La Tempestad en versión de concierto: una fecha a recordar

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La tempestad
Carlos Álvarez

Permítanme que empiece este comentario de una forma poco usual. Mateo es ahora un viejo pescador de tierra adentro que en un momento empieza a recordar algo insólito que pasó cuando era joven y trabajaba en una bodega de la que era dueño el viejo SimónMateo tiene ahora el pelo blanco y hay momentos en que piensa que la historia que va a contarnos podría muy bien ser una leyenda, podría no haber ocurrido, pero él está seguro de que sí ocurrió y que pasó de la forma en la que él va a contarla. A Mateo, más que maduro, le da voz y vida un formidable Juan Echanove. Mientras que al Mateo joven le da voz, vida y música, el tenor Carlos Cosías.

Puestas así las cosas, para esta versión en concierto de La Tempestad, de Ruperto Chapí, se ha contado con un guión literario, a mi juicio muy acertado y de precisa y preciosa prosa, debido a Alberto Conejero. Y será el entrañable personaje – pescador y mozo de bodega- quien nos irá contando la historia de una tempestad, una tempestad que embraveció al mar, oscureció el cielo y trajo zozobra, temor y angustia a muchas almas.

En la versión de concierto, el libreto de Ramos Carrión desaparece y se suple con la narración a la que hemos hecho menciòn antes. El libreto que tiene un indudable parentesco con la obra francesa de Erckmann y Chatrian, El Judío Polaco, está bien construído, con una versificación más que aceptable, pero el argumento se cae por lo inverosímil. Eso se ha dulcificado mucho en la versión que estamos comentando con unos parlamentos primorosamente recitados por Echanove, parlamentos que dan paso a los distintos números musicales que componen esta gran obra de Ruperto Chapí.

La Tempestad, calificada por sus autores como melodrama dramático es, sin duda alguna, uno de los momentos cumbres de la literatura zarzuelística del siglo XIX. El musicólogo de dicho siglo, Peña y Goñi considera que con LaTempestad, Chapí “ consiguió colocar de un golpe a la zarzuela donde debiera haber estado colocada, desde hace algunos años.” Y con el paso del tiempo hay que reconocer que no le faltaba razón al erudito escritor en su calificaciòn sobre esta obra maestra del género. Sorprendentemente se representa poco-no es fácil encontrar un elenco tan exigente, en cuanto a la calidad de las voces-. Se precisa una buena soprano, una buena mezzo, un gran barítono, un excelente tenor, otro buen tenor segundo y un bajo. Al tiempo se requiere una orquesta nutrida, brillante, que esté bien equilibrada y que pueda hacer frente a las exigencias de una partitura muy importante. No es aquí el siemple acompañamiento, muchas veces utilizando la tónica-dominante y pare usted de contar. Aquí la orquesta tiene un papel, tiene un protagonismo que debe asumir lo cual no es fácil. Exige la obra un coro importante porque, de hecho,tiene un papel muy relevante. Y lo que ya hemos comentado de las voces solistas que deben tener una gran categoría. Por eso pienso y también por la ridícula tendencia que muchas veces se tiene hacia la rutina, que se hace tan difícil poder gozar hoy de esta gran obra.

Ruperto Chapí estuvo más que inspirado. También pienso que, como a Picasso, la inspiración le pilló trabajando. Y el logro fue completo. Desde una obertura o preludido, de gran belleza, donde se aprovechan temas que van a ser desarrollados a lo largo de la representación. Esta pieza orquestal tiene un excelente tratamiento. La orquestación es brillante, la concatenación de temas melódicos se resuelve con gran soltura y el resultado es francamente óptimo. Despué se producirá una interesante simbiosis orquesta coros, donde la idea de la tempestad está claramente reflejada, junto con la oración de las mujeres en la playa y con los gritos de esfuerzo de los marineros intentando salvar una embarcación que iba a la deriva. Cuadro de una gran belleza y efectividad, requiere una excelente orquesta y un no menos adecuado coro. La intercalación de un número cómico no resta calidad ni exigencia. Al contrario, es una buena prueba de cómo se puede emplear este recurso sin tener que caer en lo chabacano y lo manido, lo trillado que llega a aburrir. Las distintas apariciones de los solistas, personajes fundamentales de la obra, se van sucediendo y el autor los trata con verdadera mano maestra. Por ejemplo, la formidable romanza de Simón con un tratamiento orquestal de gran altura, con una introducción que recuerda momentos brillantes similares en el mundo de la ópera. Los concertantes, todos ellos de gran lucimiento, la entrada del tenor con su formidable  Salve costas de Bretaña. La romanza de Angela, la balada fantástica, las coplas y el formidable terceto final, de una riqueza melódica incuestionable y de una belleza y exigencia orquestal absoluta. Sí, pudo y debió ser La Tempestad el punto de arranque de una revitalización del gènero grande de la zarzuela. De forma un tanto episòdica volvieron a aparecer grandes zarzuelas y tenemos que remitirnos a los nombres de Usandizaga, Vives, Granados- no olvidar su María del Carmen- Guridi, etc.

Para La Tempestad, el Teatro de la Zarzuela ha dispuesto un gran reparto, con voces excelentes, de grandes triunfadores en el mundo de la ópera, asiduos en escenarios como La Scala, Salzburgo, París, San Carlo, Fenice, Viena, Metropolitan de Nueva York. Voces que prestigian una versión y que, por lo mismo, la hacen irrepetible. Empecemos por el cuarteto protagonista. El gran barítono malagueño Carlos Alvarez volvió a demostrar su calidad. Voz bellísima, cálida, de hermoso timbre. Barítono de envergadura, con unos registros graves muy gratos, con un registro medio de gran belleza y con unos agudos que resultan espectaculares por su seguridad y afinación. Bordó prácticamente su personaje, el malvado usurero y bodeguero, dándole una gran dimensión dramática. En su monólogo La lluvia ha cesado estuvo espectacular desencadenando una salva de aplausos y bravos. Después en la inquietante balada fantástica volvió a brillar la belleza de su timbre y la seguridad de su voz. Estuvo el malagueño a una gran altura.

El tenor José Bros dió vida a un Beltrán apasionado y muy convincente. En una línea cercana al ligero salvó con gran dignidad el difícil escollo de la romanza Salve costa de Bretaña. Y a lo largo de la obra fue a más, su voz estaba más cálda, transmitía cada vez más alcanzando un grandísimo nivel en el hermosísimo terceto Morir puedo ya. Es muy buen tenor, es muy buen cantante y su aportación tuvo importancia.

La granadina Mariola Cantarero dió vida a Angela y lo hizo con un buen gusto y una delicadeza excepcionales. A lo largo de todas sus intervenciones demostró la calidad de su voz, la belleza de su timbre y el buen gusto que tiene cantando. Su momento más brillante la dramática romanza Con él mi esperanza va. Cantó inpecablemente y el público agradeció esta versión premiándola con una cerrada ovación.

Junto a ella la mezzo Ketevan Kemoklidze tuvo asimismo una actuación redonda triunfando en el papel de Roberto. Junto con Cantarero brilló en la barcarola y en el número de las joyas. Ambas señoras estuvieron a muy buena altura. Tenemos que felicitar a Carlos Cosías, tenor, que encarnaba a Mateo, por lo bien que cantó y por el buen gusto que derrochó dando vida a un personaje que, a veces, ha sido maltratado por cantantes con poca habilidad queriendo suplir una con una hipotética comicidad la carencia de facultades. Por el contrario Cosías cantó espléndidamente y dió cachet a su personaje. 

Como es habitual los coros que tan acertadamente dirige Antonio Fauró, estuvieron a su buen nivel habitual. Especial mención debo hacer de la labor de Guillermo García Calvo, al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. A mi modo de entender García Calvo entendió perfectamente la partitura y supo obtener el mejor resultado de la creación de Chapí. Muy sobrio pero sumamente efectivo, cuidando todos los detalles, sabiendo acompañar y dotando a la orquesta de la personalidad que le confiere la partitura. Me gustó muchísimo y pienso que fue el director acertado para llevar a cabo una tarea importante como la de interpretrar La Tempestad. Enhorabuena.

Y tengo que volver a felicitar al señor Echanove por su excelente trabajo. Todo lo que se ha conseguido en esta versión de concierto es, gracias al Teatro de la Zarzuela, lo que tantas veces hemos soñado para nuestro género lírico. Un acierto para el que esto firma.

José Antonio Lacárcel