La noche mágica de Pedro Lavirgen

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Pedro Lavirgen
Pedro Lavirgen

La Fundación Excelentia, que cumple su 10 aniversario, ha querido rendir un homenaje al célebre tenor Pedro Lavirgen, orgullo y gloria nacional de la lírica, con un concierto de ópera y zarzuela que ha supuesto asimismo la V edición de los Premios Excelentia a la Cultura bajo la presidencia de honor de Su Majestad la Reina emérita Doña Sofía, presente en esta cita. El legendario tenor cordobés, galardonado con el premio en la categoría de trayectoria profesional, recibió el reconocimiento con enorme agradecimiento, y en unas breves palabras quiso dedicarlo a la memoria de su difunta esposa, Paquita, que, como aseguró, tuvo siempre una fe inquebrantable en sus capacidades artísticas. Tras la entrega de los premios y antes de dar comienzo al concierto, Antonio Vázquez, presidente del grupo IAG (International Airlines Group) y uno de los solistas vocales, glosó la figura del tenor, al que reconoció su arte, además de destacar su gratitud, entrega y generosidad, y leyó al público un mensaje de Plácido Domingo que había recibido en su teléfono móvil, en el que el cantante madrileño lamentaba no poder estar presente en el Auditorio Nacional de Música para homenajear a Lavirgen por estar llegando de Dresde de cantar Nabucco para dar al día siguiente un concierto de música sacra en la Catedral de la Almudena de Madrid con motivo del Año Jubilar Mariano, al tiempo que reconocía la carrera de su colega y confesaba que su mujer Marta no olvidaba su mítica actuación en la ópera Turandot.

Un instante muy emotivo que sirvió de prólogo al concierto, conformado por populares páginas de lírica junto a otras menos divulgadas, pero donde la ópera primó más sobre la zarzuela, participando como solistas cuatro tenores, dos sopranos y un bajo. La Orquesta Clásica Santa Cecilia bajo la dirección del reputado maestro catalán Miquel Ortega abrió fuego con la obertura de La italiana en Argel de Rossini, que evidenció una formación flexible y maleable, como durante toda la velada, a las órdenes de una batuta siempre detallista y atenta al contraste entre dinámicas. Bien es cierto que, pese a extraer un magnífico rendimiento de la orquesta durante toda la velada (como atestiguaba la experta conducción de ese intermedio de La boda de Luis Alonso), una consecuencia del estrecho trabajo llevado a cabo con la joven pero consolidada formación que llega ya a su 17º cumpleaños, el maestro Ortega en su concierto nº 1000 se dejó llevar por el entusiasmo orquestal en ciertas ocasiones.

Tras la obertura rossiniana, siguieron las páginas belcantistas en una noche plagada de títulos italianos, como la ópera bufa L’elisir d’amore de Donizetti, cuyo primer dúo de los dos ofrecidos, “Caro elisir, sei mio”, convocó al tenor José Luis Sola y a la soprano Gema Scabal, demostrando él la teatralidad y belleza canora que le caracterizan y ella bastante musicalidad en una atractiva voz que corre fresca y ligera. De esta misma obra la misma soprano y el bajo Simón Orfila ofrecieron el dúo de Adina y Dulcamara “Quanto amore! Ed io, spietata”, donde el menorquín respondía con ese grado de comicidad del más puro bajo bufo, que contrastaba con la sobresaliente versión que brindó antes del descanso del aria de Silva “Che mai vegg’io?” del Ernani de Verdi, toda una exhibición de medios vocales, volumen y nobleza de canto en un repertorio que se adecua cómodamente a sus características vocales. Igualmente sensacional en timbre e interpretación fue su colofón del concierto, con la romanza de Simpson, “Despierta, negro”, de La tabernera del puerto. Sus dos participaciones fueron justamente de lo más aplaudido de toda la noche.

La soprano Gema Scabal y el tenor José Luis Sola

Continuando con los tenores, Antonio Vázquez privilegió más el énfasis y la proyección vocal que el más puro refinamiento en un aria tan dada a ello como “La mia letizia infondere” de I lombardi; Enrique Ferrer defendió sin dificultad aunque sin demasiada variedad expresiva su declamatorio “Improvviso” de Andrea Chénier de Giordano, mientras que la voz de Ángel Cortés se percibió demasiado ligera para una página tan lírica como el aria del Duca “Parmi veder le lagrime” de Rigoletto, pese a las buenas intenciones del cantante. José Luis Sola tuvo aún oportunidad de lucirse en la romanza “Por el humo se sabe” de Doña Francisquita, inyectando sentimiento y entrega a la página, que traía trabajadísima de sus últimas funciones en el Teatro de la Zarzuela.

En el apartado femenino, Gema Scabal colocó los agudos con facilidad en el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica, pese a alguna nota no muy bien trabada, mientras que la también soprano María Ruiz, con una voz de medios más líricos pero no plenamente domeñados, interpretó dos páginas de especial dramatismo, que sirvieron para que resaltase su registro grave: el aria de Leonora “Pace, pace mio Dio” de La forza del destino y el “Vissi d’arte” de la Tosca pucciniana. Como propina, y anunciado por el maestro de ceremonias en que se había convertido Antonio Vázquez, los siete solistas interpretaron el apasionado aria “Dein ist mein ganzes Herz” de la opereta El país de la sonrisa de Franz Lehar, una página que, según manifestó, entusiasmaba especialmente a Don Pedro, que, a requerimiento de los solistas, volvió a salir al escenario a agradecer esta noche mágica de la Ópera y la Zarzuela, como así era anunciada, que, tal y como demostró, le complació grandemente. Todo un merecido homenaje y reconocimiento a su gloriosa carrera artística que, a sus muy bien llevados 88 años, debió de hacerle francamente feliz.

Además de a Pedro Lavirgen, la Fundación Excelentia ha reconocido la labor del proyecto social “Sinfonía por el Perú”, avalado por el tenor Juan Diego Flórez, “Músicos por la salud”, A+Música, Fundación Ibercaja, Fundación Telefónica, la Compañía Nacional de Danza y el jovencísimo pianista israelí Yoav Levanon, que con tan sólo 14 años dio una pequeña muestra de su talento exhibiendo su dominio de la técnica virtuosa en una versión, plagada de destellos de gran madurez, de “La Campanella” de Franz Liszt. Noche inolvidable y repleta de experiencias emocionantes las que deparó esta gala lírica.

Germán García Tomás