Orfeo. Monteverdi. Munich

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Prinzregententheater de Munich. 27 Julio 2014.
Entramos en la recta final del Festival de Ópera de Munich, que ofrece una programación jugosa. A esta nueva producción escénica del Orfeo de Monteverdi le seguirá La Forza del Destino con un reparto estelar, un Rosenkavalier y, finalmente, el Barbero de Sevilla con la presencia de Juan Diego Flórez como Conde Almaviva.
Así pues, abre este último bloque representaciones de ópera en Munich L’Orfeo de Monteverdi, cuya representación ha sido muy bien recibida por el público, basada en una interesante producción escénica, una sensible versión musical y un adecuado reparto vocal. Quizá el aspecto más llamativo de estas representaciones de la ópera haya sido el hecho de que se ha colgado el cartel de No Hay Billetes todos los días. Evidentemente, estamos en una ciudad y un público que ofrecen una gran madurez musical. En cualquier teatro de ópera español esto sería impensable.
Se trata de una nueva producción del alemán David Bösch, que ya ha ofrecido en los últimos años algunos trabajos interesantes en Munich, entre los que se puede señalar L’Elisir d’Amore y Mitridate. La primera parte de la ópera resulta imaginativa y atractiva, situando la acción en los años 70 y convirtiendo a los pastores de Tracia en una comuna hippie, que entra en escena en una furgoneta para celebrar la boda de dos de sus miembros: Orfeo y Euridice. No faltan adornos florales, confetis y alcohol. La celebración está muy bien hecha, con actuaciones musicales de los miembros de la comuna, usando falsos micrófonos, que ofrecen como regalo de boda una lira a Orfeo.
La entrada de la Mensajera anunciando la muerte de Euridice hace que desaparezcan los adornos florales y la escenografía de Patrick Bannwart nos sitúa en un pasaje un tanto desolado, que permanecerá tanto en la escena de Caronte como en la de Plutón, que resultan mucho más tradicionales y apegadas al libreto que la fiesta de esponsales del principio. El vestuario de Falko Herold resulta divertido al principio y mucho más gris en la continuación. Buena la iluminación de Michael Bauer. El final de la ópera resulta algo controvertido, ya que Orfeo no es conducido por su padre Apolo a las estrellas para encontrarse con Euridice, sino que ambos se reúnen en la escena final para descender también juntos a la tumba.

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Escena
Es una producción un tanto rompedora, pero hecha con buen gusto y escasamente provocativa, destacando particularmente la dirección de escena de toda la primera parte de la ópera.
Al frente de la dirección musical estaba el británico Ivor Bolton, el actual director musical del Teatro Real. Su dirección resultó delicada y sensible a lo largo de toda la representación, demostrando su gran afinidad con este tipo de música., aunque confieso que me asaltan muchísimas dudas sobre el resultado que pueda dar en Madrid, ya que la programación va por otros derroteros. La orquesta estaba formada por el Monteverdi Continuo Ensemble, al que se añaden miembros de la Bayerische Staatsorchester. La prestación musical ha sido muy buena, comenzando por las espectaculares llamadas de las fanfarrias minutos antes de iniciarse la representación. El Coro de Zürcher Sing- Akademie tuvo una magnífica actuación, tanto por su musicalidad en los conjuntos como por las estupendas actuaciones individuales de sus miembros, especialmente Thomas Faulkner, Gabriel Jublin y Lucy Knight.
La gran atracción vocal de estas representaciones era la presencia del gran barítono alemán Cristian Gerhaher en la parte de Orfeo. Todos los aficionados a la ópera saben que estamos ante uno de los grandes liederistas actuales, además de ser el mejor

Wolfram de los últimos años. Sirva esta pequeña introducción para dejar claro que su prestación vocal es intachable. Sin embargo, encuentro que en ocasiones Gerhaher está fuera de estilo en la parte de Orfeo, personaje para el que prefiero un intérprete más ligero y delicado, en el que sobran algunos engolamientos. No es un problema de calidad, que la tiene como muy pocos, sino de adecuación y estilo.
Christian Gerhaher
La mezzo soprano italiana Anna Bonitatibus nos brindó una irreprochable actuación en los personajes de la Messagiera y de Proserpina. El anuncio de la muerte de Euridice estuvo cargado de emoción, como siempre debería estar, ya que pocas páginas se han escrito tan llenas de emotividad como ésta. Como Proserpina demostró su gran versatilidad.
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Andrew Harris y Anna Bonitatibus
Buena también la actuación de la mezzo soprano americana Angela Brower, que doblaba como Música y la Esperanza. La voz tiene calidad, muy adecuada a este repertorio, mostrando buena desenvoltura escénica.

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Angela Brower
La soprano rusa Anna Virovlansky lo hizo bien en Euridice, que, como saben los aficionados, no tiene mucho que cantar. Adecuados y musicales Andrea Mastroni (Caronte), Andrew Harris (Plutone) y Mauro Peter (Apollo).
El Prinzregententheater, que es una copia del de Bayreuth, estaba abarrotado con numerosos suche karte por los alrededores. El público dedicó una muy cálida acogida a los artistas, especialmente a Christian Gerhaher.
La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración de 1 hora y 42 minutos, sin interrupción. Diez minutos de aplausos.
El precio de la localidad más cara era de 191 euros, pasando a 105 euros en las localidades más laterales. La entrada más barata costaba 58 euros.
José M. Irurzun