La ópera Kein Licht abre la temporada de la Opéra national du Rhin en Estrasburgo

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Kein Licht. Foto: ONR.
Kein Licht. Foto: ONR.

Interesantísimo experimento agitador de conciencias concebido por Philippe Manoury, la nueva ópera Kein Licht llega a Estrasburgo (Opéra National du Rhin), si es que podemos llamarla ópera.

Es difícil calificar a Kein Licht, la nueva creación de Philippe Manoury y Nicolas Stemann, como ópera. Y no me refiero a que no se ajuste a los cánones clásicos, sino a que gran parte del libreto se declama, no se canta, como si de una obra de teatro se tratase. La atrevida puesta en escena, la dura crítica contra la sociedad de consumo y la integración en el espectáculo de nuevas tecnologías hacen de Kein Licht una propuesta interesantísima para inaugurar esta temporada en la Opéra national du Rhin (OnR).

El afán de innovar se hace presente desde el primer instante: en un escenario sin telón con algunas cubetas repletas de lo que parece ser un líquido radiactivo aparece un perrito. Sus gemidos son lo único que se escucha. Al poco, unas letras proyectadas nos explican el contexto de la obra. Nos cuentan sobre una pieza musical acerca de una catástrofe, Sin luz, cuya representación tiene lugar en Tokio al mismo tiempo que el tsunami que provocó el desastre nuclear de Fukushima. Dos personajes, llamados A y B, comienzan a contarnos sobre la catástrofe, sobre la asombrosa coincidencia, sobre nuestra dependencia de la energía eléctrica. Hombre y mujer, no cantan, sólo hablan. No sabemos muy bien si son músicos, víctimas de la catástrofe, profetas apocalípticos o incluso partículas elementales. Su discurso, repleto de matices y entonaciones diversas, a veces en verso y a veces en prosa, nos acompañará durante toda la obra, la mayor parte del tiempo en alemán pero también en francés. El discurso se intercalará con imágenes, sonido y canto, éste último a cargo de un siniestro cuarteto de personajes.

Bienvenidos al Thinkspiel. El propio Manoury sale a escena a explicarnos el concepto, acuñado por él mismo, al final de la primera parte. Su idea remite al clásico Singspiel alemán, y define un espectáculo de ópera en el que la palabra enunciada se mezcla con la cantada y adquiere su propio peso como elemento musical. Para Manoury el habla, vista como una sucesión de sonidos, puede tener la misma consideración de música que el canto. La diferencia recae sólo en una cuestión de orden: en el canto las inflexiones y la entonación se escogen para que acompañen a la música, mientras que en el habla son un producto directo de la expresión humana y tienen una aparencia caótica.

En el Thinkspiel hay también experimentación con las nuevas tecnologías. Algunos recursos, como la proyección en directo de los video selfies que graban A y B mientras la escena se inunda, son ya bien conocidos en el teatro contemporáneo (véase la magnífica Je suis Fassbinder, que vuelve al Théatre National de Strasbourg este otoño). Otros son más novedosos, como el uso de tecnologías de realidad virtual. En la tercera parte, una chica equipada como un cyborg sale a escena casi inadvertida. Al mismo tiempo, en el fondo se proyectan imágenes que parecen sacadas de un videojuego de estrategia: un globo terráqueo va llenándose de maquetas de ciudades, chimeneas que echan humo, cabezas nucleares, la cara de Kim Jong-un… hasta que nos damos cuenta de que es la propia chica-cyborg que improvisa todo el montaje, agitando las manos en el aire gracias a los milagros de la realidad aumentada.

Kein Licht. Foto: ONR.
Kein Licht. Foto: ONR.

Pero Manoury lleva aún más lejos su propuesta. Buena parte de la música que se oye durante la representación está compuesta por un ordenador, en directo. Más que un anecdótico experimento conceptual, esta idea entronca directamente con la temática de la obra: la máquina combinará notas de forma aleatoria mientras disponga de electricidad, ajena no sólo a lo que ocurre a los personajes sino a la humanidad en su conjunto. En el texto de Kein Licht, construido a partir de una pieza de teatro de la premio Nobel austriaca Elfriede Jelinek, Fukushima es sólo la excusa para poner en cuestión nuestra sociedad de consumo, dependiente de los recursos naturales pero irresponsable en su preservación. Lejos de la crítica directa y la propuesta de soluciones, Kein Licht sólo enuncia y expone. La realidad es compleja y se resiste al frío análisis. El Thinkspiel lo que pretende es mostrar las contradicciones que nos rodean e invitar a la reflexión, como la primera mitad del vocablo indica. El sentimiento de culpa ya lo pone el espectador de su bolsillo.

No toda la música es electrónica en Kein Licht. Una pequeña orquesta se sitúa al fondo del escenario, mirando hacia el lateral. Destacan los dos violines solistas, que intervienen varias veces en escena, y el estremecedor solo de trompeta del inicio. Pero en general la música es más un vehículo para acompañar las palabras de A y B que algo para ser apreciado individualmente. El aspecto teatral y vocal se impone con mucho a la música. La interpretación de Caroline Peters y Niels Bormann, en los papeles de A y B, es magnífica. Los cuatro cantantes imbrican sus voces con las de los dos protagonistas, a veces cortando un poco el discurso. Son sobrecogedores los momentos en los que cantan al unísono, como espectros resucitados por nuestra mala conciencia.

No se puede evaluar a Kein Licht como si de una ópera corriente se tratase. Es más bien una pieza de arte conceptual contemporáneo, un elemento para agitar las conciencias. No siempre bella ni bien rematada, no parece concebida para trascender más allá de esta época que nos toca vivir. Ni siquiera más allá de las fronteras francesas, a pesar de estar en alemán. O al menos no sin modificaciones, ya que el texto está plagado de guiños al público francés y a su uso de la energía nuclear. El objetivo del Thinkspiel parece ser el aquí y ahora, el concienciar no sólo sobre los problemas del mundo y nuestro comportamiento hacia ellos sino también sobre las posibilidades inexploradas del arte. Queda ver si Manoury continuará desarrollando este recién creado género o saltará a otra cosa en su constante búsqueda de lo nuevo.

Julio Navarro