Le Villi en versión de concierto en Madrid

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Le villi Miguel Ángel Gómez Martínez
Miguel Ángel Gómez Martínez

Miguel Ángel Gómez Martínez en su vuelta a la dirección de la Orquesta de Radio Televisión Española ha incluido en esta primera temporada dos óperas en versión de concierto. Las elegidas han sido las dos primeras que compuso Giacomo Puccini, Edgar y le Villi, óperas muy poco representadas, pero que tienen calidad como para ser conocidas por el aficionado. Esperemos que siga la misma línea en las siguientes temporadas,

Como digo, Le Villi es una ópera escasamente representada escénicamente, aunque en los últimos años ha tenido cierta presencia en versiones de concierto. El interés de algunos tenores en cantar el aria de Roberto Torna ai felici dì consiguió que hasta Viena se decidiera a hacer una nueva producción hace unos años. Aunque Le Villi no sea la mejor ópera de Puccini, la obra está bien construida y ofrece arias de relieve para los tres protagonistas: la ya mencionada de Roberto, la de Anna Se come voi piccina io fossi, quizá más conocida por su final Non ti scordar di me y, finalmente, la de Guglielmo Anima santa della figlia mia.

La ópera tiene cierto paralelismo argumental con The Rake’s Progress, puesto que Roberto, prometido de Anna, va a la ciudad a hacerse cargo de una herencia, abandonando a la muchacha, que muere de tristeza. La diferencia argumental viene en la segunda parte, ya que Anna muere y pasa a engrosar la compañía de Le Villi, que son los espíritus de las mujeres que han sido traicionadas por sus amantes. Roberto encuentra a Anna y acaba muriendo de agotamiento al ser condenado a bailar con ella hasta su muerte. Aparte de las arias mencionada más arribas, hay un intermedio añadido por Puccini para la reposición de la opera en Turín. En resumen, me parece una ópera digna de representarse mucho más de lo que se hace.

La dirección musical de Miguel Gómez Martínez fue correcta, aunque para mi gusto pecó de exceso de volumen sonoro. Es decir, una lectura un tanto superficial, recreándose en los pasajes orquestales, que son abundantes en esta ópera. Las voces a su disposición no eran excepcionales y el director puso claramente a la orquesta por encima de los solistas. Buenas las prestaciones de la Orquesta y el Coro de RTVE.

El personaje de Anna fue interpretado por Carmen Solís. Las exigencias vocales son muy parecidas a otras heroínas puccinianas, en la línea de Mimí o Liu. La extremeña lo hizo bien, con un centro de calidad y atractivo, pero la encontré un tanto destemplada en la zona alta.

Roberto tenía que haber sido interpretado por Marcello Giordani, pero canceló, de lo que nos enterramos en el propio teatro por megafonía, aunque tampoco cantó el día anterior. Su sustituto fue el tenor Lorenzo Caimi. Había tenido ocasión de escucharle hace algo menos de 2 años en un Don Carlo y la impresión ahora es muy parecida a la de entonces. Se trata de un tenor con un centro atractivo y de cierta amplitud, aunque su voz tiene alguna dificultad para llegar a la sala. Tiene algunos problemas técnicos en la zona de paso y su voz se adelgaza de manera considerable en la parte alta, en la que resulta casi inaudible, aunque tiene las notas. Hay un buen material y problemas que resolver.

El veterano Vladimir Chernov completó el trío protagonista en la parte de Guglielmo, doblando también como Narrador. Este veterano (64) barítono ruso tuvo unos años de esplendor, pero hoy es una sombra de lo que fue. Mantiene cierta elegancia y unos agudos todavía brillantes, pero su voz se ha reducido considerablemente y hay problemas para hacerse oir en la parte central.

El Teatro Monumental ofrecía una entrada de alrededor del 60 % de su aforo. El público se mostró cálido con los artistas, siendo los mayores aplausos para Miguel Gómez Martínez. No hubo saludos individuales.

Debido a la corta duración de la ópera, el concierto se inició con Primera Sinfonía de Beethoven que el maestro dirigió sin partitura y ofreció una vibrante lectura.

La ópera tuvo una duración de 1 hora y 7 minutos, sin interrupción. Cinco minutos de aplausos.

La localidad más cara costaba 40 euros.

José M. Irurzun