Crítica: El Met estrena 2026 con Oropesa, Brownlee, Ruciński y Van Horn en «I Puritani».

Por Carlos J. López Rayward

La nueva producción de I puritani de Vincenzo Bellini en la Metropolitan Opera llega con el nuevo año 2026 rodeada de expectación tanto por su fantástico reparto como por el regreso a Nueva York de uno de los títulos más exigentes del bel canto romántico. Los buenos aficionados saben que cuando Bellini encuentra intérpretes de altura y una batuta inspirada, su música resulta irresistible, capaz incluso de sobreponerse a propuestas escénicas más o menos acertadas.

Lisette Oropesa es Elvira en "I Puritani." Foto: Ken Howard / Met Opera
Lisette Oropesa es Elvira en «I Puritani.» Foto: Ken Howard / Met Opera

Armiliato y la belleza belliniana

El director de orquesta italiano Marco Armiliato fue, sin duda, uno de los grandes pilares de la noche. Desde el foso desarrolló una lectura enérgica, ordenada y profundamente musical, sabiendo desplegar con inteligencia la arquitectura melódica de Bellini sin caer en el estatismo. La orquesta sonó entera, propositiva y bien empastada, sin despistes ni descuidos, acompañando con sensibilidad extrema a los cantantes y permitiendo que las largas líneas vocales respiraran con naturalidad. En sus manos, la partitura adquirió esa mezcla de nobleza, tensión contenida y lirismo expansivo que define el mejor Bellini.

El coro de la Metropolitan Opera, preparado por Tilman Michael, respondió con solvencia y presencia sonora, contribuyendo de manera decisiva a sostener el peso dramático de una obra en la que lo colectivo tiene un papel esencial.

Lisette Oropesa es Elvira en "I Puritani." Foto: Ken Howard / Met Opera
Lisette Oropesa es Elvira en «I Puritani.» Foto: Ken Howard / Met Opera

Lisette Oropesa, reina absoluta

Lisette Oropesa fue la gran triunfadora de la noche y el auténtico eje emocional de la representación. Su Elvira estuvo siempre cantada desde el control absoluto de la partitura, construyendo un personaje coherente, expresivo y vocalmente deslumbrante. Su bel canto fue expansivo y cuidado, con líneas de gran belleza, pianissimi redondos y sostenidos con aparente facilidad, y una musicalidad de primerísimo nivel. La voz Oropesa sigue siendo liviana, pero mantiene su complejidad tímbrica, con brillo arriba y madera abajo. La soprano confirmó una vez más que es hoy una de las grandes especialistas del repertorio belliniano, por aunar con arte el virtuosismo técnico y la expresión más íntima.

El célebre barítono polaco Artur Ruciński, muy querido en el Met, ofreció un Riccardo muy acertado, especialmente deslumbrante en sus arias solistas. Su dominio del fiato le permite expandir frases largas con una homogeneidad casi sobrehumana, sosteniendo en el tiempo notas corpóreas y bien apoyadas. Su actuación logró calentar a un público que hasta entonces se mostraba algo frío, arrancando varias ovaciones muy merecidas.

Artur Ruciński es Riccardo y Christian Van Horn, Giorgio en "I Puritani." Foto: Ken Howard / Met Opera
Artur Ruciński es Riccardo y Christian Van Horn, Giorgio en «I Puritani.» Foto: Ken Howard / Met Opera

La reaparición del neoyorkino Christian Van Horn en el Met era uno de los alicientes de esta producción, y el bajo no defraudó. Su Giorgio fue antológico desde el punto de vista musical: voz en plena forma, nobleza de emisión y autoridad sonora. Algo envarado escénicamente, sí, pero musicalmente deslumbrante, firmó algunos de los momentos más intensos de la noche.

Muy grata fue también la prestación de la mezzo Eve Gigliotti como Enrichetta, una comprimaria habitual del Met que aquí mostró solvencia vocal, seguridad técnica y un notable crecimiento en su vis actoral, soltándose con decisión en escena.

Brownlee frente a un papel imposible

El papel de Arturo Talvot plantea siempre un retos canoros al alcance de unos pocos elegidos. El tenor Lawrence Brownlee mostró dificultades en los pasajes más comprometidos de un rol prácticamente imposible de cantar de forma ideal.

Lawrence Brownlee es Arturo en "I Puritani." Foto: Ken Howard / Met Opera
Lawrence Brownlee es Arturo en «I Puritani.» Foto: Ken Howard / Met Opera

No obstante, Brownlee salió adelante gracias a un trabajo de preparación evidente, un gran empaste con la orquesta y con Oropesa, y una técnica que le permite atacar sin fatiga las notas más altas del registro. Su timbre, claramente el de un lírico-ligero, con feos apoyos en la nariz, resta peso dramático al papel, pero su canto ligado, atento y profundamente musical generó momentos de auténtica calidad operística. El entusiasmo con que el público del Met lo aplaudió fue plenamente justificado.

El vestuario —un jubón azul poco favorecedor— tampoco ayudó a su caracterización, otorgándole un aire infantil que restó autoridad escénica al personaje.

Una producción escénica fallida

Capítulo aparte merece la producción del director inglés Charles Edwards, que, pese a contener algunas ideas interesantes, como las referencias al amor infantil entre Arturo y Elvira, adolece de una ejecución pobre y confusa. La escena se muestra desordenada, con situaciones carentes de sentido dramático que generan en el espectador una impresión opuesta a la buscada. La dirección de actores es débil, lo que provoca una constante dispersión visual que obliga a mirar a varios puntos simultáneamente, rompiendo la concentración en el canto y transmitiendo una preocupante falta de estructura y jerarquía escénica.

Nueva produccion de "I Puritani." Foto: Ken Howard / Met Opera
Nueva producción de «I Puritani.» Foto: Ken Howard / Met Opera

Este I puritani del Met confirma que Bellini sigue siendo territorio de cantantes y directores musicales, antes que de registas. Gracias a la inspiración de Armiliato y a un reparto liderado de manera indiscutible por Lisette Oropesa, la música se impuso con autoridad sobre una puesta en escena fallida. Hubo gran ópera, momentos de auténtica emoción belcantista y actuaciones memorables, aunque la producción escénica se interpusiera entre la producción y un éxito rotundo.

OW



★★★★☆

Metropolitan Opera de Nueva York, 6 de enero de 2026. I puritani, ópera en tres actos de Vincenzo Bellini. Libreto de Carlo Pepoli, basado en Têtes Rondes et Cavaliers de Jacques-François Ancelot y Joseph Xavier Saintine

Orquesta y Coro de la Metropolitan Opera. Director musical: Marco Armiliato. Producción y diseño escénico: Charles Edwards. Vestuario: Gabrielle Dalton. Iluminación: Tim Mitchell. Dirección de movimiento: Tim Claydon. Director del coro: Tilman Michael

Reparto: Tony Stevenson, Artur Ruciński, Lisette Oropesa, Christian Van Horn, Lawrence Brownlee, David Pittsinger, Eve Gigliotti, DeAundre Addison, Taylor Massa, Richard E. Waits.