Patrick Nolan o como aplicar el póker a la ópera

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Foto: Sin derechos

Si de pronto alguien pregunta que relación puede mantener la ópera con un juego de naipes como el póker, sería difícil que a nuestra mente acudiera alguna respuesta adecuada. Lo cierto es que, a priori, ambas cuestiones no tienen un vínculo mucho mayor de ese que se nos viene a la mente de ver un grupo de jugadores profesionales reunidos alrededor de una mesa, absortos en el juego y con unos auriculares que les ayudan a mantener su concentración. Es posible que alguien esté escuchando La Boheme de Giacomo Puccini o alguno más optimista la Aida de Verdi, pero nada más allá.

Pues sin necesidad de echar a volar tan alto la imaginación podríamos comprender como a partir de un deporte mental como el póker (así ha llegado a ser considerado en la actualidad), un personaje de la talla de Patrick Nolan, CEO y director artístico de la Ópera de Queensland se ha visto crecer de manera más eficiente en el desempeño de su carrera.

Al margen de los gustos de cada cual, se trata de un personaje que en 2015 fue galardonado con una beca de teatro del Consejo de Australia para entre otras razones la de dar apoyo a la investigación que estudia el rendimiento a gran escala al aire libre y la relación que tienen entre sí la narración y la fisicalidad extrema.

Patrick Nolan, a quien hemos visto co-dirigir junto a Genevieve Blanchet con más o menos acierto una producción como la de Katia Kabanova de Leoš Janáček en la Ópera de Seattle, ha sido desde muy joven un apasionado del póker.

Foto: Operaworld

Durante una entrevista realizada hace un tiempo para Financial Review, Nolan revelaba varias cuestiones sobre su relación con el póker. Afirma que desde una edad temprana se sentaba a la mesa con su abuelo libanés y los hermanos de este para afrontar diferentes juegos, entre ellos el de la baraja francesa. La costumbre era jugar siempre apostando algo, aunque ganar no era tan importante y generalmente le facilitaban la victoria para no perder el ánimo. Esta cuestión no le hace muy feliz al recordarlo puesto que en aquel momento pensaba que era su habilidad la que le hacía imponerse en tantas ocasiones, aunque por otro lado entiende aquella costumbre como una muestra de amor.

Para Patrick Nolan, que desde hace tantos años es un jugador habitual de póker, no es necesario participar siempre en una rivalizada competición, sino que en muchas de las ocasiones se puede hacer simplemente en casa con un grupo de amigos o desde una aplicación en la computadora que les permite reunirse de manera virtual a través de un recurso como las Home Game de PokerStars. El caso es disfrutar de esta pasión con las personas que eliges.

En la actualidad el director australiano puede presumir de que lleva jugando al póker más de 20 años, lo que le ha aportado muchas cosas positivas, entre ellas esa capacidad de observar, estudiar los tonos de voz y leer en el rostro de las personas para tratar de descubrir sus faroles. Confiesa que esta característica para reconocer que pasa detrás de esa máscara que es la popular “cara de póker” es muy aplicable a la sala de ensayos en toda la compañía.

Otro de los aspectos entre los que ha desarrollado jugando al póker y que Nolan destaca es el de valorar los riesgos. Dice tener claro que quien nunca arriesga jamás gana nada importante, pero por otro lado hay que ser muy cuidadoso a la hora de calcular que tan grande es el riesgo para la recompensa que está en juego, a la vez de tener siempre presente el capital que se posee y qué cantidad de este se puede exponer para afrontar una operación. Sin duda, ambas cuestiones son la biblia de un buen jugador de póker, pero se pueden aplicar casi en cualquier otro aspecto de la vida.

Patrick Nolan apunta que siempre ha notado que hay un poco del juego de cartas en la ópera. Aparte de esa especie de engaño que viene dado cuando uno de los artistas se mete en la piel de otro personaje, se vienen a la mente óperas como La Chica del Dorado Oeste de Puccini o Carmen donde también hay un juego de cartas. Por no mencionar esa gran ópera de Tchaikovski llamada La Dama de Picas.

En cualquier caso, Nolan se confiesa un amante del póker para pasar un rato divertido en buena compañía, afirmando que gusta de jugar con dinero de por medio, pero con unas cantidades que nunca superan los 40$. Ya se sabe, la gestión de riesgos.