Les Indes Galantes en Múnich: un magnífico espectáculo

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Les Indes Galantes en Múnich. Foto: W. Hösl
Les Indes Galantes en Múnich. Foto: W. Hösl

Llega a su final mi estancia en Munich por este año y lo hace con el estreno de una nueva producción de Les Indes Galantes, que se ha saldado con un importante éxito, ya que hemos asistido a un espectáculo magnífico en todos los sentidos.

Les Indes Galantes pertenece al género de ópera-ballet, tan característico del barroco francés, y fue estrenada en 1735 en París, en un auténtico despliegue de medios técnicos, excepcionales para la época. La obra consta de un prólogo y 4 entradas, tal como las define el libreto. El prólogo se desarrolla en una especie de Edén, en el que Hebé, diosa de la juventud, disfruta con la felicidad de sus fieles, que se libran a los placeres naturales, hasta que la aparición de la diosa Bellone les incita a buscar la gloria en la guerra y la conquista. Las llamadas entradas – lo que luego se conocerán como actos – ofrecen relaciones amorosas en territorios de conquistas europeas, siendo Turquía, Perú, Persia y Norte América los escenarios donde se desarrollan las distintas entradas. La obra termina con un corto epilogo, en el que volvemos a la exaltación del mundo feliz del Edén con la diosa de la juventud al frente.

Les Indes Galantes es una ópera muy poco representada, siendo ahora su estreno absoluto en Munich. A pesar de su rareza, tuvimos ocasión de verla hace unos pocos años en Toulouse y Burdeos y, por cierto, en una producción magnífica, de lo mejor que he visto en mi vida. Aquí se ofrece en una nueva producción del director de escena y coreógrafo Sidi Larbi Cherkaoui, en la que la danza asume un papel importantísimo.

La ópera comienza en una escuela donde Hebé enseña a sus niños con gran dedicación los valores culturales hasta que la diosa Bellone irrumpe en la clase para proclamar la necesidad de la guerra. Reconozco que me costó entrar en la producción, ya que tenía muy fresca en mi memoria la de Laura Scozzi que pudimos ver en Toulouse y Burdeos, pero acabé entrando en el juego y con gran satisfacción. El acto de Turquía se desarrolla en una especie de museo, con unas vitrinas móviles donde se sitúa el grupo de danza. Lo mejor de la producción tiene lugar en el acto de Perú, que se desarrolla en una iglesia, en la que Huáscar no es un sacerdote inca, sino uno cristiano en tiempos modernos y bastante fundamentalista y es aquí donde la producción escénica despega para no volver a tierra hasta que se cierra el telón. Los actos de Persia y América tienen como motivo la situación de los refugiados, desarrollándose en un campamento el primero de ellos, mientras que el de Norte América tiene que ver con el deseo de los refugiados de entrar en el país y el rechazo de las autoridades, para terminar en una especie de final feliz en el corto epílogo.

La escenografía de Anna Viebrock está bien conseguida en todos los casos, siempre con elementos móviles, desplazados por el cuerpo de baile. El vestuario de Greta Goiris es moderno y colorista, mientras que la iluminación de Michael Bauer no ofrece mayor relieve.

Lo que destaca sobre manera en la producción es el grupo de baile, formado por 12 bailarines que están siempre en escena y no paran de moverse en toda la representación. Tanto hacen de grupo de baile moderno (por cierto, magnífico), como asumen la función de extras en muchas ocasiones, por no decir la de tramoyistas, ya que son ellos los que mueven continuamente los distintos elementos escénicos. Se nota que Sidi Larbi Cherkaoui es coreógrafo, ya que no es fácil convertir a este grupo en el auténtico protagonista de la ópera. Pero el director de escena consigue algo más y es que los cantantes, principalmente las mujeres, se integren en algunos momentos en el cuerpo de baile. En este sentido destacan las actuaciones de Lisette Oropesa, Anna Prohaska y Ana Quintans. Aparte del aspecto coreográfico, la dirección escénica está muy bien hecha en todos los casos, prestando también una gran importancia al movimiento del coro. En suma, una producción moderna y muy adecuada, que fue recibida con entusiasmo por el público.

La dirección musical estuvo encomendad a Ivor Bolton, el actual director musical del Teatro Real, que es un director muy habitual en Munich en óperas barrocas ya desde la época en que Sir Peter Jonas dirigía el teatro. La dirección de Ivor Bolton ha sido muy buena, siendo uno de los pilares fundamentales del éxito de la representación. También aquí digo que me costó un tanto entrar en la ejecución musical, ya que nuevamente el recuerdo de la dirección de Christophe Rousset en las represtaciones francesas me pesaba mucho. La verdad es que a partir del acto de Perú, acabé por olvidarme del pasado y disfruté mucho con la dirección de Ivor Bolton y la ejecución musical de la Münchner Festspielorchester, que ofreció un sonido soberbio desde el abigarrado foso del Prinzregenten. Muy buena también la prestación del Balthasar-Neumann Chor de Freiburg, muy especializado en este tipo de óperas barrocas.

Les Indes Galantes en Múnich. Foto: W. Hösl
Les Indes Galantes en Múnich. Foto: W. Hösl

El reparto vocal no ofrecía voces de relumbrón, y la verdad es que tampoco hacía falta. Sí ofreció un grupo de cantantes-actores muy entregados a su labor y que resolvieron muy bien sus cometidos.

La soprano americana Lisette Oropesa fue una deliciosa intérprete de la diosa Hebé en el Prólogo y de Zima en el acto de Norte América. Voz muy atractiva y estupenda cantante y actriz, como se pudo comprobar este mismo año en su Gilda del Teatro Real.

El bajo Goran Juric dio vida de manera muy divertida a la diosa Bellone en el Prólogo de la ópera.

La portuguesa Ana Quintans fue una adecuada intérprete de L’Amour en el prólogo y de Zaïre en el acto de Persia.

Sonoro y adecuado Tareq Nazmi como Osmán en el acto de Turquía, volviendo a aparecer en el de Persia como Alí.

Elsa Benoit cumplió bien en su interpretación de Emilie en el acto de Turquía, aunque su actuación vocal quedara un tanto por debajo de las de sus compañeras de reparto.

El tenor Cyril Auvity es una auténtica garantía en estas óperas barrocas francesas y lo demostró una vez más, tanto en Valère en el acto de Turquía como en Tacmas en el de Persia. 

Anna Prohaska fue una más que notable intérprete de los personajes de Phani en el acto de Perú y de Fatime en el Persia. Cantó siempre con mucho gusto y una voz muy bella, moviéndose con gran facilidad en escena.

Francçois Lis fue un Huáscar estupendo en el acto de Perú, sobre todo como actor, pasando más desapercibido como Alvar en el de Norte América.

El tenor Matthias Vidal lo hizo bien como Carlos en el acto de Perú y como Damon en el de Norte América. La voz no es muy bella.

Finalmente, el barítono John Moore lo hizo de manera satisfactoria en el personaje de Adario en el acto de Norte América.

El Prinzregenten estaba prácticamente lleno, con presencia de cámaras en la sala, ya que la representación se retransmitía por internet desde la página web de la Bayerische Staatsoper y de manera gratuita. El público mostró se entusiasmo de manera indudable, habiendo bravos par todos los artistas, incluyendo el grupo de baile, el maestro y el director de escena. Así da gusto.

La representación comenzó con los consabidos 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 3 horas y 29 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 53 minutos. Trece minutos de ovaciones y bravos.

El precio de la localidad más cara era de 161 euros, costando 35 euros la más barata. 

José M. Irurzun