¡Llévenle velas a Vela ¡La Fanciulla en tinieblas. Puccini solo se oyó en Bellas Artes.

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¡Llévenle velas a Vela ¡La Fanciulla en tinieblas. Puccini solo se oyó en Bellas Artes.
¡Llévenle velas a Vela ¡La Fanciulla en tinieblas. Puccini solo se oyó en Bellas Artes. Foto: Ana Lourdes Herrera

Tuvieron que pasar casi 100 años para que la ópera de Giacomo Puccini “La Fanciulla del West” volviera a presentarse en México después de una solitaria función el 24 de febrero de 1920, en el Teatro Arbeu, en las voces de Carmen Melis, Hipólito Lázaro y Taurino Parvis, bajo la dirección de Alfredo Padovani, como lo narra José Octavio Sosa en su nota del programa de mano. Hubo algún otro intento fallido de ponerla en 1976 que pretendían “estreno” pero que no llegó concretarse. Así que no queda tal vez ningún ser vivo que la haya visto, ni mi abuelo que vivió 106 años, por lo que prácticamente los que la vimos, es un decir, este domingo 17 de septiembre, con media hora de retraso por “problemas técnicos” en el foro del teatro como anunció el sonido local, fuimos los primeros que podemos contarlo. Y digo que es un decir pues si de algo adoleció esta propuesta firmada por el licenciado Sergio Vela, amigo amoroso del género desde su infancia, quien lleva los créditos de “Puesta en escena, escenografía e iluminación”, totalmente fallidos en esta ocasión.

Cuando por fin empezaron los músicos retrasados a tocar la música introductoria de esta ópera que se estrenara en “The Metropolitan Ópera House, Nueva York, el 10 de diciembre de 1910 llevando en el rol protagónico del tenor a Enrico Caruso, aparecieron unas tomas filmadas como en estilo del cine mudo, con los nombres de los principales miembros del elenco. El “regisseur” declaró que esta ópera es el mejor trabajo del compositor italiano, y dedica un ensayo poético lleno de amor filial como regalo de los Reyes Magos para su hija Julia María Vela. No todos coincidimos en ello pues otros títulos puccinianos son más conocidos y representados que esta historia de amor entre gambusinos del lejano oeste de los estados unidos de Norteamérica. Por algo será. El libreto en italiano de Guelfo Civinini y Carlo Zangarini, está basado en la pieza teatral “The Girl of the Golden West” de David Belasco. Narra la historia de amor entre la propietaria de una taberna o saloon la muchacha heroína de esta historia Minnie y el bandido mexicano Dick Johnson (Ramírez). El sheriff Jack Rance, tahúr y jugador, también está enamorado, como todos los gambusinos y mineros del pueblo de ese “oscuro objeto del deseo” y figura maternal idolatrada.

¡Llévenle velas a Vela ¡La Fanciulla en tinieblas. Puccini solo se oyó en Bellas Artes. Foto:  Ana Lourdes Herrera
¡Llévenle velas a Vela ¡La Fanciulla en tinieblas. Puccini solo se oyó en Bellas Artes. Foto: Ana Lourdes Herrera

Muy bien sonó la orquesta del teatro bajo la batuta del brasileño Luis Fernando Malheiro quien sacó toda la difícil orquestación con gran solvencia y lucimiento. No sucedió lo mismo con la parte escénica. Cuadrada y en tinieblas la escenografía con tarima central que se repite en los tres actos peca de espacio vacío donde sucede todo entre tinieblas y estridencias lumínicas, si así pudieren llamarse a esas luces sordas que impiden la visibilidad de los rostros de los personajes, que se tapan entre si, sombras sobre sombras, amontonados en una cantina siniestra de almas en pena añorantes y sollozantes de sus tierras lejanas y familias perdidas. Amontonadas también las mesas tabernarias que se mueven sin ton ni son a diestra y siniestra a la menor provocación. Una espectadora espantada preguntaba si no se veía nada pues temía que su operación reciente de cataratas le estaba jugando una mala pasada. A punto estaba de llamar a su oculista la angustiada mujer que se quejaba lastimosamente de que no distinguía caras ni vestuario. Sus amigas acompañantes la persuadieron de que a ella le sucedía lo mismo. Totalmente verídico. Fue este primer acto el que mayores problemas presentó. En el segundo una miríada de estrellas refulgentes, astros y planetas, resplandeció encegueciendo a los antes miopes espectadores. El tercer acto vuelve a las siluetas y al amontonadero de gambusinos enamorados que tratan de ahorcar al bandido. No lo hacen. Los enamorados amantes se alejan en hollywoodesco final feliz. No ha sido esta puesta la mejor que le hemos visto al firmante Sergio Vela.

Los papeles estelares fueron Ángeles Blancas Gulín, soprano, gran artista y consumada actriz quien mantiene la gran belleza de su voz en sus registros grave y medio pero que desafortunadamente presentó serios problemas en su registro agudo. No obstante, como actriz hace una Minnie encantadora y creíble. Andeka Gorrotxategui, tenor español oriundo del País Vasco, da vida al bandido mexicano “Ramirrez” con certeza y bella voz poderosa. Fue el más aplaudido. El barítono mexicano, residente en Alemania, Jorge Lagunes, hace un personaje sufrido y locamente enamorado sin remedio en el límite de su cuerda. Completan la larga lista de comprimarios tenores, barítonos y bajos, que cumplieron muy bien con sus personajes. Lástima que no les pudimos ver las caras ni los bonitos trajes de vaqueros estilizados. No quedara esta novedosa primicia como algo que recordemos con emoción.

Manuel Yrízar