La orquesta y el coro de Valencia subliman «Les hores» de Matilde Salvador

La orquesta y el coro de Valencia subliman «Les hores» de Matilde Salvador
La orquesta y el coro de Valencia subliman «Les hores» de Matilde Salvador

El concierto institucional del Nueve de Octubre que se llevó a cabo en el Palau de la Música de València y en el Auditorio de Castelló, tuvo un carácter de homenaje a la compositora Matilde Salvador con motivo de la celebración de su centenario y la verdad es que ofreció un muy importante nivel para honrar la memoria de una autora singular muy representativa de la vanguardia de la música valenciana.

Manuel Galduf, volvió a ponerse al frente de la Orquesta de Valencia de la que fue inolvidable director y del coro del Palau de les Arts, para ofrecer un programa dedicado a la música valenciana en la primera parte y al gran clasicismo popular en la segunda.

La obra de Luis Sánchez, «Ecos de la Alhambra», (compañero del grupo «Los jóvenes» de Vicente Asencio, el marido de la homenajeada) está dentro de la línea del alhambrismo sinfónico de los Giner, Bretón, Chapí, Monasterio… y posee un romanticismo descriptivista que la batuta supo cuajar muy bien, acentuando las sugestivas melodías (sensoriales solos de violín, clarinete y cello) con sugerente relato, sin descender al «zarzueleo», en el que era muy fácil caer, sobre todo teniendo en cuenta la contemporaneidad con Serrano.

«Les hores», sobre textos de Espriu, es una cantata de Matilde Salvador que guarda ciertos paralelismos con «La Atlántida» de Falla. Su ambientalidad es sombría, con referentes de íntima tragedia, pero al tiempo presenta un conjunto de células musicales independientes de sorprendente variedad en sus acerbos postulados modales. Galduf que había interpretado esta partitura en varias ocasiones con la orquesta y el coro valencianos, supo sacar provecho de su experiencia, ofreciendo una versión ambiental, también de aciaga intensidad, estimando la acentuada plástica impresionista de los intervalos, ora melancólicos, ora trágicos y siempre arriesgados, contando con una orquesta dúctil, precisa y atmosférica y un coro, el que rige con sensibilidad espiritualizada el maestro Perales, inspirado, de emisión aérea, capaz de afinar las modulaciones más audaces, valorando la sugestión emocional de los conflictivos timbres. A destacar la presencia de José A. López que puso su robusta y opulenta voz baritonal, al servicio de una partitura compleja a la que extrajo enardecimiento, temple y drama.

La segunda parte estuvo dedicada a una obra llena contrastes: «Scheherazade». Galduf fue discípulo del histórico Igor Markevitch a quien se debe una de las mejores grabaciones (si no la mejor) de la partitura de Rimsky Korsakov, pero si bien asume el criterio sensorial y descriptivista de su maestro, se aleja de él en cuanto al pulso de los tiempos. Su lectura estuvo en la línea de una fascinación continua, a lo Maazel, extrayendo la poesía y la intensidad de todas y cada una de las frases de las cuatro narraciones. La batuta relató y dejó relatar a los músicos, siendo siempre inspirada en un matizado interpretar. Sirva de ejemplo el uso libre y pianísimo de la cuarta cuerda de los violines en el tema de amor de los príncipes.

Siempre he dicho que «Scheherazade» es, en verdad, un concierto para orquesta porque en su desarrollo solean todos los cabezas de cuerda de una sinfónica. La versión de la orquesta valenciana me dio la razón con un clarinete, oboe, flauta, trompa, cello, arpa… en estado de gracia, que con humana fantasía, transfiguraron todos y cada uno de los instantes del relato, pero singularmente hay que hablar de la concertino Anabel García del Castillo que logró, con su sonido de cristal, otorgar seducción constante al relato de Scheherazada y ello vale más en los juegos de dobles cuerdas del tercer y cuarto tiempo, en los que sustituyó el frenesí habitual por apasionada fascinación. No es extraño que en los últimos compases, su violín —como pide el argumento de la suite— deje embelesado perpetuamente al tiránico sultán con su hechizo.

Antonio Gascó