Oropesa y Grigolo ¡la nueva pareja de moda!

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L’Élixir d’amour de Gaetano Donizetti vuelve à la Ópera Bastille hasta el 25 Noviembre. La producción, con puesta en escena de Laurent Pelly fue creada en 2006 y es un clásico de la ópera de Paris, uno de los grandes éxitos recurridos de Mortier.

Una muchacha muy bonita llamada Adina, es pretendida por el sargento Belcor y por Nemorino, un campesino no muy inteligente y algo retraído. Andina coquetea con el militar y esquiva a Nemorino. Ella cuenta riendo la leyenda de Tristan e Iseo y del filtro mágico a partir del cual Iseo se hizo irresistible para Tristán.

Italia en los 50 y un triángulo amoroso esperado, este Elixir tiene todos los ingredientes para considerarla un éxito antes de sentarse en las butacas de la Bastilla. Un escenario que mezcla toques cinematográficos y teatrales, donde no faltan todos los clichés de la vieja Italia. Esta es la propuesta de Chantal Thomas, montañas de heno, trattorias, vespas, sol sobre campos verdes y amarillos, las estrellas que alumbran el desamor, los vestidos de verano…después de las potentes producciones que nos ha ofrecido la ópera de París desde que comenzó la temporada esta es una delicia y un suspiro pleno al amor. 

Adriana González interpreta a Gianetta. Ya la conocíamos por sus recitales del Atelier Lyrique de la Ópera de París y a pesar de su juventud y de sus escasas intervenciones no pasa desapercibida, ilumina el teatro con su voz y nos deslumbra con su bonito vibrato y su espléndida voz. 

Il Dottor Dulcamara lo interpreta el barítono Gabreile Viviani. Viviani realiza un dulcamara bastante justo, ni muy cómico ni muy comedido, muchas veces este papel lleva a sus intérpretes a realizar una versión casi caricaturizada del rol, pero él no y es de agradecer. No resta protagonismo a los roles principales y sin embargo sigue estando presente. 

Etienne Dupuis como Belcore, es un barítono de gran vibrato y líneas limpias. Aunque le ocurre lo mismo que a Dulcamara y no es demasiado excesivo, a veces que se queda sin querer un poco en la sombra y esperamos más de él a nivel interpretativo. Él es el seductor y aunque Grigolo insiste en su rol de “tonto” sin parar no convence del todo al espectador y se deja eclipsar.

Los papeles principales son interpretados por la soprano Lisette Oropesa como Adina y  el tenor Vittorio Grigolo como Nemorino.

Juntarles es una idea excelente, no les falta nada, parece que nacieron para interpretar juntos estos roles. Sus voces coinciden y empastan la una con la otra de una manera natural inesperadamente asombrosa.

Ella, que acaba de terminar (casi solapadas) sus representaciones de Les Huguenots brilla desde que aparece. Es una virtuosa, este papel, muy distinto al que le vimos interpretar en Les Hugonotes nos enseña que lo tiene todo. Maravillosas coloraturas, dulzura vocal y una proyección excelente y muy comedida. En el escenario es muy enérgica y no se excede nada con el rol, parece que ella es Adina en la vida real.  

Él, es todo lo contrario, es explosión vocal y teatral. A pesar de que caricaturiza su personaje no queda excedido, es un showman y el papel le va como anillo al dedo.

Tiene un registro exquisito, una potencia desbordante (a pesar de ser más potente que Oropesa nunca la sobrepasa) y un vibrato radiante.

Su furtiva lagrima es pura dulzura, muy afinado, siente el aria y se nota que no quiere defraudar al público. Este le acoge con gran ovación después de su aria y al final de la representación.  

Hermosamente preparado por José Luis Basso, cabe destacar al coro. Sonido esplendido juega y se mimetiza con el escenario sin abusar y destacando.

El foso, bajo la dirección de Giacomo Sagripanti no comete errores, los solos instrumentales son muy correctos y el empaste general muy bueno.

Rebeca Blanco Prim