Marnie, lo femenino hoy. La ópera de Nico Muhly se estrena en el MET

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Marnie de Nico Muhly en el Metropolitan de Nueva York
Marnie de Nico Muhly en el Metropolitan de Nueva York

Marnie, la ópera en dos actos de Nico Muhly, con libreto de Nicholas Wrigth, es el estreno de la temporada en el Metropolitan de Nueva York. Comisionada por el Met y producida al alimón junto a la English National ópera, Marnie se basa en la novela de 1961 de Winston Graham, que fue llevada también al cine por Alfred Hitchcock. Aunque el estreno mundial de la obra fue 2017 con la ENO, las retransmisiones de HD en directo que ofrece el Met han hecho que la obra cobre una indiscutible relevancia y actualidad, y esté dejando huella, con sus luces y sus sombras, en el panorama internacional.

Opera World asistió a la representación de Marnie del pasado jueves en el Lyncoln Center neoyorquino, que pasamos a detallar aquí.

Marnie, interpretada por la mezzo americana Isabel Leonard, es un personaje esquivo y ambiguo. Presa de sus traumas, Marnie cambia constantemente de identidad en una huida de sí misma que la embarca en una serie autodestructiva de delitos y mentiras. Sin embargo, pese al evidente lado oscuro de la protagonista de la ópera, nada es blanco o negro en este juego de identidades que plantea Muhly. Todo aparece velado tras un halo de calculada (a veces cabría decir impostada) ambigüedad.

Con Debussy y Janacek como claros referentes estilísticos (pero sin la profundidad musical de obras como Phelleas et Melisande), Muhly consigue esa atmósfera enigmática que pide la historia. Para ello, se vale de recursos tradicionales como el uso de las disonancias como elemento dramático, o la asociación de instrumentos y tonalidades a determinados personajes (el oboe y el do, en el caso de Marnie). En ese sentido, la obra es convencional, pese a que encontramos elementos característicos del hacer contemporáneo de Muhly como las referencias al canto litúrgico y renacentisma. Las escenas se suceden con naturalidad y buen pulso teatral, sin cortes abruptos. También destaca el uso hiperrealista de los números corales, posiblemente el elemento más relevante de la propuesta musical de Muhly.

El libreto de Micholas Wright es más bien flojo, abunda en redundancias y es autoexplicativo, en molesto contraste con la música.

En la producción que pudimos ver el jueves, firmada por Michael Mayer con dramaturgia de Paul Cremo y coreografía de Lynne Page, se presenta a Marnie como una mujer moderna para su época (años sesenta) hasta el punto de encarnar algunos de los paradigmas de la mujer de hoy, como la libertad sexual, la independencia económica o la igualdad de género. Rodeada de otras cuatro cantantes, sus Sombras, Marnie es un caleidoscopio fascinante de contrastes. Sometida a la opresión de una sociedad siempre hostil, sin hogar ni futuro, Marnie vive siempre en una estado presente en el que cada segundo es decisivo. Esta tensión se refleja en el escenario, compuesto de proyecciones que parecen mimetizar el inhóspito mundo interior de la protagonista.

Marnie de Nico Muhly en el Metropolitan de Nueva York
Marnie de Nico Muhly en el Metropolitan de Nueva York

Mención aparte merecen los figurines de Arianne Phillips, que arriesga jugando con colores vivos para Marnie y sus Sombras. Además de por su indiscutible calidad técnica, la apuesta de la diseñadora neoyorquina convence por su audacia cromática y su amabilidad visual.

Isabel Leonard fue la triunfadora indiscutible de la velada. Muhly escribió con acierto para ella el papel protagonista. Y el resultado es impecable. Con una emisión segura y estudiada, su canto suena muchas veces introspectivo, camerístico, casi meditacional. Su Marnie es seductora, sofisticada, doliente y vengativa a un tiempo. Su interpretación permite ver con claridad cómo el personaje se va haciendo más humano, que no mejor, con el transcurso de la obra. En su aria al caballo Forio, símbolo de su libertad y de la felicidad perdida en la infancia, el compositor abre las puertas del personaje al espectador. No cabe imaginar una cantante mejor que Leonard para interpretar esta parte.

Le dieron la réplica el barítono inglés Christopher Maltman en el papel de Mark Rutland, de hermoso timbre y dicción indiscutible, muy convincente interpretando a su complejo personaje; y el contratenor Iestyn Davies interpretando al libertino aunque honesto Terry Rutland, de gran presencia escénica aunque de menor aparataje vocal que su compañero.

Podemos calificar de indiscutible la interpretación de la madre de Marnie a cargo de la mezzo de Washington Denyce Graves, quizá demasiado americana en los ademanes, pero con una arrebatadora fuerza escénica y un poderío vocal que provoca fascinación.

El director de orquesta norteamericano Robert Spano supo sacarle jugo a la partitura y mantener la requerida tensión teatral. Estuvo especialmente acertado en la dirección del coro del Met, un conjunto que por otra parte se presta a esta y a otras muchas hazañas.

La ópera Marnie se revela pues como una obra notable por su acertada descripción del personaje principal que, en manos de una artista como Isabel Leonard, pasa a formar parte de la lista de heroínas y antiheroínas operísticas. Por su complejidad psicológica y sus posibilidades dramáticas, Marnie puede ser hoy el equivalente femenino a don Giovanni. De hecho el aria en el que se listan todas las identidades de Marnie remite irremediablemente al aria de catálogo mozartiana. No obstante, como suele ocurrir con este Nico Muhly, hay mucho material artístico que queda intacto en el mejor de los casos, cuando no manoseado en el peor de ellos. También hay elementos que por razones de espacio no podemos detallar aquí. Permítaseme referirme a la estupenda grabación de la ópera en HD que está accesible en la web del Met.

Con Marnie, el Metropolitan saca pecho una vez más y se confirma como una de las puntas de lanza de la producción de nuevos títulos, quizá más por inercia que por verdadera vocación creadora. Pero eso es otra historia.

Carlos Javier López