La noche cuando sufrió el Teatro Colón

96
La noche cuando sufrió el Teatro Colón
La noche cuando sufrió el Teatro Colón. Foto: Arnaldo Colombaroli

En estos días pasados hemos podido leer algunas noticias sobre una ”gran gala” realizada en nuestro Teatro Colón. Es la sala de ópera por excelencia de Argentina. En Buenos Aires perdura por otra parte, el teatro Avenida en el cual grupos serios de cantantes y músicos llevan a cabo temporadas dignísimas. El Colón y el Avenida unidos al Teatro Argentino de La Plata, mantienen un alto nivel artístico. En las provincias hay salas buenas pero que no alcanzan a llevar adelante programas continuados.

El Teatro Colón posee un elenco estable de cantantes y bailarines, con coro de adultos y de niños y una orquesta propia. El edificio de 1908 ha sido objeto de muchas obras últimamente y alberga también sus talleres propios. La temporada de ópera y ballet se desarrolla en otoño, invierno y primavera. También la sala recibe, a lo largo del año a innumerables artistas y orquestas en conciertos propios o de entidades privadas.

Con gran sorpresa los medios de comunicación anunciaron la realización de una gran gala a cargo de los denominados “embajadores” de la música de América del Sur. Fueron mencionados intérpretes y estrellas nacionales e internacionales para una “noche a pura música”.

Jonas Kaufmann, el gran tenor de nuestro tiempo, ha dicho que espera con ansiedad su presentación en el Teatro Colón de Buenos Aires porque sabe de su espléndida acústica. No lo defraudará porque cantará a “viva voce” y llegará con su estilo propio hasta el último rincón del teatro. Hay detalles que no olvido. Una vez, Helena Arizmendi, en su Don Pasquale y sin quererlo, arrastró “il biglieto d’amore” con su vestido largo. El roce del papel con el piso se expandió asombrosamente por toda la sala. También hemos podido escuchar hasta los suspiros más íntimos que salían del escenario. Cómo será la acústica que hasta intimidó a una soprano europea. Canceló un concierto programado y viajó de inmediato a su país.

Vuelvo al Colón. Allí tuvo lugar “la gala”. El mismo teatro se adelantó y expresó que la misma no formaba parte de su temporada –lo único que faltaba- y que se había cedido o alquilado la sala, “just for the occasion”, como gustan decir los ingleses. Sea como fuere, los intérpretes de aquella noche no se presentaron “sombrero en mano” como dice la popular canción. Lo hicieron con “micrófono en mano”. Un poco de apaño hubiese bastado   para esconder los diabólicos aparatos en el momento de las fotografías y los videos.

El director artístico del Teatro Colón había expresado, no hace mucho tiempo, que no entendía por qué los artistas populares “no cantaban acústico”. No es quizás una expresión musicalmente correcta. Lo cierto es que unas señoras y unos señores se animaron a cantar en la sala. He escuchado la grabación y sentí pena. Pensé enseguida: ¡Cuánto sufrió el Colón! Con amplificación y a pleno grito, los “embajadores” habrán pensado que superaban a Lily Pons o a Gigli. Los aplausos y “bravos” de un público poco entendido me hicieron, además, sufrir mucho.

Los “embajadores”, las estrellas nacionales e internacionales de América del Sur que pasaron por nuestro Teatro Colón, no estuvieron en el sitio que les corresponde. A lo mejor una plaza o un estadio hubiesen sido el mejor lugar para la gala.

Roberto Sebastián Cava