L’Arlesiana de Cilea en la Deutsche Oper

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L'Arlesiana de Cilea en la Deutsche Oper
L’Arlesiana de Cilea en la Deutsche Oper. Foto: B. Stöss

Francesco Cilea (1866-1950) es un compositor italiano perteneciente a la época del verismo que casi se puede decir que ha pasado a la historia por una sola ópera. Al menos es la única de su catálogo que se representa habitualmente. Me estoy refiriendo a a Adriana Lecouvreur. De hecho, compuso y estrenó 5 óperas, de las cuales L’Arlesiana es justamente la que precede en el tiempo a Adriana Lecouvreur. Lo cierto es que L’Arlesiana (Milán, 1897) se ha convertido en una auténtica rareza, ya que apenas se representa en los últimos años. Sin embargo, es un título conocido por los aficionados al contar con un aria de tenor preciosa, como es el Lamento de Federico, que muchos han sido y son los tenores que la han ofrecido en conciertos y grabaciones.

La vedad es que la ópera cuenta con un libreto de escaso interés, ofreciendo una notable orquestación, aunque le falta inspiración , siendo, por supuesto, su página más brillante la citada aria para el tenor, aparte de algunos momentos (dúo de tenor y soprano y el arioso de la mezzo-soprano) más conseguidos. Me temo que seguirá la obra en el ostracismo, lo que no nos impedirá seguir disfrutando con cierta regularidad de su famosa aria para tenor.

La Deutsche Oper de Berlín ha decidido desempolvar la ópera, aunque lo haya hecho en forma de concierto, ofreciendo un reparto de altura, estando bien servida también la ópera musicalmente.

La dirección musical corrió a cargo del italiano Paolo Arrivabeni, el actual director musical de la Ópera de Lieja, que ofreció una lectura correcta, llena de energía, cuidando a los cantantes, y sacando un buen partido a la Orquesta de la Deusche Oper. El Coro de la Deutsche Oper no tiene muchas oportunidades de lucimiento, con intervenciones esporádicas y generalmente en interno.

L'Arlesiana de Cilea en la Deutsche Oper. Foto: B. Stöss
L’Arlesiana de Cilea en la Deutsche Oper. Foto: B. Stöss

El protagonista de la ópera no es sino Federico, el hijo mayor de Rosa Mamai y enamorado de una Artesiana de vida poco edificante. El descubrimiento de la supuesta traición de su amada le llevará al suicidio final. El personaje fue interpretado por el tenor maltés Joseph Calleja, que ofreció una brillante interpretación, con voz potente y cantando con gusto. Por supuesto, su momento álgido fue la interpretación del aria conocida como el Lamento de Federico, cantada de manera brillante, lo que le hizo ganar una ovación casi interminable.

Rosa Mamai, la madre de Federico y del enfermo mental el Inocente, fue interpretada por la mezzo-soprano americana Dolora Zajick. Esta veterana (65) sigue mostrando un instrumento brillante, especialmente en la parte superior de la tesitura, aunque por abajo la voz está más sorda que antes. El mayor problema de su actuación ha radicado en el hecho de haber cantado siempre con la cabeza metida literalmente en la partitura. En una versión de concierto hay que apoyarse en la partitura, pero no se puede cantar sin levantar la vista de la misma. De esa manera no se puede ofrecer ni la más mínima emoción a la audiencia.

La soprano italiana Mariangela Sicilia dio vida a Vivetta, la joven enamorada de siempre de Federico. Sustituyó a la inicialmente anunciada Guanqun Yu. La italiana me produjo una buena impresión, cantando con gusto y con una voz atractiva.

Baldasarre, el viejo pastor, fue interpretado por el barítono alemán Markus Brück, que volvió a ofrecer una prestación vocal intachable, con una voz amplia y de calidad. Siempre es un placer escucharle.

Seth Carico dio vida a Metifio, el amante de la Arlesiana, y lo hizo bien. Adecuada también Meechot Marrero como el Inocente. Buena impresión la dejada por Byung Gil Kim en el personaje de Marco, el hermano de Rosa Mamai.

El teatro ofrecía una ocupación de alrededor del 90 % de su aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Joseph Calleja y Dolora Zajick.

El concierto comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 5 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 33 minutos. Diez minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 130 euros, habiendo butacas de platea a 69 euros. La localidad más barata costaba 41 euros.

José M. Irurzun