Mágica dirección de Kirill Petrenko en Lady Macbeth de Mtsenk

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Lady Macbeth de Mtsenk
Lady Macbeth de Mtsenk. Foto: W. Hösl

El objetivo de este viaje no era otro que asistir a esta representación, ya que contaba con la presencia en el podio de Kirill Petrenko y es él uno de los pocos artistas que justifican con su sola presencia cualquier viaje. Evidentemente muy altas eran las expectativas y se han cumplido plenamente en el apartado musical, contando con una atractiva e interesante producción escénica y un reparto vocal un tanto irregular, en el que ha brillado la protagonista.

Para la ocasión la Bayerische Staatsoper ha encargado una nueva producción al veterano (81) director de escena alemán Harry Kupfer, que ha sido uno de los grandes de la escena en los últimos 40 años, especialmente en la Staatsoper de Berlín. El trabajo de Harry Kupfer es atractivo, narra muy bien la trama, define perfectamente a los personajes y cuenta con una estupenda dirección de actores. A diferencia de lo que ocurre en tantas ocasiones, aquí la producción se pone al servicio de la ópera y no al revés.

La escenografía es obra de Hans Schavernoch y ofrece durante los dos primeros actos una gran nave de almacenamiento, donde se coloca en el frente un reducido espacio representando la habitación de Katerina Ismailova. La nave tiene una serie de puentes por donde se mueven los figurantes y el coro. En el tercer acto, en la fiesta de esponsales de Katerina y Sergei, se corta el fondo de la nave para hacer aparecer un cielo, significando que la vida de Katerina empieza a ser más libre. Finalmente, en el último acto estamos en una especie de presidio, con una masa de agua al fondo. Los tonos grises dominan en la escenografía. El vestuario es obra de Yan Tax y está llevado a la época del estreno de la ópera (1934), resultando adecuado en tonos grises, con excepción de la protagonista, que luce un vestuario en rojo en los dos primeros actos. Buena la labor de iluminación de Jürgen Hoffmann.

Al referirme a dirección musical, quiero resaltar el hecho de que en su día quedé impactado por la que ofreció Rostropovich en el Teatro Real. Han pasado 16 años y no se me ha olvidado, habiéndose convertido en referencia para cualquier otra representación de esta ópera. Pues bien, si aquella dirección fue extraordinaria, no lo ha sido menos la que ha ofrecido Kirill Petrenko en Munich. Las lecturas de este genio de la dirección son siempre una ocasión especial y es de los pocos directores auténticamente grandes. No se ha equivocado en absoluto la Filarmónica de Berlín al elegirle como nuevo director, sustituyendo a Simon Rattle. La dirección de Kirill Petrenko fue magnífica, milagrosa, con un dominio de la partitura espectacular en todo momento. Su lectura del último acto fue excepcional, llena de delicadeza e inspiración como uno tiene pocas ocasiones de vivir. ¡Qué grande es Kirill Petrenko! A sus órdenes la Bayerisches Staatsorhester parecía otra distinta a la de los dos días anteriores. Esta vez sí que ha demostrado que es una orquesta magnífica. A destacar también la actuación del Coro de la Bayerische Staatsoper, que tiene mucho que cantar en esta ópera.

La protagonista, Katerina Ismailova, fue muy bien interpretada por Anja Kampe, en una de las mejores actuaciones que le recuerdo. Esta cantante siempre ofrece una gran intensidad en escena y no ha sido ésta la excepción. En ocasiones surgen tiranteces evidentes en la zona alta, que le hacen bordear, cuando no sobrepasar el grito. No ha sido así en esta ocasión, ya que la tesitura es muy central y todo funciona perfectamente. Su actuación fue intachable, desde la joven llena de vida y deseos de la primera parte de la ópera a la mujer hundida del último acto, donde fue capaz de transmitir grandes emociones a la audiencia.

Lady Macbeth de Mtsenk. Foto: W. Hösl
Lady Macbeth de Mtsenk. Foto: W. Hösl

La parte de Sergei fue interpretada por el tenor ruso Misha Didyk, cuya actuación fue más convincente que en el repertorio italiano. Resulta adecuado en escena, mientras que no brilla especialmente en términos vocales, ya que su voz es ahora más mate que anteriormente.

Boris Ismailov fue interpretado por el bajo Anatoli Kotscherga. Su interpretación escénica fue intachable, pero vocalmente está en claro declive. Su voz se ha reducido de manera clara y está más apretado por arriba que antes.

El tenor ruso Sergej Skorokhodov fue un adecuado Zinovy, con voz bien timbrada y atractiva. Casi es un lujo su presencia en este personaje un tanto secundario.

El bajo Alexander Tsymbalyuk dobló como Jefe de Policía y Viejo Presidiario. Me resultó más interesante su prestación en este último personaje que como Policía en el acto III. La voz es importante en cantidad y calidad.

La mezzosoprano Anna Lapkovskaja lo hizo bien como Sonjetka, con voz atractiva y figura adecuada. El bajo Goran Juric fue un sonoro Pope, un tanto exagerado en escena.

En los personajes de contorno Kevin Conners lo hizo bien como el Harapiento, mientras Heike Grötzinger fue una correcta Axinja y Peter Lobert fue un adecuado Policía.

El teatro colgó una vez más el cartel de No Hay Billetes. El público se mostró un tanto frío durante la representación, dedicando una calurosa acogida a los artistas en los saludos finales, siendo las mayores muestras de entusiasmo para Kirill Petrenko y Anja Kampe.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración de 3 horas y 9 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 31 minutos. Diez minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La entrada más barata costaba 39 euros.

José M. Irurzun