Malos tiempos para la cultura

 

Aburre volver sobre el asunto de la crisis pero cuando lo que se nos viene encima es tan grave no queda otro remedio que volver sobre ello. Parece que los que nos dedicamos al mundo de la cultura y más específicamente al de la lírica vivimos en un mundo, el mundo de la fantasía imaginaria de la escena. Pero nos ha tocado vivir circunstancias muy graves en las que nada ni nadie se va a ver libre  de profundos cambios que no sabemos hasta donde van a llegar.

Nuestro país, con los recortes presupuestarios que se avecinan en estructuras vitales no puede permitirse el lujo de subvencionar una cultura de élite carísima por parte de las Administraciones del Estado. Los ciudadanos ignoran los millones de euros que cuesta mantener los teatros líricos, y cuando se enteren pueden exigir algo más que recortes. Y no será porque esto no se viera venir.

Nos tememos lo peor, y llegará. Algunos teatros tendrán que cerrar, como está ocurriendo en  otros países, y los que mejor salgan parados tendrán que reducir sus programaciones y su personal, porque están hipertrofiados –existen teatros de ópera que parecen ministerios. Inevitable. Mucho de esto vendrá dado por el derroche de los tiempos inmediatamente anteriores, a todas luces evidente y denunciado en bastantes ocasiones, especialmente en lo que concierne a los grandes teatros.

Los teatros y auditorios que han subsistido con presupuestos modestos, con programaciones interesantes pero también modestas, buscando apoyos privados y el apoyo del  público seguirán mal que bien adelante, pero el resto tendrá enormes dificultades, y cuando salgan a la luz las auditorias, veremos lo que se descubre.

Las próximas programaciones y presupuestos mejor será que tengan en cuenta estas circunstancias porque de lo contrario el drama, y no precisamente el que representan en escena, será más grave aún. Esto es imparable.

 

Francisco García-Rosado