Netrebko, Beczala, Rachvelishvili y Maestri, póker de voces en la Gala de Año Nuevo del Met

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Gala de Año Nuevo del Met. Foto: Ken Howard / Met Opera
Gala de Año Nuevo del Met. Foto: Ken Howard / Met Opera

La Metropolitan Opera de Nueva York le dice adiós a 2018 con el estreno de una nueva producción de Adriana Lecouvreur, la ópera de Francesco Cilea, que vuelve al MET tras años de ausencia. Así como la inolvidable Renata Tebaldi fue la gran Adriana del MET de mediados del siglo pasado, en esta ocasión es Anna Netrbko la que toma el testigo en el papel de la actriz enamorada. 

La superestrella rusa no está sola en su papel titular, ni mucho menos. Para este estreno de Nochevieja, el Met ha contado con el solvente tenor polaco Piotr Beczala (Maurizio), la extraordinaria mezzo de Georgia Anita Rachvelishvili (la Princesa de Bouillon) y el barítono de Pavía Ambrogio Maestri (Michonet). A la batuta en el foso, el infalible director milanés Gianandrea Noseda. La ópera se retransmitirá en directo en cines el 12 de enero.

En el vestíbulo que da a la plaza del Lincoln Center, en parte ocupado por las mesas de la fiesta de Año Nuevo, señores de esmoquin y señoras de largo discutían acerca de la pronunciación correcta de Rachvelishvili y se hacían fotos con el móvil, copa en mano. Poco debate parecía dejar pues esta romántica y aristocrática producción del director de escena escocés David McVicar, con escenografía de Charles Edwards, que recrea el ambiente teatral en línea con el libreto, pero que va de más a menos. La puesta escena ya se vio en la Royal Opera House de Londres en Noviembre de 2018, y es una coproducción con el Liceu de Barcelona, la Staatsoper de Viena y la Ópera Nacional de París. Una vez más, hay que aplaudir el fantástico trabajo de la diseñadora de vestuario de la diseñadora alemana Brigitte Reiffenstuel, con unos figurines clásicos pero muy actuales, que no distraen y que emocionan por su belleza y cuidada factura. Algo más gruesa fue la iluminación de Adam Silverman que tuvo, permítaseme la primera broma de este 2019, luces y sombras. Por otro lado, pocos peros podemos ponerle a la coreografía de Andrew George, tan delicada como expresiva.

Así las cosas, lo que parecía ser otra tarde de triunfo de la Netrebko en el Met, se convirtió más bien en un festival canoro en el que los cuatro personajes principales competían en lucimiento y excelencia. La propia Anna Netrebko ofreció una Adriana Lecouvreur muy trabajada en lo actoral. La artista ha mejorado mucho en este apartado, de modo que ahora su aparición en escena tiene el misterio y el magnetismo que se le supone a una grande del canto. En cuanto a lo meramente canoro, la soprano rusa no sorprendió. La voz ya no se proyecta con la frescura insolente de su juventud; más bien, viaja sobrevolando la partitura, posándose en algunos pasajes y dejando otros más exentos, como apuntados tan solo, según la voluntad de la artista. El timbre, ligeramente oscurecido, sigue sonando limpio y lleno de armónicos. Pero el sonido se ha espesado y la gravidez del vibrato y la pérdida de tersura propias de una artista madura están ahí. El sonido de Netrebko alberga algo de misterioso, pues tiene ese tipo de belleza que detiene, más allá de cánones estéticos. De esta suerte, su Poveri fiori, por ejemplo, cautivó por la delicadeza de la línea, la media voz cargada de matices, las notas apianadas del comienzo y el cierre de la página… El resultado de todo ello es una Adriana creíble y sólida, emocionante y misteriosa, un gran retrato del personaje. La soprano de Krasnodar fue braveada por el Met en una ovación merecida, pero que parecía ganada incluso antes de salir a cantar. 

Gala de Año Nuevo del Met. Foto: Ken Howard / Met Opera
Gala de Año Nuevo del Met. Foto: Ken Howard / Met Opera

El tenor polaco Piotr Beczala estuvo muy por encima de su rol de Mauricio. El tenor es uno de los mejores del momento, por su dicción impecable, la musicalidad de su fraseo, su técnica sólida y observante del estilo. Es una gloria escuchar su canto en plena forma, su emisión fácil, expansiva y sensual. Sus agudos clavados en todo lo alto, sostenidos con insolencia en el aire del Met, tienen ese aire añejo de los tenores del siglo pasado. El artista disfrutó en escena, y se le vio cómodo como pareja de Netrebko, una cantante que conoce bien y con cuya voz su sonido empasta en feliz armonía.

Pese a las virtudes de la pareja protagonista, tanto Anita Rachvelishvili como Ambrogio Maestri brillaron en sus respectivos papeles. La Rachvelisvili, que tiene maravillada a la afición del Met, sigue en vena, y su voz parece crecer con cada actuación. El instrumento está en sazón, y las notas suenan con una riqueza y un color sin parangón hoy. Sin duda, la mezzo de Tbilisi es la cantante que pide el rol de la Princesa de Bouillon, muy similar en tantos aspectos a la Amneris que ya bordara en otoño con el Met, también junto a Anna Netrebko. Se atisba cierta suspicacia entre las dos cantantes, enfrentadas sobre las tablas y, de un modo simbólico, también fuera. No es fácil ser Anna Netrebko y que la mezzo te haga sombra… Sea como fuere, ambas cantantes son dos de los activos más relevantes de este Met que sufre en ocasiones para mantener ese nivel de excelencia autoimpuesto.

El barítono Ambrogio Maestri, que será Falstaff en primavera en Nueva York, tiene esa garganta reposada y recia que suena con la belleza de innumerables representaciones. Su conexión con Noseda dio lugar a momentos muy bellos. Hay mucha sabiduría en el arte de Maestri, que fue capaz de crear un Michonet tierno y encantador, inolvidable por su humanidad. De alguna manera, Maestri se las ingenió para crear su ópera paralela, en la que su amor beatífico por Adriana ablandó al público del Met, más interesado por la bonhomía y la generosidad de Michonet que por la trama principal de celos y política. 

También gustaron el tenor Carlo Bosi (Abate Chazeuil), acaso demasiado inquieto en escena pero muy solvente en lo vocal; y el eficaz bajo italiano Maurizio Muraro como el Príncipe de Bouillon, que siempre cumple con creces, y más en este papel por debajo de sus capacidades.

Quienes apostaron por pasar la última tarde del año 2018 en el Lincoln Center de Nueva York, pudieron disfrutar de una Adriana Lecouvreur muy bien servida, con un extraordinario cuarteto de cantantes principales que hicieron las delicias de un público en una tarde en la que la voz reinó y la ópera era lo de menos. 

Adriana Lecouvreur se representa en enero en la Metropolitan Opera House de Nueva York  los días 4, 8, 12, 16, 19, 23 y 26. La matiné del 12 será retransmita en directo en alta definición.

Carlos Javier López