Norma en el Teatro Colón de Buenos Aires: Bel canto con belleza vocal y armonía plástica

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Norma en el Teatro Colón de Buenos Aires
Norma en el Teatro Colón de Buenos Aires. Foto: Parpagnoli/TC

Bellini logra con su Norma la obra maestra que asegurará su inclusión dentro de la lista de los grandes maestros de la lírica y esto no porque sus óperas anteriores carecieran de méritos sino porque esta los reúne en una proporción difícil de igualar en la escuela del bel canto.

La efectiva combinación de una historia que nos muestra la transición del clasicismo al romanticismo (pensemos en los puntos de contacto entre este argumento y el de Medea) con una música de alta inspiración y de fuerte impacto dramático donde cada coloratura responde al drama y no al decorativismo o al lucimiento de la diva de turno; la elegancia de la línea y la bella inventiva melódica; aseguran su perduración en el repertorio, siempre y cuando se cuente con cantantes (particularmente la protagonista) que resistan las exigencias de uno de los roles más difíciles del repertorio. Ya decía la legendaria Lehmann –“Prefiero cantar tres Brunhildas a una Norma”.

Y recordemos que el mismísimo Wagner, tan impiadoso con los compositores italianos en general, admiraba la partitura de Bellini considerándola una obra de alta calidad; en tanto que Chopin no disimulaba su fascinación por el autor de Norma.

El Teatro Colón de Buenos Aires optó por cerrar su temporada 2019 con este título y asumir el desafío que conlleva programarlo… y logró un éxito interesante en la lisa, aún teniendo que salvar ciertas dificultades como el reemplazo de algunos cantantes y la reprogramación de fechas (lo que disminuyó la cantidad de ensayos y de funciones) producto de la reunión del G20 en Buenos Aires.

Mario Pontiggia nos planteó una dirección de escena que se sostuvo en respetar la supremacía de la belleza musical y de su impacto dramático el que sabe imponerse por sí mismo sin necesidades de “interpretaciones” o “resaltados” fura de estilo, de época o de texto. La acción centrada en los tres protagonistas fue bien marcada y los conflictos resultaron claros y potentes desde lo escénico.

Norma en el Teatro Colón de Buenos Aires. Foto: Colombaroli/TC

Las masas fueron movidas creando cuadros de bello resultado plástico, para lo que colaboraron sobremanera las bellas escenografías pintadas de Enrique Dartiguepeyrou y Claudia Bottazzini, el exquisito vestuario de Aníbal Lápiz y la eficaz iluminación de Rubén Conde.

En resumen, desde lo escénico una puesta bella e inteligente, que deja que la obra se luzca por sus propios méritos y eso, en los tiempos que corren, es bastante decir.

Anna Pirozzi nos entregó una Norma que fue de menor a mayor a lo largo de la función. Gran voz (con mucho de la bella escuela italiana en potencia y línea), de interesante timbre y buen fraseo, clarísima dicción y comprensión de los requerimientos de la partitura en un rol de los más exigentes del repertorio.

En su haber tiene ya otros grandes roles dramáticos y Norma será indudablemente uno de sus más bellos logros si lo sigue enfrentando con la profundidad y dedicación que merece y supo demostrar. Brava!

La Adalgisa de Annalisa Stroppa fue servida con una bella voz que, si bien no alcanza el volumen de la Pirozzi, sabe hacer correr con sapiencia técnica, demostrando un trabajo a conciencia de gran artista. Se agradece!

Convincente en lo escénico, bello timbre y línea limpia a la hora de enfrentar las exigencias del rol. Sus dúos con Norma se guardarán por mucho tiempo en nuestra memoria.

El Pollione de Héctor Sandoval tuvo que medirse con dos voces de la envergadura de las protagonistas femeninas con lo que su imagen resultó un tanto empañada. Tenor lírico que encara también algunos roles spinto, la comparación le resultó dañosa y si bien no cantó mal, la memoria de su intervención no será perdurable.

Fernando Radó, que había sufrido un accidente que le imposibilitaba desplazarse por sus medios por la escena y que, por ello, era transportado en silla de manos por dos acólitos, nos entregó una bellísima labor en la que lució su bello timbre de bajo cantante y su fiato seguro.

Muy bien Guadalupe Barrientos como Clotilde.

El Coro tuvo una interesante labor musical. Se mostró homogéneo y sutil.

La dirección musical del Mtro. Renato Palumbo obtuvo un buen resultado de la Orquesta Estable y demostró su sapiencia y oficio dentro de un repertorio que domina, disfruta y hace disfrutar.

Buenos Aires volvió a conmoverse por este drama y las ovaciones que cerraron la velada dieron cuenta de la satisfacción del respetable público.

Prof. Christian Lauria