Master Class. Teatro. Madrid

170

Master-Class1
La auténtica María Callas
La soprano griega Maria Callas ha sido, en la Historia de la Ópera, una explosión maravillosa que abrió nuevos horizontes artísticos (musicales y escénicos), y cuya onda de propagación aun nos sobrecoge en nuestros días. Cuanto se escribe o se muestra de ella sigue concitando hoy un interés raro, en la época del aburrimiento posmoderno y las revoluciones de fin de semana.
Subido en parte a esa interesante ola de misticismo que acompaña a la malograda artista, Terrence McNally escribió Master Class, obra teatral basada en las clases magistrales que Callas impartió en la Juilliard School de Nueva York en los primeros años de la década de los 70. Estos días, tenemos ocasión de disfrutar de la actuación de Norma Aleandro en el papel protagonista, en los Teatros del Canal de Madrid.

Master-Class2
La obra permite conocer más de cerca la figura de Maria Callas, que da bastante de sí, más allá de los tópicos que todo el mundo conoce. Esa huida del tópico es, precisamente, uno de los aspectos más valiosos de Master Class. McNally parece claudicar ante el misterio de Callas: acepta la imposibilidad de abarcarla totalmente, y comienza a construir un interesante retrato a media luz que ya divierte con un humor acidísimo, ya apasiona con soliloquios un tanto efectistas.
Con una mujer en busca de sí misma, que ha dejado un poco de su corazón en cada obstáculo vital que ha encontrado, en cada noche sobre las tablas; y con una artista total que “comía música, bebía música, dormía música”, el drama está servido. Y si el espectador se deja llevar, descubre en la argentina Norma Aleandro, a una nueva Callas. Digo que hay que dejarse llevar, porque pese al trabajo impecable de Aleandro, Callas es un fenómeno inigualable, muy actual pese al tiempo transcurrido. Sabemos que en escena no está Maria, pero sí encontramos a una mujer que se mueve como ella, que siente como ella y sufre como ella sufría. “Nunca vi a nadie sufrir tanto en silencio”, diría de ella Elvira de Hidalgo.
Es difícil romper el cascarón fabricado por la propia diva, y bucear en el magma viscoso e incierto de sus secretos. Pero al acercarnos a la mujer que había detrás de la leyenda, descubrimos un ser contradictorio, obsesionada por alcanzar su ideal de mujer, físico y mental, entregada por igual al sacerdocio de un arte sublime y al culto insano a la belleza. “Nunca fui joven, no podía darme ese lujo”. Toda una historia vital de estoicismo y coraje, que a veces parece una pasión inútil.

Master-Class3
Pero así como la María Callas mujer se va diluyendo con el tiempo, y sus problemas sentimentales y familiares nos resultan cada día más lejanos a los aficionados a la música, su legado artístico perdura y resulta de una vigencia exultante. En este punto, Aleandro se acerca como en ningún otro momento a la verdadera Callas. Hay en la obra una búsqueda de la identidad de la artista a través de su servicio sin reservas al arte escénico de la palabra que se canta. Cuando la Callas de Master Class le grita a una de sus pupilas “Esto no es una ópera, es su vida”, tenemos la sensación de estar, verdaderamente, ante el mito.
El espectador sale de la sala con la sensación de que, pese a todo el dolor que la vida le deparó, María Callas contribuyó con su arte a “hacer del mundo un lugar más bello y más sabio”;  y, por ello, los ecos de su voz siguen guiando a tantos artistas, y sonando novedosos hoy, como lo harán mañana.
Carlos Javier López Sánchez
@CarlosJavierLS