La Llama, obra póstuma de Usandizaga. Grabación en versión de concierto

178
La Llama de Usandizaga
La Llama de Usandizaga

Cuando en el año 2015 se cumplió el centenario de la prematura muerte de José María Usandizaga, echamos en falta programaciones adecuadas en todo el territorio español, que conmemorasen el centenario de uno de los más grandes valores de la música nacidos en la Península Ibérica. Solamente en su Euskadi natal tuvieron lugar acontecimientos artísticos de una entidad y de una calidad que resultaran dignos para la conmemoración del triste acontecimiento.

Entre estos hechos artísticos merece la pena que destaquemos la revisión de la última ópera del maestro donostiarra, La Llama, revisión que después fue grabada durante el transcurso de un homenaje que la Orquesta Sinfónica de Euskadi rindió a su ilustre paisano. Así la grabación que nos ocupa tiene varios puntos de gran interés: se graba en una actuación en directo, se ofrece una obra muy poco o nada conocida por el público y que sin embargo, encierra, atesora unos valores musicales indudables. Y se hace de una actuación en vivo, en directo, con lo que tiene esto de valor añadido por la espontaneidad, sin tener que pasar los infinitos filtros de las grabaciones de estudio, que muchas veces adulteran y no poco lo que ha sido la interpretación.

La deuda perenne que tenemos con el gran Usandizaga se ha visto notablemente resarcida cuando en esta temporada, el Teatro de la Zarzuela nos ha ofrecido una espléndida versión de su obra maestra Las Golondrinas que, junto a Mendi Mendiyan y Las Llama, constituye la gran trilogía lírica del compositor vasco. No vamos a caer en la tentación de hacer comparaciones entre estas obras. Si Mendi Mendiyan es una obra esencial y fundamentalmente vasca, Las Golondrinas tiene un carácter más universal y, por último La Llama es algo así como un extraño poema oriental que hace un tanto confusa su ubicación argumental. Pero la música es algo vivo y palpitante, que supera ampliamente un libreto firmado también por losMartínez Sierra, tal y como ocurre con Las Golondrinas, pero sin la intensidad dramática ni la vena verista que caracterizan a esta obra. Antes al contrario el libreto nos parece un tanto pobre, con algunas situaciones muy forzadas y estos aspectos se salvan por el indudable talento del compositor. La acción de La llama se sitúa en tierras orientales próximas a Europa, con alusiones a las guerras con los turcos y, en medio de todo ello, surgen dos historias de amor con un mismo protagonista-Adrián- que consigue despertar el amor apasionado de dos mujeres- Tamar y Aisa-triángulo amoroso que acaba en tragedia.

Pero frente a las deficiencias del libreto que ha sido adaptado y bien revisado por Manuel Cabrera, nos encontramos con una música de una gran calidad, de un nivel muy alto como cabe esperar de un talento y de una personalidad musical tan fuerte como la de Usandizaga, personalidad que se hace patente, pese a la frustración que nos produce su temprana muerte, pues apenas llega a los 28 años. Cabe entonces preguntarse ¿de qué hubiera sido capaz este autor si hubiera tenido un cilo vital normal? Si a pesar de su temprana muerte fue capaz de dejar un legado musical a la posteridad de tal calidad, es lógico pensar que hubiera alcanzado unos niveles difícilmente comparables dentro de nuestro panorama de la música escénica.

Llama la atención que la obra que nos ocupa tiene, como es normal en este autor, un tratamiento orquestal verdaderamente excepcional. Las influencias del impresionismo, la influencia del verismo, la devoción hacia Puccini, todo ello confluye en la forma de tratar la orquesta. Especialmente brillante, con una técnica que llama poderosamente la atención, cuidando el equilibrio entre las familias instrumentales, con un dominio- además- de la técnica de la composición, consiguiendo una fluidez de ideas que se traducen en una excelente utilización de todos los medios para conseguir una obra que bien puede calificarse de importante.

La partitura que completó el hermano del compositor, el también músico Ramón de Usandizaga, ha sido revisada con acierto, con una gran seriedad y con brillantez por el director de orquesta Juan José Ocón que también ha asumido el reto de dirigir esta versión de concierto que ahora comentamos una vez plasmada en un doble compacto. El propio Ocón ha señalado que su labor ha consistido en seleccionar los comentos más significativos de la creación de Usandizaga. El director se refiere también a lo espléndida que resulta la orquestación y no vacila en señalar las influencias que antes hemos anotado: el conocimiento de la armonía francesa y sobre todo la influencia de Puccini en el tratamiento dramático y en la riqueza de la melodía. Nosotros pensamos asimismo que la forma de escribir para los momentos corales alcanza una especial brillantez y no solamente eso, sino que sabe el autor tratar a las voces de forma admirable. Escuchando esta versión, y sin tener a mano la partitura, es de destacar la enorme riqueza contrapuntística que la obra presenta.

Y es hora de felilcitar a Ocón, a quien ha revisado el libreto, Manuel Cabrera, y por supuesto a todos los cantantes, al coro y a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, por el enorme trabajo que han llevado a cabo y que nos permite degustar esta importante obra póstuma del gran Usandizaga. La orquesta ha brillado a gran altura, siendo dirigida de forma irreprochable por el tantas veces citado en este comentario, Juan José Ocón, obteniendo todo el rico caudal musical que la obra ofrece. Junto a la orquesta es justo destacar la labor irreprochable de la Coral Andra Mari junto con su director José Manuel Tife.

En cuanto a los cantantes buen e intensa la labor de la soprano Sabina Puértolas en el difícil y lucido papel de la protagonista. Tiene un registro agudo muy limpio y brillante, la voz media posee la suficiente calidez y se desenvuelve con sultura en todos los registros. Junto a ella Mikeldi Atxalandabaso es un tenor de línea lírica, con voz de elegante factura, con unos agudos muy limpios y poderosos. Su labor es encomiable en todo momento dando vida a un personaje atormentado, siempre amante y lleno de matices como es el del protagonista masculino. Hay que destacar por la intensidad de su canto, por la belleza de su voz, por su dramatismo a la mezzosoprano Maite Maruri convincente en todo momento y que logra transmitir toda la sensibilidad, la pasión y el dramatismo de su personaje. Junto a ellos un elenco muy equilibrado y con buenas voces, Damián del Castillo, Miren Urbieta Vega, Elena Barbé, Fernando Latorre y Xabier Anduaga.

En definitiva, un gran acierto de la Orquesta de Euskadi y una interesante aproximación a ese gran músico que es Jose María Usandizaga.

José Antonio Lacárcel