Maria Callas. El adiós a la diva de Fernando Fraga. Abril 2018.

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Maria Callas. El adiós a la diva de Fernando Fraga. Abril 2018.
Maria Callas. El adiós a la diva de Fernando Fraga. Abril 2018.

Pocos críticos en España pueden presumir del acervo callasiano de Fernando Fraga; por tanto, ¿quién mejor que él para darle cuarenta años después de su muerte otro hálito de vida a Maria Callas, la soprano por excelencia que más legiones de seguidores ha forjado para la ópera? Agotada la primera edición de Adiós a la diva, todo apunta a que habrá de convertirse en el libro más aclamado de su autor y por descontado en otra referencia obligada del extenso catálogo de Fórcola, una de las editoriales independientes más comprometidas no solo con la literatura y el ensayo sino también con la difusión de la clásica en nuestro país.

Hace tres años tuve oportunidad de reseñar en esta revista el ensayo de Fernando Fraga Simplemente divas (Fórcola, 2015). Un soberbio trabajo de investigación que demostraba una vez más la destreza de este crítico para amortiguar la impostación metodológica creando un discurso alternativo distendido, cercano, capaz de ofrecer al lector una atmósfera más ‘amable’ y sugerente del intricado devenir de las voces femeninas en la historia de la ópera. Imposible olvidarse tampoco del inteligente y distinguido sentido del humor de este estudioso incombustible que tanto ha contribuido a que sus trabajos hayan gozado siempre de una extraordinaria acogida entre los lectores como contrapartida, quizás, al plúmbeo y complaciente montante de semblanzas canoras que fustigan el mercado. Tras ese éxito de ventas el tándem perfecto formado por Fernando Fraga y el editor Javier Fórcola repiten jugada con El adiós a la diva, una de las biografías de Maria Callas que más regusto de compleción ha dejado en mí de todas cuantas he leído. Si ya en Simplemente divas, La Divina personificaba el contrapunto a la mediocridad, ahora, cuarenta años después de su muerte, se yergue impertérrita —y sin parangón— en la que sin duda alguna puede considerarse su biografía definitiva en español.

Someter a revisión a Maria Callas, uno de los máximos exponentes de la cultura del siglo XX, da un poco de vértigo. Cualquier trabajo que concierna a su carrera, o en su defecto a su agitada vida privada, deberá hacer frente a la ingente cantidad de información que ha ido viendo la luz durante cuatro décadas y que en pleno frenesí de la digitalización documental se ha multiplicado de forma exponencial. Pero Fernando Fraga es un investigador irredento que no se amilana fácilmente. Ducho en los menesteres documentales, lleva toda una vida mostrando su entusiasmo por todo lo relacionado con Maria Callas. Si alguien conocía —y fomentaba—cualquier avance en los estudios callasianos dentro y fuera de nuestro país, era él. Por eso tampoco a mí jamás se me habría ocurrido pensar en otra persona con más autoridad y recursos para sacar adelante un proyecto tan arriesgado. El tiempo récord que ha tardado en agotarse la primera edición demuestra, otra vez, que el éxito estaba asegurado.

El adiós a la diva es un libro muy meditado que ha sabido guardarse de los males endémicos del género biográfico. Quien tenga la suerte de leerlo notará en seguida que a su autor no le ha movido ningún interés ejemplarizante —reducto del secular afán por restituir la moral y la conducta cuando el personaje era políticamente incorrecto— porque es probable que estemos ante una de las biografías más descarnadas que se hayan escrito de Maria Callas. Siglos le ha costado a la biografía moderna volver al redil de la metodología histórica, aunque no andamos todavía muy sobrados de investigadores que se comprometan tanto como Fernando Fraga con brindar al lector una cosmovisión verosímil del personaje. También, por fortuna, nuestro autor parece haber hecho caso omiso a una práctica aún muy extendida entre los biógrafos que consiste en revolcarse en el fango de los recursos propios de la novela para dar un toque extra de dramatización al texto y rellenar, de paso, con ilusiones ópticas alguna que otra laguna documental. Se agradece igualmente que Fernando Fraga no haya mostrado un excesivo interés por recrear la psique de la soprano, es más, me atrevería a decir que intencionadamente ha pretendido lo contrario, regalarnos un confortable y mullido colchón documental para que seamos nosotros mismos quienes recostados en él saquemos nuestras propias conclusiones. No creo que exista hoy día un modo más eficaz —y saludable— de empatizar con los lectores. En definitiva, poco o nada tiene que ver la biografía de María Callas escrita por Fernando Fraga con aquel “género bastardo, sin pedigrí, nacido del matrimonio contra natura de la ficción y los hechos” al que se refería Virginia Woolf.

No dudo de que su vida fue apasionante, pero tengo el presentimiento de que si la hipersensible Maria Callas siguiese viva tendría escondida la cabeza como un avestruz, porque no es de recibo que se continúe hablando de ella con tanta frivolidad cuarenta años después de su muerte. Las injerencias entre la vida profesional y la vida privada de esta artista ‘legendaria’ ha llegado a tal extremo que a veces resulta, o a mí me lo parece, insoportable y odiosa. En ese sentido he recibido la biografía PONDERADA de Fernando Fraga como agua de mayo frente a la recurrente gratuidad ‘mitomaníaca’ de unos medios de comunicación ofuscados en homenajearla, qué ironía, recreándose en sus desdichas sentimentales sin apenas dar importancia —como si se tratase de un daño colateral— al revulsivo que supuso su irrupción en los escenarios precisamente cuando la ópera sufría una de sus más profundas crisis de identidad.

En El adiós a la diva se recoge una frase muy elocuente del crítico romano Rodolfo Celleti:  Maria Callas “no fue sólo una cantante sino una musicóloga”. Y es precisamente a ese perfil de la soprano (tan poco atractivo para el papel cuché) al que creo que nuestro autor ha sabido sacar mejor partido. Sin desmerecer, por supuesto, los capítulos dedicados a su pasado mortal que incluyen —además de sus hasta ahora poco estudiados primeros años de actividad musical en Grecia— un sinfín de datos inéditos que atañen a otros momentos cruciales de su vida. En esos pasajes se cuestionan muchos de los tópicos sobre la personalidad de Maria Callas que tanto han desvirtuado su imagen. Fernando Fraga apuesta por indagar en los testimonios existentes para mostrar al lector en qué contexto más o menos favorable se producían sus archiconocidas desavenencias con las personas que la rodeaban. Puede que uno de los grandes aciertos de El adiós a la diva haya sido mostrar de una vez por todas a la Maria Callas MUJER, con los mismos defectos y virtudes que cualquier otra. Me atrevo a decir que este autor logra dar otra vuelta de tuerca al género biográfico demostrando que ser un genio no te exculpa, pero tampoco te incrimina. ¡Sin que se resienta un ápice el glamour de esta artista, cuántos tópicos —al fin— se echan por tierra esta obra tan constructiva!.

Volviendo a la Maria Callas músico, es una auténtica gozada ir descubriendo a lo largo del libro cómo Fernando Fraga hace alusión a la práctica totalidad de los registros de su voz que se han conservado, aún estando unos en mejor estado que otros. Aunque El adiós a la diva es un libro imprescindible desde cualquier óptica, es con el minucioso análisis del inicio, evolución y declive de la particularísima voz de esta soprano donde más he disfrutado. No voy a ser yo quien descubra a estas alturas que nada pasa inadvertido al oído de uno de los mejores críticos de nuestro país. Esa virtud se traduce en que pocos lectores podrá resistirse a partir de ahora a actualizar su modo de escuchar las óperas de Maria Callas gracias a la sutileza con que Fernando Fraga, increíblemente, demuestra que aún quedaban en esta voz inconmensurable tantos y tantos matices por descubrir.

José A. Gil