La ópera española

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Durante demasiado tiempo se ha creído que no existía opera española, que nuestros “escasos” compositores se habían dedicado a otros menesteres compositivos y que, mientras el siglo XIX  producía un corpus operístico inmenso y de calidad, aquí no se hacía nada que tuviera que ver con el arte lírico.

La vida Breve de Manuel de Falla y la transformación de Marina de Arrieta en ópera fueron los dos únicos títulos que eran reconocidos como tales del repertorio español. Pero el esfuerzo de unos cuantos estudiosos e investigadores nos descubrió que la herencia operística española es muy amplia e importante, y su desconocimiento se debe al olvido, a la falta de interés y, no se puede negar, a la moda y éxito de las composiciones de los autores italianos del siglo XIX. Este prejuicio sobre la inexistencia de ópera española, entendida esta no como ópera nacionalista, como ocurrió en otros países europeos, sino aquella compuesta por autores españoles, perdura aún en los momentos actuales y en personalidades cultas que sostienen que la ópera en España no existió. El profesor Emilio Casares, Director del Instituto de Ciencias Musicales (ICMU) dependiente de la Universidad Complutense de Madrid  afirma que “la creación operística española constituye uno de los legados más importantes de nuestra música” declaró hace poco. El éxito de la zarzuela que gozaba del favor burgués y que la financiaba, dejó apartadas las composiciones operísticas. En épocas más recientes y precisamente, por impulso del ICMU se han podido dar a conocer títulos de gran importancia como Los amantes de Teruel de Bretón, presentada en el Teatro de la Zarzuela hace ya unos años y que posteriormente giró por varias ciudades españolas; Margarita la tornera de Chapí, presentada en el Real o las subsiguientes, La Dolores también de Bretón, una ópera de impresionante música aunque el texto pueda ser infumable –como ocurre con una enorme cantidad de títulos de todo el catalogo operístico mundial- o Celos aún del aire matan de Juan de Hidalgo.

El Teatro Real de Madrid inicia en la época de su director artístico Emilio Sagi una
serie de recuperaciones como Ildegonda y La conquista de Granada ambas de Arrieta, y posteriormente Elena y Constantino de Carnicer, todas en versión de concierto. La primera supuso un gran éxito.   También en este coliseo madrileño se pudo ver Merlín de Roberto Gerard en una producción bellísima, y del mismo compositor se escuchó en Las Palmas de Gran Canaria, Henry Clifford. El Liceo de Barcelona ha presentado Una voz en off, Babel 46 y El gato con botas, todas de Montsalvatge y que han paseado por muchos teatros y países. Caso aparte es el compositor valenciano Martín y Soler, contemporáneo de Mozart y del que se dice que era muy apreciado por el compositor Salzburgués quien lo cita en un fragmento del acto final de su ópera Don Giovanni. Muchas cosas inexactas se han dicho y escrito de este compositor valenciano, muy bien considerado en Europa y compositor favorito de Catalina de Rusia, especialmente en sus obras para ballet. En los últimos años se ha podido recuperar una gran parte de sus ópera, Una cosa rara, Il burbero di buon cuore, La capricciosa corretta, L´isola del piacere, La festa del villaggio, etc.

Otras muchas son las ópera que pueblan el catalogo lírico español y de las que daremos cuenta en próximos artículos con especial referencia a los estrenos del siglo XX y XXI.

Francisco García-Rosado