales de la Metro Goldwyn Mayer, a esa pareja divina que son Fred Astaire y Ginger Rodgers, también al dúo que formaron Astaire y Eleanor Powell, y a las historias de amor que se bailan y se cantan. Además, es evidente que su sangre francesa por parte de padre le ha posibilitado apreciar desde niño  el homenaje que hizo, en los años 60, el director galo Jacques Demy a los años gloriosos del género, con Los paraguas de Cherburgo y Las señoritas de Rochefort.

Universal Pictures Spain puede estar contenta porque La La Land ha arrancado en España como número uno en taquilla. El público español ha acudido en masa a ver esta reciente ganadora de siete Globos de Oro, marcando con ello un récord en la historia de los premios que entrega la asociación de prensa extranjera en Los Angeles. Además, ha conseguido 11 nominaciones a los Bafta británicos y el próximo 24 de enero veremos cuántas nominaciones a los Oscar recibe.

La La land cuenta con una cuidadísima fotografía,  presidida por el plano-secuencia, que fue lo que nos permitió ver siempre a Fred y Ginger en todo su esplendor. Recordemos que Astaire exigió ser filmado de cuerpo entero, en plano general y sin cortes, con su famosa sentencia “o baila la cámara o bailo yo”. Gene Kelly, posteriormente, no fue tan tajante y coreografió danzas estudiando los tipos de planos y el montaje con que debían verse.

Emma Stone y sus amigas en la coreografía estilo Bob Fosse y su película Sweet Charity. Foto: UNIVERSAL PICTURES SPAIN
Emma Stone y sus amigas en la coreografía estilo Bob Fosse y su película Sweet Charity. Foto: UNIVERSAL PICTURES SPAIN

Damien Chazelle es todo un coreógrafo de la imagen y, con el director de fotografía Linus Sandgren como aliado, ha colocado la cámara en la grúa para  sembrar la película de planos secuencia. Así, sigue a los protagonistas o a los bailarines sin cortes, tal y como obligó Fred Astaire a ser rodado desde los años 30. Su aprendizaje musical y su especialización con la batería (de ello dio buena cuenta en su primer título en la industria, la oscarizada Whiplash) convierten a Chazelle en un director con ritmo en su adn, elemento esencial en el cine, tanto para filmar, como para montar una película. Junto a él, el portento musical, Justin Hurwitz, que ha compuesto melodías “jazzy” al mejor estilo de los grandes musicales americanos, y acompañado de los letristas Benj Pasek y Justin Paul, contribuyen a hacer de La La Land un título que será también clásico.

El matrimonio de diseñadores de producción David Wasco y Sandy Reynolds-Wasco (Pulp Fiction, The Royal Tennenbaums, Reservoir Dogs) han sido estrechos colaboradores para extraer de una ciudad nada romántica, como es Los Angeles,  sus rincones “más parisinos” y convertir el mundo de Mia en una oda al Technicolor con los colores primarios protagonizándolo, como sucede en Cantando bajo la lluvia o The Band Wagon y en West Side Story, y en Sweet Charity, de Jerome Robbins/Robert Wise y Bob Fosse, respectivamente. 

De estos coreógrafos-directores de cine, Robbins y Fosse, hay subrayados homenajes de Chazelle y la coreógrafa Mandy Moore: el inicio del número musical de Mia y sus compañeras de piso nos recuerda, inevitablemente, al protagonizado por Shirley McLaine y sus amigas en el famoso There’s Gotta Be Something Better Than This, de Sweet Charity, y la parte de la fiesta tiene ese ralentí muy “Fosse”, también apreciado en esta película. Y como Bob Fosse creó esa coreografía en la azotea de There’s Gotta Be… en homenaje (y rendida admiración) al genial America de Robbins, en West Side Story, es innegable que ambos están en el germen de Someone in the Crowd, de La La Land. 

La secuencia musical final, el Epílogo, además de deudora del ballet de Un americano en París, guarda relación con el también ballet La melodía de Broadway, de Cantando bajo la lluvia, y en algunos momentos nos llega el recuerdo de Una cara con ángel, con Fred Astaire y Audrey Hepburn, y de los diseños de cartel de Midnight in Paris, de Woody Allen. 

Producida por Marc Platt, Jordan Horowitz, Fred Berger y Gary Gilbert, La La Land ha vuelto a hacernos soñar con el musical más clásico, en una historia moderna que alcanza todo el sentido de este adjetivo en su impactante final. Y, claro, salimos del cine bailando…

Cristina Marinero