Le nozze di Figaro en Berlín: poco más que una bella escenografía

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Le nozze di Figaro en Berlín: poco más que una bella escenografía
Escena de Le nozze di Figaro en Berlín

No cabía esperar mucho de Le nozze di Figaro en Berlín, especialmente en el apartado vocal y el resultado ha respondido a las expectativas.

La producción escénica se debe al antiguo director de la Deutsche Oper de Berlín, Götz Friedrich, que tuvo su estreno en 1978. Obviamente, se trata de una producción muy tradicional y en la que destacan de manera importante la escenografía y el vestuario del ya desaparecido Herbert Wernicke, cuya labor es muy elegante tanto en un aspecto como en el otro. Ha sido justamente la escenografía lo más convincente de toda la representación. La dirección escénica carga las tintas en el aspecto bufo de la ópera, y lo hace con exceso, como si de una función infantil se tratara. Los personajes de Don Bartolo, Basilio, Marcellina y hasta el Conde resultan pura caricatura, que parecen tener como único objetivo de su actuación hacer que el público suelte carcajadas Se abren los cortes tradicionales de las arias de Marcellina y Basilio en el cuarto acto, lo que no hace sino alargar innecesariamente la representación. Siempre he considerado que estas arias únicamente pueden ofrecerse si se cuenta con cantantes de altura, lo que no ha sido el caso.

El bien conocido Yves Abel se encargó de llevar a buen puerto la parte musical de Le nozze di Figaro en Berlín. Su labor se puede considerar eficaz, aunque no se pueden esperar grandes cosas en estas representaciones que prácticamente van a escena sin ensayos. Los tiempos fueron adecuados y apoyó bien a los cantantes. La Orquesta de la Deutscheoper Berlín sufre cuando se la compara con la Staatskapelle que hemos escuchado los días anteriores. Es una buena orquesta, pero no es la otra. Correcto el Coro de la Deutsche Oper.

El bajo croata Marco Mimica fue el encargado de dar vida a Fígaro. Había tenido ocasión de escuchar a este cantante en papeles más o menos de comprimario, lo que nada tiene que ver con Fígaro. La voz tiene amplitud, sin estar sobrada de calidad, y puede funcionar en otro tipo de repertorio, pero le falta mucho para poder ser el protagonista de una ópera de Mozart, resultando basto y de escaso interés. Tendremos ocasión de verle en unos meses en el Liceu como Raimondo en Lucia di Lammermoor y la cosa será diferente, aunque a su voz creo que le falta nobleza para ese personaje.

La soprano rusa Elena Tsallagova estuvo bien como Susana, aunque para mi gusto a la voz le falta una mayor importancia en el centro, sonándome a algo soubrette. La voz tiene cierto atractivo y canta bien.

Escena de Le nozze di Figaro en Berlín
Escena de Le nozze di Figaro en Berlín

Lo mejor del reparto fue la soprano italiana Fernanda Lombardi en la parte de la Condesa. Venía de cantar este personaje en Como y con mucho éxito. Se trata de una soprano de voz muy adecuada y que resolvió de manera brillante sus dos arias. Puede tener recorrido en su repertorio, aunque va a tener que convivir con el inconveniente de que no será fácil encontrar un tenor para hacer pareja con ella, ya que su estatura andará por 1,80.

El barítono americano John Chest fue un modesto Conde Almaviva. Le falta autoridad vocal y escénica y tiene el inconveniente de que la voz es más bien reducida en el centro y más débil todavía en graves. Se emisión tiene tendencia a quedarse atrás.

La mezzo soprano americana Irene Roberts forma parte de la compañía de la Deutsche Oper desde esta temporada, tras sus actuaciones en teatros de su país. Su Cherubino estuvo bien, no especialmente brillante, pero lo resolvió a satisfacción.

La mezzo soprano americana Ronnita Miller mostró una voz poderosa en Marcellina, quedando en evidencia en el aria Il capro y la capretta, donde sus agilidades fueron más que deficientes.

Poco interés vocal ofreció el bajo Stephen Bronk como Don Bartolo. Lo mismo se puede decir del Basilio de Burkhard Ullrich, que se refugia demasiado en el puro parlando, especialmente en el primer acto. Adecuado el Antonio de Andrew Harris, así como Gideon Poppe como Don Curzio. Buena impresión la dejada por la Barbarina de Adriana Ferfezka.

El Teatro ofrecía huecos claros, en una entrada que no llegaría a dos tercios del aforo. El público se mostró generoso con los artistas en los saludos finales.

La representación de Le nozze di Figaro en Berlín comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 hors y 36 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 58 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 81 euros, costando 24 euros la más barata.

José M. Irurzun