La New York Philarmonic celebra la Navidad con un notable Mesías de Haendel

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New York Philarmonic
Foto: Chris Lee

La Navidad en Nueva York tiene sus tradiciones ineludibles: desde el mercadillo de Bryant Park al árbol gigante de Rockefeler Center y su pista de patinaje sobre hielo, a las Rockettes del Radio City Hall o el Cascanueces del Tchaikovsky en el Ballet de Nueva York.

Tampoco puede faltar la representación de El Mesías de Haendel, que este año llega servida por la New York Philarmonic con el coro Westminster Symphonic de la Rider University de Nueva Jersey, Lauren Snouffer (soprano), Anthony Roth Costanzo (contratenor), Andrew Staples (tenor) y Neal Davies (bajo-barítono), todos ellos bajo la dirección al clave de Jonathan Cohen.

Los que asistimos al concierto del pasado martes en el auditorio David Geffen del Lincoln Center pudimos disfrutar de una versión del oratorio servida con gusto y delicadeza. Jonathan Cohen estuvo ortodoxo pero sensible, acaso más inspirado en la primera parte de la obra que en las dos siguientes, a todas luces más conservadoras.

Los músicos de la New York Philarmonic no encontraron problemas para servir la partitura con calidad y en estilo, muy atentos a las indicaciones de un Cohen más proactivo al clave que en la dirección. El joven coro Westmister, preparado por su director Joe Miller, lució sus mejores recursos en una obra que domina. Sobresalieron las secciones femeninas y los barítonos, de línea especialmente dulce y luminosa, si bien todos los coristas se emplearon con fortuna en las muchas intervenciones del coro. De ellos es gran parte del éxito de este notable Mesías. Además del consabido Aleluya, que cantaron con la emoción y la solemnidad que marcaba la ocasión, hay que destacar el comedido pero bello For unto us a child is born y el espléndido All we like sheep have gone astray, con las cuerdas de la New York Philarmonic muy atentas al contrapunto.

Foto: Chris Lee

La voz de la soprano americana Lauren Snouffer destaca por su nobleza. Además de belleza tímbrica, con un registro medio carnoso y un agudo brillante, el instrumento de Snouffer tiene la frescura necesaria para desarrollar con libertad las agilidades sin comprometer la integridad de la emisión ni adelgazar la línea. Snouffer no se esconde y completa cada trino, entonando con un vibrato estudiado y musical. En este Mesías, su intervención fue más discreta en los recitativos que en las arias, donde emocionó con una propuesta ensoñadora y vital, muy humana. Ya tuvimos ocasión de elogiar su buen hacer en Opera World, al relatar su Pamina de La Flauta Mágica o su Condesa en Le Comte Ory de la Ópera de Seattle hace dos temporadas.

El contratenor Anthony Roth Constanzo, de timbre aflautado y tirante, se empleó a fondo en su parte y completó unas intervenciones de mérito gracias a un canto elegíaco y su distinguido legato. Su instrumento no es de grandes dimensiones pero la técnica, los apoyos y la proyección adecuados le permiten sobreponerse a coro y orquesta. Es en la media voz donde Constanzo ofrece sus frutos más sabrosos, como en el aria He was despised, verdaderamente emocionante.

El tenor inglés Andrew Staples tiene la voz idónea para el Mesias de Haendel. Timbre ligero y metálico, línea estilizada, buenas proyección y dicción aunque no especialmente preciso en las agilidades, fue una delicia escucharlo en los recitativos, como en el Comfort ye my people que abre la obra.

El bajo-barítono británico Neal Davies aportó la experiencia y la musicalidad necesarias para servir partes delicadas como las arias The people that walked in darkness o The trumpet shall sound. Su conocimiento de la partitura, junto con un canto idiomático y expresivo, fueron claves para su buena interpretación.

La Navidad solivianta el apetito por este tipo de obras maestras, que parecen sonar más inspiradoras con el paso de los siglos. Con versiones como las que ofrece estos días la New York Philarmonic, la tradición de El Mesías en Nueva York tiene el futuro asegurado.

CARLOS JAVIER LOPEZ