Norma llega con tibieza a la Maestranza de Sevilla

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Norma llega con tibieza a la Maestranza de Sevilla

Norma, uno de los títulos más destacados de Vincenzo Bellini, y muestra ejemplar del bel canto decimonónico, llegó a la Maestranza en una producción diseñada por Alberto Fassini para el Teatro Regio de Turín y dirigida para la ocasión por Vittorio Borrelli. Para su puesta en escena se ha contado con un elenco de solventes cantantes, de gran capacidad expresiva, que sin embargo no pareció entusiasmar al público de la Maestranza, que respondió con tibieza a las magníficas interpretaciones llevadas a cabo en el escenario.

La tragedia de tintes míticos representada en Norma es, sin duda, un paradigma de la ópera romántica. La predilección de Bellini por los dramas ambientados en el pasado, y la magnífica reconstrucción que Felice Romano realizó de un triángulo amoroso avocado al fracaso, son las claves para construir una historia que ha dejado para la lírica algunas páginas memorables, destacando sobre manera el aria “Casta diva” con la que la sacerdotisa Norma se presenta en escena. El amor de esta mujer por el procónsul romano Pollione es llevado casi hasta la locura y empañado por tintes de traición al darse cuenta de que su amado prefiere a la joven Adalgisa; ello le hace cometer acciones en contra de su condición como madre y como sacerdotisa, lo que finalmente es redimido en la pira ritual ante la resignación y el orgullo de su padre Oroveso.

La escenografía de este drama resultó de lo más original y efectista, transportando a la audiencia a un atemporal paisaje de la Francia antigua, en los míticos tiempos de los druidas y la ocupación romana. Unos amplios paramentos rocosos se desplazaban por el escenario dejando entrever los espacios argumentales de la obra que se representaban en los telones de fondo: el campamento romano, el hogar de Norma y su familia, el bosque sagrado donde se reúnen de los druidas, el templo de Irminsul, etc. De este modo, con una efectiva sencillez de elementos escénicos, la acción estuvo muy oportunamente ambientada. Cabe destacar los esfuerzos en la iluminación, que utilizó luces indirectas y gamas cromáticas para esbozar un halo de misterio y remembranza de lo antiguo, si bien el constante uso de filtros teñía excesivamente algunas escenas. El vestuario fue otro gran acierto, pues destacaba elegantemente pero sin estridencias a los protagonistas de las masas de galos, druidas y guerreros que a menudo pueblan la escena.

Norma llega con tibieza a la Maestranza de Sevilla

En lo vocal, la producción de Norma presentada en la Maestranza estuvo muy homogénea, habida cuenta del considerable peso musical que soporta el trío protagonista en torno al cual se desarrolla esta historia de amor, celos y renuncia. De los tres, quizás el más flojo fue el rol de Norma, que en un principio estaba previsto que lo interpretara la soprano norteamericana Angela Meade, pero que por motivos de salud tuvo que ser sustituida en el último momento. La soprano Daniela Schillaci defendió muy dignamente el papel ante un público no especialmente receptivo. Sus dotes interpretativas, puestas al servicio del complejo personaje de la sacerdotisa, fueron bastante satisfactorias; no hay que olvidar que estamos ante una página de la lírica de suma dificultad, y quizás algunos desajustes en lo musical deslucieron su intervención, que en conjunto estuvo a la altura de la producción.

Mayor relevancia y presencia tuvo la mezzosoprano Sonia Ganassi, cuya potencia vocal y agilidad se pusieron al servicio de Adalgisa, un rol que a menudo comparte el protagonismo con Norma. Sus intervenciones fueron oportunas y timbradas, y en los dúos con la soprano Daniela Schillaci destacaba por su mayor musicalidad y la calidez de su interpretación; igualmente acertada estuvo en sus diálogos con el tenor Sergio Escobar, que encarnaba a Pollione. También en solitario brilló su calidad en la coloratura y riqueza de armónicos, como en el aria “Sgombra è la sacra selva … Deh! Proteggimi, o Dio!”.

En cuanto a los papeles masculinos, sin duda el de mayor impacto e importancia fue el de Sergio Escobar, que defendió sublimemente su papel del procónsul Pollione. La variedad de registros mostrados en escena, unido a una voz de gran proyección y limpieza tímbrica, señalan a Sergio Escobar como una de las grandes voces de la lírica española. Se puede decir que el papel de Pollione es un reto para cualquier tenor, por tratarse a menudo de un canto spinto que debe superar la sonoridad orquestal a la vez que acentúa el contenido semántico del texto; en este sentido, la intervención de Sergio Escobar fue magnífica, destacando en la cavatina y cabaletta “Meco all’altar di Venere” del primer acto.

También muy acertado, aunque en un papel más discreto que los tres ya comentados, estuvo el bajo Rubén Amoretti como Oroveso, con sendas intervenciones en ambos actos que representan un alarde de técnica vocal aplicada al registro grave masculino. Por último, las breves intervenciones de Mireia Pintó como Clotilde y Vicenç Esteve Madrid como Flavio fueron estupendas, pese a lo breve de su papel.

Finalmente, cabría realizar una mención especial al director de la orquesta Maurizio Benini. Experto conocedor del repertorio belcantista, supo extraer de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla un sonido muy a propósito para la partitura representada, optimizando los recursos sonoros y primando el papel de los vientos, para dar así más patetismo a la acción.

Gonzalo Roldán Herencia