Lied en estado puro: Recital en Madrid a cargo de la soprano Teresa Gª Villuendas

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Lied en estado puro: Recital en Madrid a cargo de la soprano Teresa Gª Villuendas
David Aijón y Teresa Gª Villuendas

En 1904, Emil Welte patenta el primer piano mecánico, Welte-Mignon, capaz de reproducir música grabada. También crea el primer estudio de grabación (1905-1909) por el que pasan los grandes pianistas y compositores de esa época. Antes de esa fecha no existe un registro sonoro de la interpretación musical. No hay manera de saber cómo tocaban Beethoven, Schubert o Clara Wieck (las manos de Schumann) más que por los relatos escritos de sus contemporáneos. La única forma de acercarse a sonoridades de épocas anteriores, a la posibilidad de «grabar», es tocando en aquellos instrumentos que ellos empleaban, y utilizando primeras ediciones o basadas en manuscritos originales.

Es lo que sin duda debe de pensar David Aijón, que en 2008 encargó a Paul Mc Nulty, en Praga, que le construyera una copia de un piano Conrad Graf de 1819. El mismo que tendría Schubert en su casa y en el que posiblemente empezó a instrumentar por primera vez sin pensar en los timbres orquestales o en la voz.

En este delicado y bellísimo instrumento Aijón se adentró, en compañía de la soprano Teresa Gª Villuendas, en el Romanticismo temprano a través del Lied. Ambos intérpretes se muestran en plenitud artística, buscadores de bellezas para su propio deleite y para enseñar al público amigo sus tesoros encontrados.

Comenzó el recital con un Lied a trío: Der Hirt auf dem Felsen. La incorporación del clarinete es la voz necesaria para llamar desde la roca a la amada ausente. Schubert así lo quiso. El clarinetista hizo «cantar» a su instrumento en estrecho diálogo con la soprano, y el oscuro ambiente del valle es sugerido por el pianista.

El sorprendente Eduardo Raimundo exhibió después sus habilidades en la Phantasiestück Op. 73 para clarinete y piano de Schumann. Enrevesada obra de dificultades súbitas, según la lógica schumanniana.

El concierto continuó y concluyó con una selección de los Lieder Op. 42 de Schumann, Op. 83 y 75 de Beethoven y Op. 1 y 2 de Schubert.

Teresa Gª Villuendas cantó con la voz y recitó con la mirada los poemas de Müller, Chamisso, y Goethe sobre una impecable alfombra rítmica, armónica y melódica, aplicada por David Aijón desde el pianoforte.

Cabe destacar las diferenciaciones que ambos lograron resaltar en la interpretación de tres autores tan distintos entre sí, aunque enmarcados en un mismo estilo y género musical.

La pequeña capilla del Templo de El Salvador, el eco de la misma y el pianoforte de Graf nos acercó a lo que pudiera haber sido antaño la relación de los músicos con sus oyentes, pocos, entendidos y amigos. Otro logro de Aeterna Música en sus originales, cultas y exquisitas programaciones.

Sol Bordas

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