«Medea» en Valencia. Crítica por Federico Figueroa

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Medea (L. Cherubini).
Valencia. Palau de Les Arts. 17.JUN.2012
Dirección musical: Zubin Mehta.
Dirección escénica y escenografía: Gerardo VERA.
Medea: V. URMANA. Neris: M. J. MONTIEL. Glauce: O. SALA. Creonte: D. BELOSELSKI. Giasone: S. SKOROJODOV. Jefe de la guardia: L. BERNAD. Primera sierva: B. SIMON. Segunda sierva: H. SHARVIT.
Orquesta de la Comunitat Valenciana. Coro de la Generalitat Valenciana.

La escenografía modular que Gerardo Vera diseñó para servir de marco a sus propuestas escénicas de Il trovatore y Medea en este Festival del Mediterráneo, funciona mucho mejor en esta segunda ópera. Visualmente es potente y permite la circulación de la masa coral con facilidad y belleza estética. Sin embargo, al igual que en la mencionada ópera de Verdi, la dirección de actores vuelve a ser el punto débil. Así lo evidencia en detalles como la primera aparición de la protagonista en escena, cuando ésta se presenta en la boda del ingrato Jasón con Glauce, en una descafeinada “aparición” entre los invitados (el coro y la figuración) de espaldas a los que dirigirá duras palabras, dejando sin sentido las palabras del guardia al rey Creonte. Y más chirría porque la solución más espectacular y lógica era la entrada de Medea desde la parte alta del graderío, quizá hasta dejando ver al público la discución con los guardias del paso a la celebración.

El lenguaje corporal de Medea, el personaje central y por tanto más desarrollado sicológicamente, se reduce a levantar los brazos con las palmas extendidas y deambular con más o menos fortuna por el escenario. Los enfrentamientos verbales con Jasón los plasma en un girar y girar uno frente al otro, casi siempre en líneas paralelas a la embocadura del escenario. De sobra está el presentar un par de muñecos ensangrentados como golpe visual en la escena final.

La temperatura (teatral) ha subido tanto que no hace falta nada. Muy mal habrán tenido que ir las cosas para que son sólo la música de Cherubini y el contundente texto que se trae entre manos no se logre tocar las fibras del público. Y más si durante la representación se sabe que en Grecia se está decidiendo el futuro del euro; que sus habitantes podrían ser una Medea despechada y matar el fruto de amor con Europa, que ahora se plantea repudiarla. Si ellos matan al euro, seguramente sufriríamos tanto como el argonauta. Y por supuesto que las cosas no iban nada mal en esta segunda representación, con un puntal tan sólido como la Orquesta de la Comunitat Valenciana brillantemente dirigida por Zubin Mehta, poniendo visceras y cerebro en una lectura musical maravillosa. La cantante lituana Violeta Urmana puso todo el empeño en hacer una Medea creíble desde el punto de vista musical, dado que no es un “animal escénico”, y consiguió transmitir la fuerza de la despechada hechicera con un centro terso y un registro grave autoritario. Sin embargo muchos de los agudos rozaban el chillido, especialmente en el primer acto. Arriesga mucho al enfrentarse a este tipo de personajes; el público la aprecia y le aplaude con fervor.

El tenor ruso Serguéi Skorojodov fue un Giasone de bello timbre y estilo, canto sin problemas su difícil parte. Estupendo el bajo Dmitri Beloselski, una voz de enorme caudal y magnífica calidad, dio brillo al personaje de Creonte. María José Montiel interpretó a Neris con muy buen gusto, tanto musical como escénico, y su aria fue una de las más aplaudidas.

La soprano valenciana Ofelia Sala fue una pálida Glauce, con la voz pobremente proyectada y sin los matices requeridos para mostrar los estados de ánimo de su personaje.

El coro deslumbró en sus cometidos y los tres personajes secundarios, interpretádos por jóvenes cantantes de la cantera del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo, cumplieron con cabalmente sus partes.

Federico FIGUEROA para Opera World