Las voces del futuro se dan cita en Don Giovanni en el Met

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Don Giovanni en el Met
Don Giovanni en el Met. Foto: Marty Sohl / Met Opera

La ópera de W. A. Mozart, Don Giovanni, es siempre un acontecimiento. Sus dos actos de enredo y música geniales pueden ser la mayor delicia o un suplicio en virtud de la calidad de sus intérpretes, que se ven confrontados con altas cotas de exigencia dramática y vocal. El pasado miércoles la ciudad de Nueva York sobrevivía a las horas más frías del invierno, con lo que el estreno de este Don Giovanni, con su cóctel de pasiones, se antojaba como un plan de tarde insuperable.

La Metropolitan Opera recupera estos días una producción clásica de la obra firmada por el director de escena Michael Grandage y estrenada por la compañía en 2011. Efectiva como pocas, la puesta en escena consigue, con estudiada parquedad de medios, recrear el ambiente de la Sevilla de mediados del XVIII, y hacer que los personajes desarrollen con agilidad sus apariciones. No hay que olvidar los vistosos figurines de Christopher Oram, que mimetizan a los personajes con el entorno con orgánica naturalidad.

En el foso encontramos al director de orquesta alemán Cornelius Meister, que debutaba en la compañía. Conciso en el gesto, el de Hannover propuso un Don Giovanni académico y de elevada factura, en estilo, dejando el protagonismo a las voces. Su trabajo junto con el resto de los músicos de la Orquesta del Met fue merecedor de una de las ovaciones más cálidas de la noche.

El elenco vocal incluía artistas jóvenes que debutaban sus papeles y cantantes de pujante renombre internacional que contribuyeron a generar expectación por el cartel.

Don Giovanni en el Met. Foto: Marty Sohl / Met Opera

La Donna Anna de la soprano dramática Rachel Willis-Sørensen destacó por su expresividad dramática y solidez vocal. La soprano brilla en la elegante presentación de los recitativos y en la sutil línea de canto en las arias. La voz tiene trapío, se expande sin dificultades en el agudo y se recoge con gracia en la media voz, con el vibrato justo. El color no es el más bello, pero el personaje que firmó la artista quedó definido con exquisitez. Su intervención en el aria Or sai che l´onorefue aplaudida con calor y justicia por el público del Met, aunque su Non mi direstuvo en un escalón artístico superior. La carrera de esta soprano americana despegó en 2014 gracias a los galardones Birgit Nilson y Operalia (premio de Zarzuela), y todavía sigue en ascenso.

El personaje de Zerlina corrió a cargo de la célebre soprano rusa Aida Garifullina, ganadora de la edición de 2013 de Operalia. Sus intervenciones en el Mundial de Fútbol en Rusia y su belleza física la han convertido en una de las sopranos lirico-ligeras más solicitadas hoy, con una carrera al modo Anna Netrebko que parece imparable. Al estilo de la Garifullina aún le faltan cocciones, pero la artista parece salir al paso de los excesos propios una soprano ´de masas´ y está organizando una carrera intensa pero de crecimiento gradual. El timbre de su voz es dulce y su actitud en escena inmejorable, por lo que su éxito como Zerlina en el Met no será una excepción en su trayectoria.

El tenor francés Stanislas de Barbeyrac propone un Don Ottavio mediterráneo pero introvertido, que combina el amor incondicional por Elvira con el sempiterno tema del honor español, que le hace reprimir sus pasiones o por lo menos encauzarlas siempre hacia actitudes elevadas y caballerosas. La voz, oscura, varonil y cálida, sabe apianar con gusto y ajustarse a la música con una media voz de mérito. Sus dos arias Dalla sua pacee Il mio tesoro, in tanto, se celebraron con alegría en el Met, más por la novedad de encontrar por fin un tenor que se atreva a cantar con mayúsculas en el Lincoln Center, que por lo extraordinario de la interpretación.

La soprano italiana estuvo muy segura vocalmente en su debur en el Met como Donna Elvira. De gran energía sobre las tablas, su personaje revolucionaba cada escena en la que tomaba parte. Su afilada dicción permitió disfrutar de sus recitativos, mientras que la seguridad que le da su técnica le permitió lucirse en su aria Mi tradi, que sonó señorial y esplendorosa, netamente mozartiana. La Lombardi tiene una voz de quilates que ya suena redonda y llena de armónicos en su juventud. Sin duda una artista a seguir.

El bajo ruso Ildar Abdrazakov fue un gran Leporello. Su movilidad escénica, su capacidad actoral y la seguridad vocal con las que abordó sus intervenciones fueron clave en el éxito de la producción. También supo contrarrestar la seriedad del Don Giovanni de Luca Pisaroni. Abdrazakov, si bien no sobrecogió en sus intervenciones solistas, dejó muy buenas sensaciones y cosechó un triunfo merecido.

El bajo barítono venezolano Luca Pisaroni fue un don Giovanni más malvado que sensual. El instrumento es más de bajo que de barítono, lo que pudo irritar a los más puristas. El cantante parecía afectar cierta gravedad en algunos momentos, si bien pudo soportar el peso de la producción y encarnar con éxito al burlador de Sevilla.

Es obligado abstraerse de las voces del pasado y valorar lo que de bueno hay en estos jóvenes intérpretes. Este don Giovanni de la Metropolitan Opera es un claro reflejo de la ópera joven de hoy: intérpretes brillantes en lo actoral, de atractiva imagen y canto limpio y efectivo. No deberíamos, no obstante, sentirnos satisfechos con los resultados de nuestros jóvenes que, aunque correctos, aún no alcanzan las glorias a las que parecen llamados.

Carlos Javier López