Otello. Verdi. B. Aires

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Teatro Colón de Buenos Aires

Función del 27 de Julio de 2013

Con gran expectativa se esperaba el estreno en el Teatro Colón de Buenos Aires de la magistral obra de Verdi, a la que Plácido Domingo, uno de los más consumados intérpretes del Moro, considera como la más grande creación de la lírica italiana del Siglo XIX. Y, además de por los méritos de la pieza, la expectativa se veía reforzada por la reaparición en esta capital del tenor argentino José Cura encarnando  uno de los roles que más aplausos le valieron a lo largo de su destacada carrera internacional, a lo que sumaba su tarea como regisseur y diseñador de la escenografía, dos fascetas que el tenor viene desarrollando desde hace unos años a esta parte. El debut del reconocido barítono español Carlos Álvarez también sumaba en el deseo de un público que desbordaba la sala de disfrutar de una memorable velada.

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Cura, que formó parte del Coro estable del Teatro al inicio de su carrera y que dejó la Argentina para iniciar su exitosa carrera solista en Europa, volvió al Colón a fines de la década del 90, precisamente con Otello, y la impresión que dejó en la crítica de entonces no fue la más favorable. La revancha llegó en 2007 con una magistral versión semi-montada de Samson et Dalila en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, sala en la que el Colón montó sus espectáculos durante su restauración y remodelación. Ahora la sala mayor del primer Teatro porteño volvería a juzgar su trabajo…

El diseño de la puesta que se ofreció, realista y en época, tendió a aprovechar el disco giratorio del escenario de manera de que las escenas pudieran cambiar de ambiente sin interrupciones, dando mayor continuidad a la par que diversidad al desarrollo dramático. Tres escenarios se sucedieron, entonces, a lo largo de las distintas escenas: el patio de la Fortaleza ( a mi criterio, el menos logrado por carecer de grandiosidad y no tener casi elementos que mostraran su carácter militar); una sala interior, y la habitación de Otello y Desdémona; todo esto inserto en un escenario rodeado por un telón de fondo negro que acentuaba el efecto distanciador al que supo ser afecto Brecht, e intentaba generar la sensación de una vista íntima del mundo de Otello en medio de un universo mayor y desconocido en el que sólo se movía Iago.

La iluminación creó climas acertados y pintó la escena con efectividad. El vestuario resultó un tanto monótono desde lo cromático en los personajes centrales lo que conspiró con la identificación clara de los personajes y sus caracteres.

La marcación actoral tuvo sus más y sus menos. Cura como Otello resultó sumamente distante y salvo en su célebre monólogo «Dio mi potevi scagliar…» y en el último Acto, apareció ensimismado por demás, casi derrotado, cansado, a la par que poco pasional. No llego a discernir si esto fue buscado por el intérprete/regisseur intentando acercarse a la descripción cuadro depresivo de este complejo personaje héroe/villano/guerrero/hombre/poderoso/frágil pero en cualquier caso, el resultado no fue de lo más feliz sobre todo cuando la apatía y la pasividad contrastaba con la música con la que Verdi compuso algunas escenas.

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El Iago de Álvarez fue pensado como el verdadero factotum de esta historia y, en ese sentido, la concepción resultó coherente con el espíritu verdiano que hasta estuvo a un tris de titular su ópera con el nombre de este malo de toda maldad. El rol, sin embargo, se alejó de los signos comunes utilizados para demostrar su malicia y apareció como desdoblado: dentro del círculo de Otello como un inocente y fiel compañero (por ej. narra el famoso sogno del 2° Acto sentado a la mesa de Otello como hoy lo haríamos a la mesa de un bar en una confidencia íntima) y fuera de él como el perverso manipulador de cuerpos y almas… sin embargo, la idea, que resulta interesante, no siempre quedó expresada con igual felicidad.

Desdémona fue más feliz en su diseño, y resultó muy interesante su presentación en el último acto, donde es consciente de su próximo fin y donde reza encogida a los pies de la cama, indefensa y resignada ante el destino.

La inmovilidad del Coro resultó poco inspirada y privó a las distintas escenas en las que participó, particularmente a la inicial, de interés visual mientras que ciertas situaciones o presencias fueron distractores en escenas en las que sería preferible cierta concentración.

Desde lo vocal José Cura estuvo por debajo de las expectativas y su voz resultó despareja y falta de expresividad salvo en los dos pasajes que mencionamos más arriba, en donde reconocí al artista de fuste que sin duda es. La inmensidad del Colón no resultó su mejor aliado, al menos frente a algunos problemas de emisión que opacaron su lucimiento y la visión que imprimió al rol conspiraron contra sus méritos.

Carlos Álvarez, por su parte, logró un Iago cumplido pero poco más. Su «Credo» careció del efecto necesario para electrizar al público, y si bien mostró un buen dominio del fraseo, un grato color y un timbre interesante, la concepción de su lectura musical del rol nos pareció un tanto superficial.

La Desdémona de Carmen Giannattasio se escuchó mejor. Buen caudal, al que por momentos se desearía que maneje con más sutileza; bello timbre, registro que se luce más en el centro y los agudos que en los graves en los que pierde color y potencia; supo darnos una creíble veneciana.

Muy bien los argentinos Enrique Folger como Cassio, Carlos Esquivel como Lodovico, Fernando Chalabe como Roderigo y Mario De Salvo como Montano.

Muy interesante la Emilia de Guadalupe Barrientos, que tiene una voz interesantísima, y una prestancia escénica que sabe poner al servicio de su parte.

Bien el Coro y el Coro de Niños en sus participaciones.

La Orquesta Estable no tuvo su noche más feliz, con una triste prestación de los bronces, y bajo la anodina dirección del Mtro. Massimo Zanetti que olvidó la suma de riquezas que vuelven a esta partitura verdiana un verdadero tesoro. Apeló al forte como trillado recurso para homogeneizar los desajustes en algunos pasajes y en otros condujo con escasa expresividad y superficial lectura.

Más allá de los detalles, la síntesis nos deja la sensación de haber visto un Otello más, que pasará prontamente… y lo lamentamos, porque Ideas había… talento, había… prestigio, había… pero, vaya a saberse por qué razón, las musas no fueron propicias…

 

 

OTELLO

ópera en cuatro Actos

Música de Giuseppe Verdi

Libreto de Arrigo Boito

 

Reparto:

Otello…… José Cura

Desdemona…. Carmen Giannattasio

Iago…… Caros Álvarez

Cassio…. Enrique Folger

Lodovico…..Carlos Esquivel

Emilia….. Guadalupe Barrientos

Roderigo…. Fernando Chalabe

Montano……Mario De Salvo

Heraldo…. Fernando Grassi

 

Coro Estable del Teatro Colón

Director: Miguel Martínez

 

Coro de Niños del Teatro Colón

Director: César Bustamante

 

Orquesta Estable del Teatro Colón

Director: Massimo Zanetti

 

Dirección de escena…. José Cura

Diseño de escenografía…. José Cura

Diseño de vestuario….Fabio Fernando Ruiz

Iluminación….. José Cura y Roberto Traferri

 

Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires

Función del 27 de Julio de 2013

 

por el Prof. Christian Lauria