Macbeth en Valencia con Plácido Domingo

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Macbeth en Valencia con Plácido Domingo

Un nuevo Verdi se incorpora con éxito al repertorio del Palau de Les Arts de Valencia, Macbeth, de la batuta de Henrik Nánási y con las voces de Ekaterina Semenchuck y el incombustible Plácido Domingo en su primer rol de malvado verdiano.

Un nuevo Verdi se añade a la lista de producciones del Palau de les Arst que este año celebra su décimo aniversario con una temporada equilibrada entre propuestas de repertorio y óperas no tan habituales.

Tras la reposición de La Boheme ha subido a escena el malvado matrimonio shakesperiano que embrujó al compositor de Buseto y que tanto trabajo y discusiones con sus libretistas, primero Francesco Maria Piave y posteriormente Andrea Maffei dieron lugar a una obra tremenda en dramatismo suponiendo un avance en esa nueva dramatúrgia que buscaba Verdi en su obra.

El atractivo de la presencia de Domingo en el debut del que es su primer papel de malvado de la cuerda de barítono creó bastante expectación en medios y público que llenaron las diferentes funciones como es habitual cuando se presenta el gran divo.

Por tanto el éxito de taquilla y mediático ha estado asegurado, no así del todo el nivel artístico y musical.

La producción procedía de la Ópera de Roma basada en una producción original del Festival de Salzburgo bastante minimalista, con grandes espacios abiertos combinando una escenografía de volúmenes modernos y simétricos con un vestuario absolutamente historicista cuyo resultado era bastante contradictorio y no aportando gran cosa a la dramaturgia original.

El trabajo de iluminación de Joaquim Barth tuvo, y no es una ironía, luces y sombras, con momentos brillantes como la aparición de las Brujas pero en general fue pobre y sin otorgar la tensión necesaria a la obra, destacando más por una oscuridad fría que dramática.

Con este marco que poco ayudaba a un buen resultado la aportación desde el foso de Henrik Nánási fue irregular dentro de una corrección saludable para este título verdiano que se presentaba por primera vez en este escenario.

Todavía recordamos la muy buena prestación de este director húngaro en su debut en Valencia con la dirección de la ópera de Bartok El Castillo de Barbazul hace un año en versión semiescenificada. En esta ocasión tras una impactante introducción su recorrido directorial tuvo momentos irregulares, de gran inspiración y fuerza pero otros en que le falto el empuje necesario para insuflar desde la orquesta lo que el drama contaba, tal vez por querer más acompañar que dirigir.

Macbeth en Valencia con Plácido Domingo
Macbeth en Valencia con Plácido Domingo

Ese tanque que es la Orquesta de la Comunitat de Valencia estuvo dentro de su excelente nivel tanto como conjunto como en los diversos solistas que tuvieron sus momentos a lo largo de la obra siguiendo las indicaciones de la batuta que a veces abusaba de su fuerza poniendo en peligro la audición de los solistas. Lo mismo se puede decir del impactante e impecable Coro de la Generalitat Valenciana, destacando por su mágia escénica y musical la escena inicial de las brujas del primer acto, donde verdaderamente estuvo acertada la dirección escénica por su vestuario fantasmagórico-vegetal al crear esa sinérgia entre las tres brujas danzantes con los árboles-coro. Tal vez lo mejor de la producción como idea y resultado. Aunque no se pueda decir lo mismo de la dirección escénica del ridículo momento del coro de sicarios masculinos…y esto es lo que caracterizó esta producción: pocos momentos brillantes.

Los partiquinos del Centro de Perfeccionamiento y del mismo Coro que desarrollaron más de seis roles estuvieron correctos, así como algunos de los solistas como el Macduff de Giorgio Berrugi de instrumento de noble timbre, igual que el poderoso Alexander Vinogradov, gran Leporello de la producción de Maazel del 2006 en este escenario, y que estremeció en su aria “Studia il passo…Come dal ciel precipita”.

El matrimonio protagonista tuvo momentos individuales de gran brillantez sin embargo los dúos carecieron de feeling al estar más pendiente de la batuta y del apuntador sobretodo Domingo que debutaba el rol. Si bien su última intervención fue una nueva lección de maestría y fraseo, que hicieron olvidar los deslices o faltas de fiato de otros momentos, fue un papel que fue in crecendo a lo largo de la representación.

En cambio la que lo entregó todo desde el principio fue la mezzo rusa Ekaterina Semenchuck, conocida por el público valenciano por su Azuzena y Preciosilla de hace cuatro y dos temporadas respectivamente.

El instrumento de esta cantante es un diamante tallado con delicadeza que le permite matizar cada frase con la intención adecuada, un diamante con un haz de luz sonora que impacta por su presencia en cualquiera de sus registos sin que se rompa la unidad del mismo excepto por motivos puramente expresivos y dramatúrgicos. Otra de sus virtudes es su fuerza escénica, su mirada aterradora que ayuda en estos personajes atormentados de su cuerda.

Cualquiera de sus intervenciones desde el momento de la carta hasta el brindis o los dúos con Domingo fueron momentos mágicos y de lo más interesante de la velada.

Confiemos en poder seguir gozando de su arte en futuros proyectos de este u otros teatros nacionales.

No sabemos que nos deparará el futuro, pero lo que sí estamos seguros es que Domingo nuevamente nos sorprenderá con un nuevo proyecto que hará que le sigamos admirando como algo único y especie en extinción de la lírica.

Robert Benito