Un Manon Lescaut en Bilbao bien servido con Ainhoa Arteta y Gregory Kunde

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Un Manon Lescaut en Bilbao bien servido con Ainhoa Arteta y Gregory Kunde
Un Manon Lescaut en Bilbao bien servido con Ainhoa Arteta y Gregory Kunde

Volvía Manon Lescaut a Bilbao tras casi 13 años de ausencia, presentando uno de los repartos vocales más atractivos de la temporada. El resultado global de la representación ha sido positivo tanto musical como vocalmente, algo menos escénicamente, con fallos evidentes.

Manon Lescaut fue la ópera que catapultó a Giacomo Puccini a la fama, aunque se trata de una ópera bastante irregular, a la que no ayuda mucho el libreto, del que la paternidad resulta más que confusa, habiendo incluso metido la mano en el mismo el propio Puccini. Se trata de una obra de calidad irregular, porque musical y dramáticamente no levanta el vuelo hasta bien entrado el segundo acto de la ópera. La comparación con la ópera homónima de Massenet es obligada (el mismo Puccini lo hizo), resultando la italiana más vibrante y apasionada en los dos últimos actos, mientras que en los dos primeros me parece más conseguida la del compositor francés. Pocas veces – si es que alguna – he visto al público entusiasmarse con el desarrollo de los dos primeros actos de Manon Lescaut, mientras que pocas veces he visto al público no vibrar en los dos últimos. En Bilbao se ha repetido la historia.

La producción ofrecida lleva la firma del británico Stephen Medcalf y procede del Teatro Regio de Parma, donde se estrenó en el año 2005. El trabajo escénico entra dentro de lo tradicional, limitándose a narrar la trama de manera eficiente, sin cambios de época ni originalidades, a las que tan dados son últimamente sus colegas de profesión. La escenografía de Jamie Vartan consiste en un escenario circular, al que se añade al fondo una supuesta diligencia en el acto de Amiens y un supuesto barco en el de Le Havre. Está bien conseguido el paso del segundo al tercer acto, en el que los espejos se convierten en celdas añadiendo unas rejas a los mismos. El vestuario, del mismo Jamie Vartan, resulta atractivo y fiel a la época de la trama. La iluminación de Simon Corder no ofrece mucho interés.

La dirección de escena no tiene nada de excepcional, ofreciendo la acción como recuerdos de Des Grieux, presente en un lateral de la escena, mientras se proyectan unos textos de la obra de Abate Prevost, en los que Des Grieux escribe en primera persona. El mayor problema de la producción estriba en el hecho de exigir dos intermedios y de más de 30 minutos cada uno. Una ópera que apenas supera las 2 horas de duración musical se alarga hasta cerca de las 3 horas y media, lo que resulta a todas luces excesivo. La verdad es que tampoco vi la necesidad de los dos intermedios y tan largos.

Al frente de la dirección musical estaba Pedro Halffter, el actual director musical y artístico del teatro de la Maestranza de Sevilla, donde él mimo ya había dirigido esta ópera en Diciembre de 2013. En aquella ocasión su dirección me pareció delicada, más próxima a Massenet que a la pasión desatada de Puccini. En este tiempo Pedro Halffter parece haber profundizado en la obra, ya que me ha resultado su dirección más apasionada y, por tanto, más adecuada para la música que escribiera Puccini. Bueno será recordar que fue el propio Puccini quien decía que su Manon era visceral y apasionada, mientras que la de Massenet era delicada.

En mi opinión la lectura de Pedro Halffter ha sido francamente buena, mejor que en Sevilla en la ocasión referida, y ha obtenido de la Orquesta Sinfónica de Euskadi una de de las mejores prestaciones que he escuchado de nuestras orquestas habituales en el foso del Euskalduna. No albergo dudas de que en ello ha tenido mucha influencia la figura de Pedro Halffter. El Coro de Ópera de Bilbao estuvo a un buen nivel.

El reparto vocal ofrecía el atractivo de la presencia de dos importantes cantantes en los personajes protagonistas de la ópera. Esto es siempre de agradecer.

manon 2

La protagonista era Ainhoa Arteta, que no había vuelto a cantar esta ópera desde la ocasión referida anteriormente de Sevilla en el año 2013. La evolución vocal de la guipuzcoana hace que encuentre su mejor empleo actualmente justamente en el verismo y su actuación resulta convincente en la segunda parte de la ópera. Muchas veces se habla de la necesidad de dos sopranos para cantar la parte de Violeta. Lo mismo se puede aplicar a esta ópera de Puccini, ya que en la primera parte lo adecuado es una soprano lírica, que evoluciona hacia una spinto en los dos últimos actos. Como pasa siempre con las buenas intérpretes de Manon Lescaut, quedan un tanto insípidas en los dos primeros actos. De hecho, se pudo notar en Ainhoa Arteta un vibrato excesivo durante el segundo acto, que hacía tiempo no se lo notaba. Su mejor momento vino en el último acto, en el que cantó con gusto y entrega, en una actuación emotiva por su parte.

Gregory Kunde era Renato Des Grieux, rol en el que, si no me equivoco, debutaba. Este estupendo cantante parece haberse afincado en nuestro país, ya que aquí es donde viene desarrollando su actividad casi en exclusiva. Desde el pasado mes de Agosto ha cantado en Peralada, La Coruña, Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia y Barcelona. No seré yo quien proteste de su frecuente presencia en nuestros teatros, ya que me parece un lujo contar con él. He tenido el privilegio de escucharle en todas las ocasiones referidas y siempre he disfrutado con sus actuaciones, aunque no todas han tenido la misma calidad, ni tampoco su adecuación vocal a los distintos personajes es la misma. En mi opinión no es Des Grieux un personaje que le va como otros. Yo eché en falta un mayor brillo en su timbre, eso que muchas veces se conoce como italianitá. Así como me ha impresionado muy recientemente en sus Otellos, especialmente en el de Rossini, no me ha convencido de la misma manera en esta ocasión.

El resto de personajes no pasan de ser de puro contorno. El barítono cántabro Manuel Lanza fue un adecuado Lescaut, mientras que Stefano Palatchi compuso un buen Geronte en escena, menos vocalmente. El personaje de Edmondo es más que un puro comprimario, ya que es muy expuesto vocalmente y Manuel de Diego no tiene suficiente volumen para cantarlo en el Euskalduna. Marifé Nogales también resultó un tanto corta para la parte del Músico.

El Euskalduna ofrecía una ocupación de alrededor del 85 % de su aforo. El público se mostró frío en la primera parte de la ópera, mostrándose más calido en los saludos finales con los dos protagonistas de la ópera, así como con Pedro Halffter.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 horas y 15 minutos (la Manon Lescaut más larga a la que nunca haya asistido), incluyendo dos largos intermedios y una parada entre los actos III y IV. Duración musical de 2 horas y 3 minutos. Seis minutos de aplausos.

La localidad más cara costaba 192 euros, costando la más barata (es un eufemismo) 83 euros.

José M. Irurzun

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