Oberon en Munich: una recuperación afortunada

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Oberon en Munich. Foto: W. Hösl
Oberon en Munich. Foto: W. Hösl

Todos los años el Festival de Ópera de Munich ofrece alguna novedad, aparte de representar óperas anteriormente estrenadas aquí. Las novedades elegidas para la presente edición han sido Die Gezeichneten, de Franz Schreker, que se ofreció al principio de Festival, y este Oberón, que se ha convertido en una ópera muy poco representada. La representación ha contado con una original producción, destacando precisamente la dirección escénica, una adecuada dirección musical, y un reparto vocal correcto sin grandes figuras, como puede esperarse de una ópera rara como ésta.

Oberón tiene dos problemas fundamentales, que son la causa principal de su escasa presencia en las programaciones de los teatros de ópera. Por un lado, el problema radica en los numerosos diálogos hablados, con presencia de personajes que no cantan. Este problema de los recitativos hablados estaba ya pasado de moda cuando la ópera se estrena en Londres en 1826. El segundo problema radica en las inmensas dificultades que la partitura presenta para los dos personajes protagonistas de la ópera – Rezia y Huon – para los que hacen falta intérpretes de los que no existen, si es que alguna vez existieron.

El problema de los diálogos parece ser que Weber quiso solucionarlo en vida, sustituyendo los mismos por recitativos acompañados, como ya lo había hecho en Euryanthe, pero la muerte le sobrevino apenas dos meses después del estreno de la ópera.

El problema de las dificultades vocales no tiene solución en la práctica. Tanto Rezia como Huon están escritos para voces dramáticas, muy exigentes en el centro, y en ambos casos las agilidades están notablemente presentes. A esto hay que añadir una tesitura particularmente complicada en el caso de Huon.

Tuve ocasión de ver esta ópera hace 6 años en Toulouse, donde se cortaron los diálogos de manera notable, mientras que aquí se han dado casi en su integridad. De hecho, la duración en Munich ha sido una hora más larga que la vista en Toulouse. Lamentablemente, no hubo traducción de los diálogos, a pesar de que en el teatro la presencia de extranjeros era muy numerosa.

Se ha ofrecido una nueva producción, que lleva la firma de Nikolaus Habjan, que hacía su debut en Munich. Su trabajo me ha parecido simple e interesante, narrando la trama como un cuento, inclinándose por caminos de comicidad, aunque no estemos antes una ópera bufa. Destaca particularmente el gran trabajo escénico que hace tanto con los solistas como con el coro, aparte de con una serie de actores, entre los que destacan los 3 Pucks. Los personajes que no cantan son interpretados por grandes muñecos, manejados por actores.

La escenografía de Jakob Brossmann nos presenta en la primera parte una sala de ordenadores, donde se hacen los experimentos ordenados por Oberón y Titania. La escena del naufragio está hecha con gran simplicidad, resultando particularmente atractiva la del océano con la presencia de la sirena. El vestuario de Denise Heschl resulta atractivo y colorista, habiendo una buena iluminación por parte de Michael Bauer. La regia consigue dar vida a los muy largos diálogos y es una producción que funciona bien.

La dirección musical estuvo en manos de Ivor Bolton, el actual director musical del Teatro Real. No es fácil dirigir esta ópera, ya que las paradas son continuas y a veces de larga duración. La lectura de Ivor Bolton no terminó de convencerme en la primera parte, mejorando en al segunda. No brilla aquí tanto como en el repertorio barroco, pero ha sido una buena dirección musical. A sus órdenes estuvieron las excelentes Bayerisches Staatsorchester y el Coro de la Bayerische Staatsoper.

Oberon en Munich. Foto: W. Hösl
Oberon en Munich. Foto: W. Hösl

Independientemente de que no sea quien da título a la ópera, el auténtico protagonista es Huón de Burdeos, que fue aquí interpretado por el tenor americano Brenden Gunnell. Se trata de un tenor poderoso, capaz de resolver la endiablada tesitura del personaje sin recurrir al falsete.

Rezia fue interpretada por la soprano alemana Annette Dasch, que lo hizo bien. En ella siempre destaca su figura en escena y sus dotes de actriz, aunque la voz no sea extraordinaria y resulte un tanto destemplada por arriba. Tampoco tiene las agilidades que requiere la partitura de Weber. Digamos que cumplió.

Fátima, la sirvienta de Rezia, fue interpretada por la mezzo-soprano americana Rachael Wilson, que ofreció una voz atractiva y bien manejada, moviéndose con facilidad en escena.

El ayudante de Huón, Scherasmin, fue interpretado adecuadamente por el barítono Johannes Kammler.

Oberón es un tenor, que tiene muchos diálogos, siendo aquí bien cubierto por Julian Pregardien. La parte de Titania la hizo bien la mezzo-soprano Alyona Abramowa.

Finalmente, la soprano rusa Anna El-Khashem brilló en la canción de la Sirena.

El teatro había agotado sus localidades. El público se mostró cálido con los artistas, no faltando muestras de entusiasmo para los protagonistas.

La representación comenzó con los consabidos 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 3 horas y 19 minutos, incluyendo un intermedio y los largos diálogos. Siete minutos de aplausos.

El pecio de la localidad más cara era de 132 euros, costando 32 euros la más barata.

José M. Irurzun