Lucia di Lammermoor. Donizetti. La Coruña

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Arrancó la 61ª edición del festival de Amigos de la Ópera de La Coruña con dos representaciones de Lucia di Lammermoor. Hay que agradecer que, en estos tiempos de carestía y recortes, los amigos de La Coruña sigan manteniendo una programación muy atractiva: Lucia di Lammermoor, Tristan e Isolda (por primera vez en Galicia) y nombres tan destacados como: Celso Albelo, Gregory Kunde, Juan Jesús Rodríguez, Eva María Westbroek (que sustituye a la inicialmente prevista Isolda de Catherine Foster) o  Stephen Gould.

Debo reseñar que está crítica corresponde a la segunda función de Lucia, la que tuvo lugar el pasado viernes día 13.

María José Moreno  fue una excelente Lucia. Uno no entiende como, en  la actualidad, la carrera de esta soprano no tiene mayor proyección nacional e internacional. Gran lectura escénica del personaje. Timbre homogéneo, bello, buena emisión y cuidada técnica. Comenzó muy bien luciendo unos maravillosos pianissimi y un excelente uso de reguladores en “Regnava nel silencio”, dónde cosechó una salva de aplausos y muchos “brava”. Empastada con Albelo en el duo “Verrano a te”, ambos cantantes omitieron el “Re” que ha añadido la tradición. El hecho de estar unidos, sin descanso, el primer y el segundo acto, parece que le restó los medios que estaba exhibiendo. Emocionante, escénicamente, fue su escena de la locura, dónde le faltó mostrar más coloratura y  registro sobreagudo para que su actuación fuera apoteósica. Es justo decir que estuvo mejor en la primera función, tal y como señalan el público y la crítica que asistieron a ambas.

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Puede que no haya en la actualidad un mejor Edgardo que el Celso Albelo. Su voz, su técnica y su emisión, como es lógico, han ido evolucionando desde que cantó La Fille o Puritani en este mismo recinto hace unos años. Poseé un centro más ancho, más carnoso, más rico en armónicos y no se ha resentido su registro agudo y sobreagudo (como demostró en el sexteto, con bis incluido). Su emisión, en este título, recuerda mucho a la de Alfredo Kraus, sin duda, debe tenerlo de Edgardo de referencia tal y como lo tenemos muchos aficionados. Con voz colocada muy arriba, en la máscara, (en el debe hay que apuntarle alguna nasalización puntual), exhibió un registro homogéneo en toda su extensión con una fácil ascensión al agudo. De manual fue toda su escena final: cinceló un perfecto “Tombe degli´avi miei” (como decía Kraus: “¡qué importantes son los recitativos!”), para centrarse en una emocionantísima “Fra poco a me ricovero”, a la que puso broche final con un sentido “Tu que a Dio spiegasti l´ali”, dónde exhibió un completo juego de dinámicas. Merecidísimas las ovaciones que se llevó el tenor al finalizar la función. Esperamos su próximo debut como Alfredo (La Traviata).

Muy bien y convincente estuvo Javier Franco como Enrico. Con gran dominio escénico, dio vida a un personaje feroz, desalmado (no en vano es el causante de todo el drama) pero a la vez dolido y conmovido ante la suerte de su hermana, cuándo ya no hay marcha atrás. Bello y rico timbre, buenos medios, ascendió sin dificultad al registro agudo, dónde debería habernos mostrado más el mismo. Cumplió el bajo Giuseppe Enrico Iori como Raimondo, si bien se le hechó de menos un mayor registro grave.  Cuidado y a  gran altura estuvo  el Arturo del tenor José Francisco Pardo, un personaje que muchas veces (actoral y canoramenete) queda un poco abandonado, como no pasó aquí.

Nuria Lorenzo dio vida a una convincente, y actoralmente “dura”, Alisa. Un personaje “escaso” para las cualidades y méritos de esta mezzosoprano, quien está preparando su inminente debut como Azucena (Il Trovatore).

Capitulo aparte para el director Ramón Tébar, director titular de la ópera de Miami. ¡Qué manera de dirigir, de concertar, de marcar las entradas!. Estuvo en todo momento atento a las voces ya la partitura: brioso o lírico cuándo la misma lo exigía. Excelente en el manejo de los tempi. Era la primera vez que dirigía ópera en España. Uno no se explica como no está presente en las temporadas de los grandes teatros de este pais. En su “debe”, resaltar el excesivo volumen que, en algún momento, mostró una excelente Orquesta Sinfónica de Galicia. Esta orquesta es un auténtico lujo. De entre los músicos de la misma, debo destacar a la flautista Claudia Walker quién, desde el atril del director y viendo la escena, dió perfecta réplica a María José Moreno en su escena de la locura en el duo de flauta y soprano.

Inteligente y aprovechando los escasos medios estuvo la dirección escénica de Alfonso Romero Mora. Telones pintados, escenografía minimalista y magnifico aprovechamiento de las luces. Debemos destacar que, durante el preludio, un ebrio Enrico buscaba a su hermana entre tres cadáveres amortajados con sábanas. También el cadáver de Arturo estaba presente, ensangrentado, en la escena de la locura y, en el “Tu que a Dio spiegasti l´ali”, un dolido Enrico se paseaba con el cadáver de Lucia en brazos, para acabar postrado de rodillas ante un moribundo Edgardo.  Cumplió su difícil cometido el coro Gaos, dónde estuvieron mejor ellas que ellos.

En definitiva, una gran noche de ópera.

or Daniel Diz