El mundo de los sueños de Pretty Yende

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Pretty Yende
Pretty Yende

Como su propio sueño hecho realidad, la jovencísima soprano sudafricana Pretty Yende presenta ya su segundo álbum en el sello Sony Classical, Dreams, tras el debut con A Journey. Y es que, tras descubrir con la edad de dieciséis años el arte de la ópera a raíz de la escucha en televisión del dueto de las flores de Lakmé de Leo Delibes que utilizaba un spot publicitario de British Airways, Yende ha experimentado un imparable ascenso artístico como cantante lírica hasta el día de hoy, después de haber obtenido los primeros premios en el Concurso Belvedere en 2009 y Operalia en 2011, hasta conseguir auténtico reconocimiento internacional debutando en el último minuto en el Metropolitan Opera House de Nueva York junto a nada menos que el tenor Juan Diego Flórez en la ópera Le Comte Ory de Rossini, repitiendo posteriormente con la misma obra en Viena.

La soprano lírico-ligera llega ahora con un recital de heroínas románticas italianas y francesas que experimentan su propio sueño, tan pleno de ilusión como tamizado por la locura. Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti es el paradigma de esta última, un rol que la joven soprano ha interpretado ya en multitud de ocasiones, en Berlín, Cape Town o París, con el que ha cosechado muy elogiosas críticas hasta el momento y del que la propia Yende reconoce que pensaba que nunca cantaría, simplemente porque no había visto demasiadas Lucias parecidas a ella. Sin embargo, su acercamiento aquí al enajenado personaje en su gran escena de la locura, aunque convincente, consigue un resultado desigual en definición psicológica.

Su instrumento no se nos antoja plenamente ligero, ya que posee una calidez y un poso vocal de cierta carnosidad, muy lírico, con mucha facilidad, eso sí, para las agilidades vocales. En este caso no ayuda demasiado la nueva cadenza de Lucia preparada ad hoc, en la que el exceso de coloratura, que se traduce en un punto de estridencia vocal por parte de Yende, desdibuja un tanto la composición satisfactoria del personaje y su gran riqueza expresiva, centrándose únicamente el interés, a nuestro juicio, en la capacidad de alcanzar notas elevadas.

Quizá la soprano sudafricana consigue captar con un mayor grado de refinamiento y riqueza de matices los papeles femeninos de las óperas de Vincenzo Bellini, el otro gran autor belcantista del que se incluyen dos grandes escenas de dos de sus óperas sobre libretos de Felice Romani, una de ellas de gran afinidad con Lucia: la escena final de la ópera La sonnambula. Aquí Yende sí utiliza en su justa medida sus medios vocales para brindar un retrato muy contrastado vocalmente del dulce personaje de Amina, que, tras su emotivo “Ah! Non credea mirarte” desemboca en el despliegue canoro de la vibrante cabaletta “Ah! Non giunge uman pensiero”. A su lado, la gran escena teatral que concluye La straniera belliniana vuelve a definirse por sus contrastes expresivos, y su mayor penetración dramática, y donde Yende como la extranjera Alaide muestra un registro grave inédito hasta ese momento en el aria inicial “Sono all’ara”.

Aún más satisfactorio resulta si cabe su incursión en el ámbito de la ópera francesa, donde comienza exhibiendo su fácil abordaje de las agilidades con el aria de Juliette a ritmo de vals del Romèo et Juliette de Charles Gounod, “Ah, je veux vivre!”, cantada en la tonalidad más alta de sol frente a la de fa. En el aria “O luce di quest’anima” de Linda di Chamounix de Donizetti la soprano vuelve a recrearse en el arte de las variaciones, optando de nuevo por la versión de registro más agudo. Del repertorio francés, la soprano se mueve a su antojo, regodeándose plenamente en el terreno de la agilidad, con las escalas, picados y florituras de toda clase que le brinda el distinguido aria “Ombre légère” de la infrecuente ópera Dinorah (subtitulada Le Pardon de Ploërmel) de Giacomo Meyerbeer, pieza de contrastes en la que el personaje titular se dirige a su propia sombra, y donde Yende hace completamente suyas la dicción vocal y el estilo canoro netamente francés.

Es de agradecer que en este disco se respete la continuidad de cada una de las escenas seleccionadas de Lucia di Lammermoor, La straniera y La sonnambula, incluyéndose íntegras sin ningún tipo de cortes en el desarrollo musical, lo que ayuda a disfrutar con mayor intensidad sus secuencias dramáticas. El maestro Giacomo Sagripanti conduce con ligereza y cierta carencia de refinamiento en cuanto a la creación de climas y texturas a la Orquesta Sinfónica de Milán “Giuseppe Verdi” (y es de suponer que también a su más bien discreto coro, pues no se especifica en el disco), y aunque concertando con habilidad, muestra en general un punto de urgencia que se hace más patente en la stretta final de todas las scenas. Secundan a la soprano sudafricana un plantel de cuatro solistas que cumplen en sus partes concertantes. Destacan el color y vehemencia del tenor Piero Pretti, la firmeza del bajo Carlo Lepore, y las correctas aportaciones del barítono Mattia Olivieri y la mezzo Ilaria Sicignano.

 

Germán García Tomás