La Segunda Sinfonía de Mahler con David Afkham y la OCNE

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La Segunda Sinfonía de Mahler con David Afkham y la OCNE
David Afkham

Una vibrante versión de la Segunda Sinfonía de Mahler en el Auditorio Nacional, abre la era Afkham al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España

La Segunda Sinfonía de Mahler (1860-1911), la conocida como Resurrección, es un inmenso monumento de la música occidental. Un universo en sí misma con cinco “relucientes estrellas” (una por cada movimiento) y multitud de “planetas” en cada una de sus secciones internas. Y, sin embargo, todo permanece conectado íntimamente en un orden cósmico digno del mejor de los demiurgos.

No obstante, la Segunda Sinfonía de Mahler no es una obra sencilla para el gran público. “Si eso es música, yo no entiendo nada de música” llegó a pronunciar Hans von Bülow después de escuchar al piano en primicia el Totenfeir, el embrión sinfónico de lo que sería la Segunda Sinfonía de Mahler. Tampoco es fácil para los músicos que la interpretan, empezando por el encargado de dar forma a tan ingente cantidad de efectivos instrumentales y vocales. David Afkham, el jovencísimo director alemán que se presentaba –oficialmente– como director titular de la OCNE, se enfrentaba el pasado fin de semana (18, 19 y 20 de septiembre), a este verdadero “miura” musical.  Y salvó el trance con nota. Afkham por momentos estuvo brillante, sabiendo sacar a la orquesta un sonido rico en matices. Fue capaz de igualar todas las secciones de su instrumento sacando lo mejor de cada una de ellas. Mención especial en este sentido merecen las cuerdas en el cuarto movimiento, “Urlicht”, donde consiguió de ellas un bellísimo fade out, un logrado diminuendo justo antes de la explosión sonora del quinto. Correcto el coro en su intervención final, pese a algunas dudas en la afinación en el fragmento a capella con la soprano.

Kate Royal (soprano) y Christianne Stotijn (mezzosoprano) completaron el despliegue vocal de la Segunda Sinfonía de Mahler en la versión que ofreció la OCNE. Floja Stotijn en su intervención de “Urlicht” (“luz prístina”). Faltó, precisamente, luz y algo de nitidez en la voz de la holandesa. Royal estuvo más correcta pero sin grandes aspavientos.

Cuando se habla de la sinfonía Resurrección, automáticamente nos vienen a la cabeza ciertas connotaciones cristianas. Sin embargo, es interesante plantearnos de quién es la resurrección o de qué resurrección estamos hablando. El propio Mahler juega con los oyentes y no parece disipar la duda usando fragmentos de su irónico Lied “San Antonio de Padua predicando a los peces”. Bernstein habla de la Segunda Sinfonía como una “declaración del judaísmo de Mahler“. Theodor Adorno, por su parte, afirma que se trata de una “subversión ateísta”. Para nosotros, la elección de Afkham de la Segunda Sinfonía de Mahler para inaugurar esta etapa, responde a la intención de anunciar una nueva era. “¡Resucitarás, sí, resucitarás corazón mío, en un instante! llega a exclamar el coro en el apoteósico finale. Son las mismas palabras que dirige Afkham a su nueva orquesta que, obedientemente, ha empezado a abrir sus sepulcros.

ELB