Nueva York Philharmonic en el estreno mundial de Prisoner of the State de David Lang

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Prisoner of the State
Nueva York Philharmonic en el estreno mundial de Prisoner of the State de David Lang

El pasado jueves asistimos al estreno absoluto de ´prisoner of the state´, obra para cuatro solistas, coro y orquesta de David Lang, a medio camino entre la ópera y el musical. El exitoso compositor americano sigue la estela del Fidelio de Beethoven y compone música y libreto de una nueva obra de teatro musical con el mismo argumento.

La representación tuvo lugar en el David Geffen Hall, la sala habitual de la New York Philharmonic, habilitada en esta ocasión con un estrado superior en el que sitúan los presos, que ven todo desde un nivel superior; y con una extensión del escenario que sitúa a los cantantes muy cerca del público. Todo ello creaba, con gran economía de medios, el efecto deseado. Matt Saunders firmó la escenografía de ´prisoner of state´, y consiguió que la obra de Lang alcanzara el relieve adecuado, y transmitiera con eficacia su mensaje. En cuanto al tratamiento formal más allá de la escenografía, la iluminación de Maarten Warmerdam tenía la dificultad añadida de llevar la obra a una sala de conciertos. Warmerdam consiguió su cometido, si bien hay que afearle una propuesta demasiado intrusiva con los personajes.

Más musical que ópera, el texto en inglés dibuja una historia que discurre en paralelo con Fidelio, eliminando papeles secundarios (aquí solo vemos a los anónimos Asistente, Carcelero, Preso y Gobernador), y laminando cualquier rastro de naturaleza amorosa o sentimental. Salvo algunas canciones o momentos más cálidos, la obra adolece de calor humano, y no cae en la asepsia total gracias al elocuente tratamiento orquestal y la eficacia minimalista del libreto, tan escueto que los personajes parecen actuar fruto de la alucinación más que movidos por pasiones y anhelos sinceros.

Este prisoner of the state está lleno de detalles, comenzando por el propio título que, si bien pone el foco en el prisionero y no en su rescatadora, recurre a una vez más a las minúsculas en el título, con una humildad que la obra se encarga pronto de desmentir. En una apuesta decididamente política, Lang incide en el coro de presos y dispone a la orquesta en el centro del patio del presidio, como si la música fuera presa y juez, víctima y verdugo en cuanto sucede. Lo visual estuvo mucho más desarrollado en una partitura que abunda en lo arrollador del poder político exterior, en contradicción con la pureza de la esfera de la libertad individual.  Por todo ello, a Lang le ha quedado un musical épico-político escorado a la izquierda que sufre para encontrar una brecha en el ideario del público blanco y adinerado de Nueva York, tan cómodo en el siempre beneficioso (al menos para ellos) imperio de la ley.

Jaap van Zweden dirigió con fiereza a la New York Philharmonic y consiguió momentos muy emocionantes, donde la orquesta supo sacar lo máximo de la recia e inteligente partitura de David Lang. Esta vez, las cuerdas tuvieron un papel más secundario. La partitura les tiene reservados momentos de especial dramatismo, pero siempre breves. La mayoría del tiempo son empleadas por Lang para apoyar rítmicamente a los instrumentos de vientos, así como en un bajo continúo carente de discurso melódico.

En el momento álgido de ´prisoner of the state, el Asistente, a la sazón la esposa rescatadora del Prisionero, dispara su pistola contra el gobernador. Nada parece ocurrir, pero entonces un solo de chelo rompe el incómodo silencio, en lo que se antoja un homenaje indisimulado a Beethoven. La orquesta responde con un concertante que va creciendo en intensidad  mientras los solitas y el coro se unen progresivamente en un finale muy emocionante.

El personaje del Asistente, homólogo de Leonora, corre a cargo de Julie Mathevet. La soprano vadeó con éxito su aria en entrada aunque el pequeño tamaño de su voz la hizo desaparecer bajo el coro y la orquesta cuando estos se empleaban a fondo. Su personaje va de más a menos, pues pasa de una interesante y bien estructurada aria-canción inicial y va perdiendo peso en el transcurso de la obra, en comparación a la potencia de los personajes del Carcelero y el Gobernador, pero sobre todo al lado del Prisionero.

Florestán pierde su nombre en la obra de David Lang, que lo sitúa por encima de todos los solistas. El barítono Jarret Ott fue el encargado de darle vida, en la noche que fue también de su estreno con la New York Philharmonic. Encerrado injustamente, el Prisionero encarna la esencia del presidiario. El compositor concentra gran parte del mensaje en este personaje, que tan solo parece al final. Por ello, no hay tiempo suficiente para ir desgranando todo el material político-filosófico que Lang le tiene encomendado. El personaje habla con una clarividencia difícil de creer por su profundidad. De esta suerte, el Prisionero más parece un eremita, un sabio ermitaño, que un preso moribundo. Tal es su alucinación, que no se inmuta al descubrir que está ante su mujer y ni pestañea cuando esta le dispara al gobernador. El Prisionero es, por tanto, un personaje omnisciente, no tiene miedo , no siente amor, solo el dolor físico del cautiverio y la gracia del que conoce el sentido último de la libertad y la dignidad humana. Pese a la enorme calidad de la música de David Lang, se entiende que el personaje resulte poco creíble y menos aún amable. Aunque su peso en el libreto justifica el título de ´prisoner of the state´.

El tenor Alan Oke fue el Gobernador. El papel toma relevancia al ser la encarnación del poder corrupto, pero asusta poco porque la música no consigue representar ese poder descarriado con suficiente convencimiento. Tampoco la tipología vocal ayuda; ni la voz de Oke, de fea emisión, color variable y timbre ajado. Aunque su intervención principal Better to be fear se culminó sin gran relevancia vocal, la página sonó intimista, cercana al musical, de intrigante e insidiosa melodía.

Vocalmente, lo más destacado vino de mano del célebre bajo-barítono americano Eric Owens en el papel del Carcelero. Desde su triunfo en Operalia, la carrera de este talentoso cantante no ha parado de ganar importancia, al punto de que, pese a su juventud, Owens es uno de los cantantes más importantes de su cuerda, indiscutible en plazas como el Met, donde su Alberich en el anillo de 2010 aún se recuerda. En ´prisoner of the state´, Owens volvió a convencer por su credibilidad actoral y una musical que permitió disfrutar de la brillantez de la partitura de Lang.

La respuesta del público de Nueva York fue fría. Es difícil estar a la altura de la ópera de Beethoven; y cuantos esperaban una gran obra lírica se fueron a casa con las ganas. Sin embargo, este prisoner of the state tiene muchos de los rasgos que hacen de David Lang uno de los compositores más relevantes de hoy.

CARLOS JAVIER LOPEZ