Las Bodas de Fígaro de Mozart. Carrusel de pasiones dieciochescas al ritmo del Cubo de Rubik.

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Las Bodas de Fígaro de Mozart
Las Bodas de Fígaro de Mozart

En el teatro del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México se presentó la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart durante el mes de noviembre con una nueva puesta en escena preparada para este recinto. La producción la diseñaron esta dupla que gusta de trabajar a la par casi siempre con buen éxito: el director de escena Mauricio García Lozano y el escenógrafo Jorge Ballina. La dirección musical estuvo a cargo del maestro Srba Dinic, titular de la orquesta del teatro. El director huésped del coro lo fue el italiano Stefano Ragusini. En nota del programa de mano el propio García Lozano explica su idea: “He decidido subrayar dos de las múltiples líneas temáticas que esta obra nos ofrece: el conflicto social (amos versus sirvientes) y el conflicto sexual o “de género (hombres versus mujeres).”

El resultado logrado luego de las más de tres horas y media, contando el intermedio único, nos pareció desigual y pretencioso. Mucho tuvo que ver en esto el constante movimiento de la escenografía de Ballina, que no deja de moverse un solo instante, dando vueltas y vueltas y vueltas como un Carrusel o Tiovivo de feria, en esa casa donde habitan los personajes, verdadero Cubo de Rubik, que se va viendo desde todos los ángulos posibles, armándose y desarmándose en cada escena, y no solamente eso, sino en una misma escena contemplada desde diversas perspectivas. Eso aunado a la presencia omnipotente de todos los criados de la “casa” sevillana que aparecen una y otra vez venga al caso o no, como testigos o participantes de las acciones que se suceden en la escena. Esto hace evidente un atiborramiento de elementos distractores de la ya de por si complicada trama argumental. Todo sucede en un día- día de locos- donde pasa todo.

Las Bodas de Fígaro de Mozart

El elenco también estuvo disparejo entre todos los personajes que imaginó Pierre Augustin Caron de Beaumarchais donde saco su libreto Lorenzo Da Ponte. El protagonista que da nombre a la obra, Fígaro, lo canto el bajo ruso de San Petersburgo Denis Sedov quien empezó la función totalmente frío, desfiatado, con una voz bastante fea y desagradable que parecía engolada, apretada, gangosa, que nos hacía preguntarnos de donde habría salido y quién lo había traído. Por fortuna en el transcurso de la obra se fue componiendo y salió bien de su cuidado. Su futura esposa, Susana, la soprano originaria de Rumania, Letitia Viteralu quien empezó la  escena con su prometido marido con una voz muy pequeña, casi inaudible, tapada por el vozarrón dañado del bajo. Se compuso después y fue una de las mejores del elenco cuando apareció su voz verdadera de bello timbre lírico y buen manejo y estilo de su instrumento. La Condesa Rosina de Almaviva fue la soprano nacida en Armenia, Narine Yeghiyan, de hermosa voz y excelente interpretación. Lució en sus dos preciosas arias y en el dueto de la Canzoneta donde las damas noble y plebeya brindaron uno de los mejores momentos. El barítono mexicano Armando Piña tuvo a su cargo al seductor y mujeriego Conde Almaviva.

Completaron el numeroso elenco Cherubino, el adolescente Don Giovanni en potencia, muy bien cantado y actuado ese paje del Conde enamorado de todas, Jacinta Barbachano De Agüero. Marcelina, quien quiere casarse con Fígaro y resulta ser su hijo, la simpática Gabriela Thierry. Bartolo, Arturo López Castillo, Basilio, Juan Carlos López Muñoz, Don Curzio, Luis Alberto Sánchez, Barbarina, Dora Garcidueñas y el jardinero borracho José Antonio Alcaraz Azpiri.

La música de Mozart cuenta en esta obra maestra una de sus grandes herencias a la humanidad. La escuchamos a veces como en las arias femeninas de la Condesa, Susana, Cherubino, en magnifica forma. Es cuando damos gracias a Dios de haber estado presentes en el teatro. Otros números, los pusieron todos, estuvieron entre azul y buenas noches. Como los tamales mexicanos: de chile, de dulce y de manteca. Lo que si no pudimos oír nunca fue la Obertura, tal vez la más bella y famosa de todas las de sus óperas, pues los criados sevillanos de la casa AguasFrescas, así se llama la finca donde pasan las pasiones, armaron tal escándalo y alboroto que como si no la hubieran tocado.

Manuel Yrízar