Magnífico Mozart por el Orfeón Donostiarra en el Auditorio Nacional

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Magnífico Mozart por el Orfeón Donostiarra en el Auditorio Nacional
Magnífico Mozart por el Orfeón Donostiarra en el Auditorio Nacional

El pasado 26 de enero de 2016 Opera World, mediante este corresponsal, tuvo la oportunidad de asistir a uno de los conciertos de temporada organizados por Juventudes Musicales de Madrid. El programa era suculento, con la Misa de la Coronación y el Réquiem, ambos de Mozart (cuyo aniversario de nacimiento era al día siguiente), y contó con la presencia del Orfeón Donostiarra y la Orquesta de Cámara “Andrés Segovia”, dirigidos por el director titular del Orfeón, José Antonio Sainz-Alfaro. Los solistas para esta ocasión fueron Paloma Friedhoff, soprano; Adriana Mayer, mezzosoprano; Jorge Franco, tenor y Pablo García, barítono.

Pese a que al principio sorprendió el dispositivo de seguridad en el Auditorio Nacional, con policías revisando las mochilas de los integrantes del Orfeón, incluso, entendí el propósito de esto poco después: la reina emérita Doña Sofía asistiría al concierto. Un hecho no muy sorprendente teniendo en cuenta su amor por la música clásica, en particular Mozart, y el hecho de que es la Presidenta de Honor de Juventudes Musicales de Madrid. Aclarada la insólita situación y después de unos amables aplausos a Doña Sofía y a los músicos entrantes, nos dispusimos a escuchar el concierto.

El programa, como decía, se iniciaba con la breve Misa de Coronación de Mozart. En las excelentes notas al programa, escritas por Ana María Carvajal Hoyos se menciona que la corta extensión de la obra se debe a que está compuesta para el arzobispo Colloredo, y que la costumbre era que tuviera una orquestación completa pero la duración de una Misa Brevis.

La interpretación de la Misa fue excelente en todo momento. La cuerda sonó brillante y compacta y todos los instrumentos de viento supieron destacar en sus breves intervenciones. Algún crítico tendencioso sacaría a colación las violas, pero para mí estuvieron en su sitio siempre. Y qué decir del coro. Todos conocemos la reputación del Orfeón Donostiarra, y un nombre así no se gana fácilmente. Demostraron todas las buenas cualidades de un buen coro, sobre todo la variedad dinámica y la afinación. Los solistas estuvieron bien, destacando el solo del Agnus Dei de Paloma Friedhoff. Sin embargo, la Misa de Coronación no era sino un aperitivo de lo que vendría después.

El archifamoso Réquiem es una pieza que muy fácilmente se puede convertir en una parodia de si misma. Todo el mundo la conoce y es muy sencillo ir por el camino fácil y apostar por la espectacularidad antes que por la profundidad. Sin embargo, Sainz-Alfaro se decantó por una lectura severa y expresiva que en mi opinión es la que da mejores resultados con obras tan conocidas. Pudimos disfrutar de un Réquiem con multitud de planos sonoros, destacando sobre todo el pasaje fugado del Kyrie Eleison. Cuando el coro cantó por primera vez forte, en el Dies Irae, pudimos comprobar cómo es un conjunto que se reserva sus dinámicas para los momentos apropiados. Los solos, cuartetos y pasajes de los solistas con el coro fueron asimismo muy notables. Me gustaría señalar sobre todo el equilibrio sonoro que mantuvieron los solistas cuando cantaban todos a la vez. Quizá el trabajo de la soprano y el barítono brilló más, por ser las voces extremas, pero la mezzo y el tenor también supieron encontrar momentos de protagonismo. El Lacrimosa, la parte más peligrosa por ser la más conocida, fue sencillamente impresionante, con el coro dando su máximo potencial.

El público supo apreciar el magnífico concierto que había presenciado y correspondió con un gran aplauso que se intensificó cuando el director señaló al Orfeón, que había estado impresionante. Desde luego fue una gran tarde de música en el Nacional.

Miguel Calleja Rodríguez

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