Olivo e Pasquale de Donizetti en Bergamo: ópera bufa en la línea de Rossini

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Olivo e Pasquale en Bérgamo. Foto: Rota/Fondazione Donizetti
Olivo e Pasquale en Bérgamo. Foto: Rota/Fondazione Donizetti

Olivo e Pasquale es una ópera bufa estrenada en Roma en 1827 y repuesta unos meses más tarde en Nápoles. Estamos, por tanto, ante una ópera que pertenece a la época en la que todavía Donizetti no ha triunfado, ya que pasarían todavía 3 años hasta el gran triunfo con Anna Bolena. Llama la atención el hecho de que apenas precede en 5 años a L’Elisir d’Amore y, sin embargo, parecen pertenecer a época distintas e incluso a distinto compositores.

En Olivo e Pasquale uno tiene la sensación de estar asistiendo a una ópera bufa de Rossini, ya que su estilo está mucho más en esa línea que en la que habrá de venir posteriormente con el propio Elixir, La Hija del Regimiento o Don Pasquale. No estamos ante una obra maestra, sino que se trata de una ópera bien construida y agradable, sin muchas más pretensiones. Así como uno no entiende el ostracismo de Rosmonda d’Inghilterra, es más fácil de entender el de Olivo è Pasquale.

La versión que nos ha ofrecido el Festival Donizetti Opera es la de la reposición de Nápoles, en la que hay dos cambios importantes respecto de la versión del estreno en Roma. Por un lado, los recitativos son ahora sustituidos por diálogos en dialecto napolitano. Por otro lado, el personaje de Camillo pasa a ser de tenor en lugar de mezzo soprano.

La trama de la ópera nos presenta a los dos hermanos que dan título a la ópera. El primero, un auténtico cascarrabias y el segundo, amable y de buen talante. Olivo tiene una hija enamorada de Camillo, quien trabaja para Olivo, pero éste ha decidido casarla con un rico comerciante, Le Bross. Todo terminará por resolverse felizmente.

Olivo e Pasquale en Bérgamo. Foto: Rota/Fondazione Donizetti
Olivo e Pasquale en Bérgamo. Foto: Rota/Fondazione Donizetti

La producción ofrecida lleva la firma de Ugo Giacomazzi y Luigi Di Gangi y resulta adecuada para la comicidad de la ópera, aunque se retuercen demasiado las actuaciones escénicas de los artistas, buscando la risa fácil, que tampoco se consigue en gran medida. La escenografía y el vestuario se deben a Sara Sarzi Sartori, consistiendo los decorados en tela pintadas en colores vivos y en los trajes dominan el colorido, especialmente el rojo. La iluminación de Luigi Bondi resulta correcta. Es un trabajo escénico un tanto infantil y exagerado, especialmente en alguno personajes.

De la dirección musical se encargó Federico Maria Sardelli, que llevó la obra con buen ritmo y de manera adecuada para las características de la ópera. Mis experiencias con él han sido mejores en el repertorio barroco. La Orquesta dell’Accademia Teatro alla Scala lo hizo bien, sin brillo especial. Correcto el Coro Donizetti Opera en una obra poco exigente para ellos.

Los personajes que dan título ala ópera son los dos hermanos, que no son sino dos bajos bufos en la gran tradición italiana. Bruno Taddia fue Olivo y lo hizo de manera muy exagerada en escena, mientras que vocalmente su voz no ofrece mucha calidad, resultando un tanto basto. Filippo Morace tampoco tiene una voz de calidad, aunque funciona mejor que la de su compañero de reparto.

Isabella, la hija de Olivo, fue interpretada por la soprano Laura Giordano, que lo hizo de manera desenvuelta en escena y con una voz atractiva y bien manejada, resultando en conjunto la mejor del reparto en términos vocales. Su amado Camillo era el tenor Pietro Adaini, que ofreció buenos agudos y poco más, ya que en su canto no hay elegancia ni atractivo.

Le Bross era el tenor Matteo Macchioni y lo hizo de manera adecuada, con una voz agradable y bien manejada. Aunque Camillo es el objeto de los amores de Isabella y quien se lleva el gato al agua al final, me parece Le Bross personaje más interesante tanto vocal como escénicamente.

Los personajes secundarios fueron cubiertos por el tenor Edoardo Melletti como un exageradísimo Columella, Silvia Beltrami, mejor escénica que vocalmente como Matilde, y Giovanni Romeo, un sonoro Diego.

El Teatro Sociale es un reducido espacio con patio de butaca y cuatro piso de palcos, que tendrá una capacidad de unos 800 espectadores y estaba prácticamente lleno. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 52 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 26 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 55 euros, costando la más barata 30 euros. 

José M. Irurzun