La Zarzuela, nuestro musical: homenaje a medio gas

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La Zarzuela, nuestro musical: homenaje a medio gas
La Zarzuela, nuestro musical: homenaje a medio gas

Nunca el fin debería justificar los medios. Nadie duda de que es muy loable la voluntad de reivindicar y homenajear a la zarzuela colocándola en igualdad de condiciones respecto al musical americano. Otro asunto es haberlo conseguido de forma plenamente satisfactoria, rigurosa y seria, como no ha sido el caso y veremos a continuación.

El sello Sony Music, que ha adquirido todo el fondo musical de las históricas grabaciones de zarzuela de la casa Columbia, lanza al mercado discográfico un triple CD bajo el atrayente título “La zarzuela, nuestro musical” (proyecto que cuenta hasta con su propia página web), reclamo publicitario para vender el género lírico español como algo moderno y acercarlo a las generaciones más jóvenes, así como procurar seguir convenciendo a los grandes aficionados con una nueva antología de zarzuela. Y lo hace con todo el bombo y platillo que ofrece el merchandising: un llamativo y hasta bonito formato de libro-estuche con estilizadas y multicolores ilustraciones de Abraham Menéndez, muy originales todas ellas, que contiene dos artículos exaltando lo que representa la zarzuela en nuestro país así como su trascendental importancia, que firman el periodista del diario El Correo de Bilbao, César Coca, y el director del Teatro de la Zarzuela, Daniel Bianco. 

Hasta aquí el contenido es aceptable, por mucho que ambos articulistas no nos digan más de lo que ya sabemos sobre la zarzuela, limitándose a hacer apología de nuestro género musical más universal recorriendo a vuelapluma su historia y apelando al sentimiento. El problema viene en la selección de temas musicales, que aparentemente no pasa de ser la típica antología que nos podemos encontrar en cualquier recopilatorio, pero eso sí, un tanto sui géneris, y en la que el aficionado siempre echará en falta algún título o fragmento célebre. Está claro que no pueden compendiarse todas las zarzuelas de repertorio que han sido grabadas por Columbia, pero el criterio en el planteamiento de las selecciones musicales no está demasiado logrado, sobre todo en cuanto a la estructuración de los contenidos en cada uno de los tres discos. 

Por un lado, un primer CD se centra en lo que se ha denominado “Escenas de zarzuela”, en donde se recogen desde romanzas con coro, dúos, hasta algún coro suelto, como la Ronda de enamorados de La del soto del parral, el único coro en sentido estricto que hallamos en todo el compacto, algo inexplicable, pues se podía haber destinado un disco únicamente a coros de zarzuela. En este disco tienen cabida, por este orden, zarzuelas de Alonso, Sorozábal, Chueca y Valverde, Serrano, Chapí, Lleó, Moreno Torroba, Penella, Díaz Giles, Fernández Caballero, Luna y Bru y Soutullo y Vert.

Un segundo CD aborda Preludios e Intermedios de Zarzuela en las famosas versiones del director cántabro Ataúlfo Argenta con la Gran Orquesta Sinfónica, en donde lamentablemente hallamos dos que utilizan el sonido “lata” de las “remasterizaciones” desastrosas e imperdonables que efectúo hace unos años el sello Novoson partiendo de la impecable calidad técnica de los originales de Columbia y Zafiro. Y de aquellos destrozos aquí están el intermedio de La leyenda del beso, el Fandango de Doña Francisquita (¿desde cuándo esto es un preludio o intermedio?) y el preludio de Agua, azucarillos y aguardiente. Excepto este último, que posee la calidad mono del registro original, los sonidos son metálicos hasta la extenuación y sin profundidad sonora ninguna respecto a las tomas originales. Marca de la casa de Novoson. Para más inri, en lo que se nos anuncia como Nocturno orquestal de El rey que rabió, nos sorprendemos topándonos con el Canto a la siega de la misma obra, entonado por la soprano Toñy Rosado con el Coro Cantores de Madrid en la grabación de Argenta. Sospechamos que al colocar las pistas para conformar este segundo disco, se incluyó, por despiste y sin revisarlo después, la inmediatamente anterior (ese mencionado número cantado) a la del espléndido Nocturno para cuerdas de la grabación original de la opereta de Ruperto Chapí, por lo que esa imprudencia empaña todo el disco 2. Otro detalle, la imponente Jota de La Dolores de Tomás Bretón, ¿era tan necesario meterla dos veces en esta colección, una en la versión orquestal dirigida por Argenta, y otra en la versión reducida cantada por Miguel Fleta (aunque su registro en disco de pizarra sea tan llamativo por su historicidad)?

Por ende, el tercer CD se dedica a las Grandes Voces, decantándose por las de Plácido Domingo, Jaume Aragall, el aludido Miguel Fleta, Montserrat Caballé y Teresa Berganza. Sólo cinco de las múltiples voces españolas que han encumbrado y defendido nuestra lírica. Los que han realizado este recopilatorio han optado por un criterio absolutamente personal a la hora de elegir, olvidándose, no sabemos si consciente o inconscientemente (más probable lo segundo) de otras figuras igual de grandes. ¿Por qué no se incluye también en este disco a otros que han grabado con Columbia, caso de Alfredo Kraus, Marcos Redondo, Manuel Ausensi, Pilar Lorengar, Ana María Iriarte, Inés Rivadeneira, Toñy Rosado, Victoria de los Ángeles, Carlos Murguía o José Carreras, por citar sólo a algunos? Podía haberse hecho una selección mucho más variada. Sólo se han quedado con esos cinco cantantes de los que se insertan varias romanzas por cada uno (sin ninguna paridad, además: tres Domingo y Fleta y cuatro Aragall, Caballé y Berganza) que están extraídas de sus respectivos recitales discográficos dedicados a la zarzuela. ¿No hubiera sido mejor prescindir aquí de la etiqueta de Grandes Voces y continuar una antología sin más en la línea del primer disco, donde sí hallamos una mayor variedad de cantantes que han hecho historia con el género zarzuela vinculados a las grabaciones Columbia?

Pero lo más escandaloso, porque da auténtica vergüenza ajena, lo encontramos en el apartado de Créditos del libreto interior, donde se supone deberíamos apoyarnos para seguir cada corte musical de los tres CDs. Plagado de imprecisiones, incongruencias, confusiones y erratas inexcusables en los datos de compositores, libretistas e intérpretes (hasta el punto de mezclarlos entre sí, pasar por músico a un libretista y viceversa, inventarse autores, como Manuela Penella o Antonio Asenjo Barbieri -por eso de que todo aquel que se apellide Asenjo tiene que ser familia de don Francisco-, poner que el compositor o compositores también escriben la letra, pasar por libretista al director de orquesta de la grabación, hacer de letristas a cantantes, mencionar a Hipólito Lázaro cuando canta Fleta, poner “Las espigadoras” cuando es la romanza de Sagrario de La rosa del azafrán o “Lagarteranas” cuando es el Canto a la espada de El huésped del sevillano, señalar a Toñy Rosado cuando canta Inés Rivadeneira en La chula de Pontevedra…) y un larguísimo etcétera de clamores al cielo que demuestran una vez más, por si el aficionado no se había dado cuenta aún, de que esta colección no ha sido escrupulosa ni debidamente revisada antes de lanzarse al mercado, y lo que es todavía peor, que no ha contado con verdaderos asesores y expertos musicales que poseyeran plenos conocimientos del género, tanto a nivel de documentación y discografía como de la propia historia de la zarzuela. 

Después de todo lo anteriormente dicho, el calificativo de chapuza encajaría de lleno con lo que nos han querido ofrecer con “La zarzuela, nuestro musical”. Flaco favor se le hace a nuestra querida zarzuela con productos discográficos de este jaez que dan la impresión de mucho ruido y pocas nueces. Para no tomársela en serio y con rigor, más vale que se quede como estaba.

Germán García Tomás