La reposición de Turandot abre la pretemporada de Les Arts

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Turandot ©Miguel Lorenzo y Mikel Ponce
Turandot © Miguel Lorenzo y Mikel Ponce

Siguiendo su buena iniciativa de iniciar el curso operístico con una pretemporada popular de conciertos y óperas el coliseo de Les Arts de Valencia ha ofrecido su espectacular producción de la última ópera del maestro de Lucca con un reparto estentóreo en volumen y un éxito igual de mayúsculo en asistencia de público y reacción. Destacar la dirección musical del director inglés Alpesh Chausan.

Tras los tristes acontecimientos de la última temporada con la renuncia de su anterior director artístico Davide Livermore por sus desavenencias con los poderes políticos (y que parece que está convirtiéndose en una fiebre como ha pasado en la última semana con la no renovación de la directora del coliseo barcelonés) eso no ha impedido que el gran pez lírico del Turia no haya abierto su temporada con una de las óperas más espectaculares de la historia, la que nos evoca esa historia de amor oriental entre una princesa sádica y un príncipe bravucón que antepone su masculinidad a sus lazos familiares dicho de una manera rápida y actual.

La producción de Les Arts es bastante realista del imaginario tradicional oriental según los clixes occidentales, si bien en esta ocasión bajo la inspiración de todo un equipo creativo escénico chino capitaneados por Chen Kaige como director de escena del cual ya hemos dado nuestra opinión en las ocasiones que se ha podido ver esta producción en otras temporadas por batutas como Mazel, Metha,…

El reparto de solistas si se tuviera que definir en dos palabras serían “voces grandes”. Esto que a priori para Puccini es un requisito imprescindible en la mayoría de sus partituras no obliga a un canto desmedido y exagerado en decibelios que es lo que pudimos observar en Les Arts la mayoría del tiempo con resultados musicales un tanto dudosos.

La eslovena Rebeka Lokar, sustituta en algunas funciones de la anunciada Jennifer Wilson, mostró una Turandot poderosa en “Di questa regia” pero que perdió fuelle en el dúo final, si bien a su favor hay que decir que ofreció un entusiasmo propio de una joven cantante que está en ascendente carrera y que aunque es un rol que ya ha cantado en teatros como el Reggio de Turín, tal vez es muy pronto para una soprano que necesita asentar más sus prestaciones vocales para que vayan más allá de un constante fortísimo.

El Calaf de Marco Berti adoleció del mismo vicio, demasiados decibelios y poca musicalidad a parte de una falta de expresividad escénica que parece que siempre le acompaña. A su favor una buena dicción aunque dejo al público con las ganas de un agudo final más largo en su “Nessum dorma” que cortó inexplicablemente muy pronto dejando al respetable sin opción de aplaudir esta hit de la ópera. 

El italiano Abramo Rosales reivindicó volumen por encima de musicalidad en un papel de carácter que requiere momentos diversos y que sólo apuntó en la muerte de Liu. 

Miren Urbieta-Vega fue donde la música se hizo un poco más presente con una línea de canto más depurada, un juego de dinámicas más rico y variado y un timbre que supo modular de la candidez de su primera aria a la pasión desbocada de la última siendo premiada con una de las ovaciones más grandes del final del espectáculo.

Turandot © Miguel Lorenzo y Mikel Ponce
Turandot © Miguel Lorenzo y Mikel Ponce

El trío Ping-Pang-Pong  (Damián del Castillo, Valentino Buzza, Pablo García) cumplió con la escena, que a veces resulta cursi en esta producción como el momento de los columpios, y musicalmente empastaron en los momentos más suaves a pesar de algún descontrol en los tempi.

Correctos aunque pobre de sonido el Altoum de Javier Agulló y el mandarín del miembro de Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo César Méndez. 

El Cor de la Generalitat en su línea de perfección y entrega a la que nos tiene acostumbrados.

Igual se puede decir de la Orquesta de la Comunidad Valenciana, brillante, si bien hubo algún fallo en los metales que en otros tiempos era inadmisible.

Acabamos esta crónica con la dirección musical del joven maestro inglés Alpesh Chauhan que tenía el difícil reto de c ompetir con versiones que han sonado en Les Arts y que todos recordamos bajo las batutas de Mazel y Metha.  Sería injusto juzgar por comparación por lo que diremos que su versión fue muy cuidada en muchos momentos como si de música sinfónica se tratara, cuidando la dinámica en comparación con lo que pasaba en el escenario, con planos diferenciados dejando escuchar detalles y temas musicales que normalmente pasan desapercibidos en ese magma inorgánico que a veces escuchamos en las ópera de gran formato de Puccini. Tendremos que estar pendientes de este joven director, tal vez no como director lírico, cuya carrera en el género es muy poco intensa, pero no así en el repertorio sinfónico donde está en pódiums cada vez más importantes.

Por último valorar el esfuerzo logístico y económico que Les Arts hace en acercar la ópera y la música en las actividades de Pre-Temporada y que tan buena respuesta ha tenido con esta Turandot con un aforo lleno y una respuesta de aplausos como nunca había escuchado en el teatro del Turia en estos años.

A veces los críticos valoramos cosas que el público no ve y no es un error ni en unos ni en otros, sino simplemente visiones y responsabilidades diferentes de la misma experiencia.

Que el entusiasmo del público acompañe una temporada llena de éxitos para Les Arts y su nuevo director artístico Jesús Iglesias.

Robert Benito