Nabucco en Málaga: la ópera no es un espectáculo en vías de extinción

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Nabucco en Málaga. Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes
Nabucco en Málaga. Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

La temporada lírica en Málaga comenzó con esta nueva producción de la ópera Nabucco, una de las más populares y difíciles del compositor de Busseto, y continuará con recitales, conciertos y Tosca. Las dos funciones programadas de este Nabucco colgaron el cartel de “no hay localidades” lo que demuestra, una vez más, que la ópera no es un espectáculo en vías de extinción, sino todo lo contrario. Luis Cansino asumió el personaje epónimo de la obra, que ya ha paseado con éxito por otros escenarios europeos, con acentos verdianos genuinos. Sus medias voces, siempre audibles, su generoso registro central y potentes agudos, aunados a una marcada capacidad histriónica, logran construir y transmitir un carácter propio del rey de Babilonia. En el muy difícil personaje de Abigaille, la soprano Maribel Ortega logró un acabado de primer nivel. Su instrumento canoro parece hecho a la medida por extensión, volumen y ductilidad que sabe aderezar con el adecuado temperamento. El bajo José Antonio García (Zaccaria) graduó con inteligencia sus intervenciones, exhibiendo un contraste interesante en la modulación de su recia voz. La mezzosoprano María Luisa Corbacho fue una Fenena de gran caudal sonoro, bien apoyado y articulado, y bello timbre. El Ismaele de Javier Agulló fue enérgico, implicado en la escena y no menos brillante en lo vocal. El tenor ilicitano exhibió un instrumento sólido, seguro en el registro agudo y una buena dosis de musicalidad. Solventes todos cantantes los comprimarios (Olgo Bykova como Anna, Jesús Gómez como Abdallo y Ángel Rodríguez como el Gran Sacerdote de Baal). El Coro de Ópera de Málaga, preparado por Salvador Vázquez, estuvo aplicado en toda la representación y sobresaliente en el célebre “Va pensiero”, logrando una gran ovación por parte del público. La Orquesta Filarmónica de Málaga consiguió una gran trabajo bajo la batuta de Arturo Díez Boscovich. La lectura de este joven director, entusiasta y con marcados matices, con sostenida tensión y cuidado en los decibelios, sumó puntos en el bien logrado trabajo de conjunto de orquesta, coro y solistas. Esta nueva producción está firmada por Ignacio García y con ella se pretende una actualización del drama hebreo. La situación nos lleva a Palmira en los tiempos que corren, con esos acontecimientos que día tras día vemos en los telediarios. La escenografía única (Alejandro Contreras), formada por los restos arqueológicos de la ciudad mencionada y pantallas en ambos costados y en el fondo del escenario; y el escaso movimiento de la masa coral, sólo los solistas mostraron soltura en el trazo actoral, llevaron a un estatismo casi general, a ratos al filo del aburrimiento. Las pantallas proyectaban imágenes de ciudades bombardeadas y también informaban, en una especie de informativo de televisión, de los entresijos de la trama. Cuando el uso de proyecciones y videos es constante, la iluminación (firmada por Jorge Elbal) puede comprometerse seriamente. En este caso el resultado es satisfactorio, sobrio y eficaz. El vestuario (Ana Ramos) utilizó una amplia gama de colores y formas, consiguiendo resaltar y hasta confundir. El coro utilizó túnicas negras y blancas; y en la escena del coro de los esclavos hebreos llevaban los monos naranja de Guantánamo. En su totalidad es una propuesta escénica de interés y bases sólidas. En los próximos días se podrá ver en la Ópera de Vigo.  

Federico Figueroa