Powder her face. Adès. Londres

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powerherface Ambika P3 de la University of Westminster de Londres.19 Abril 2014. La English National Opera tiene su sede habitual en el London Coliseum, amplio teatro de más de 2.000 localidades y situado en pleno West End. Sin embargo, para esta ocasión ha decidido trasladarse a un espacio reducido, poco adecuado y hasta absurdo, a la Business School de la Univesidad de Westminster, situada en Baker Street, lo que ha condicionado enormemente el resultado de la representación. Se trata de un espacio vacío, en el que se han colocado gradas con asientos muy incómodos. El escenario no es tal, sino una especie de patio, al que se accede por el aparcamiento del edificio y por el que los espectadores pasan para subir a las gradas. Tampoco hay foso, sino que la orquesta se coloca a un lado del mencionado patio. En semejante espacio se pueden hacer representaciones de teatro por alumnos de la universidad, pero nunca representar una ópera, ya que la acústica es infame. Indudablemente, sacar conclusiones de una ópera prácticamente desconocida como la que nos ocupa, resulta muy difícil, ya que todo se vuelve en contra.

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Thomas Adès es uno de los más importantes compositores británicos de la actualidad, siendo ésta su primera ópera, que se estrenó en 1995 en el Festival de Cheltenham. A ésta seguiría The Tempest, estrenada en el Covent Garden en el año 2004 con Simon Keenlyside como protagonista. Powder Her Face está basada en un suceso escandaloso ocurrido en Inglaterra en los años 60, que tuvo como protagonista a la Duquesa de Argyll, una de las grandes representantes de la beautiful people de la época, cuyo juicio de divorcio, interpuesto por el Duque por infidelidades de la Duquesa, fue actualidad permanente en los tabloides británicos. La obra narra la vida de la Duquesa en varias escenas, en un flash back, comenzando con sus últimos años, ya en la ruina, y repasando su vida y aventuras amorosas para terminar nuevamente en la misma escena inicial, en la que es requerida para abandonar el hotel donde ha residido durante años. El escándalo no fue únicamente por el personaje, sino por las circunstancias de sus infidelidades, incluida una famosa felación a un camarero, de la que quedó constancia gráfica, que fue aceptada como prueba por el testimonio de un joyero que reconoció en la foto las perlas del collar de la Duquesa. Este pasaje fue lo más morboso en su tiempo y también en la actualidad, ya que Powder Her Face es más conocida como la ópera de la felación.

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La música de Thomas Adès es un tanto irregular y corta de inspiración. Tiene momentos conseguidos, especialmente la última escena, contando con una orquesta reducida de 15 músicos, en la que el metal y la percusión se llevan la parte del león. Por supuesto nadie puede aspirar a salir del teatro tarareando algún motivo musical. Me parece mucho mejor musicalmente The Tempest. La producción escénica, si es que puede llamarse así, lleva la firma de Joe Hill- Gibbins, que hace su debut en ópera. Hay que reconocer que en un espacio como el que he intentado definir más arriba poco se puede ofrecer. Sin embargo, Hill-Gibbins sale más que airoso del trance, a base de movimientos de elementos de atrezzo, ya que escenografía propiamente dicha no cabe. El vestuario de Ultz resulta adecuado, particularmente para la Duquesa, contando con un adecuada iluminación por parte de Adam Silverman, que hace también lo que puede y coloca focos en lugares extraños, lo que no deja de molestar a los espectadores por los movimientos de los iluminadores. La dirección escénica es buena, con gran ritmo y utilizando muy bien a un grupo de tramoyistas, que se encargan de mover con rapidez los distintos elementos escénicos. Creo que no es fácil pedir más que lo que el director de escena ofrece, ya que las condiciones son sumamente deficientes. La reducida orquesta fue dirigida por Timothy Redmond, que está especializado en música contemporánea y lo hizo bien, aunque hubo en muchas ocasiones exceso de volumen, seguramente inevitable al no haber foso. Los músicos pertenecían a la Orquesta de la English National Opera. El reparto vocal estaba formado por 4 únicos cantantes, la Duquesa y otros tres, que cubren distintos personajes. La calidad vocal dejó bastante que desear, mientras que cumplían muy bien en su faceta de actores. Hay que decir que salvo la intervención del Juez, dando a conocer la sentencia de divorcio para la “depravada” protagonista, no se entendía una palabra a ninguno de los cantantes. La ausencia de sobre títulos se echó muy especialmente en falta. Amanda Roocroft La protagonista, la Duquesa, sin más nombre, fue interpretada por la soprano Amanda Roocroft. Yo recuerdo el revuelo que organizó esta cantante, cuando actuaba en funciones del conservatorio en los años 80, ya que era la gran esperanza británica. De hecho, nada más terminar sus estudios fue contratada por el Covent Garden. Yo mismo recuerdo haberla visto entonces como Pamina. No tardó muchos años en perder la efímera gloria y parecía que últimamente se había recuperado, como pudimos comprobar no hace mucho en Oviedo. Su interpretación de la Duquesa ha sido notable escénicamente, pero la voz, incluso antes del paso, suena a envejecida, lo que no es normal en una cantante que todavía no ha cumplido los 50 años. Los otros personajes fueron cubiertos por la soprano ligera Clare Egginton, como Doncella, Amante y Periodista, que ofreció una voz de poco interés, estridente y gritona en la parte de arriba. El bajo barítono Alan Ewing cubría las partes de Director del Hotel, Duque y Juez, y ofreció una voz sonora y un tanto basta, excepto en su intervención como Juez, donde no sé por qué todo sonó mucho mejor. El tenor Alexander Sprague se encargó de interpretar las partes de Electricista, Camarero y Periodista y ofreció una voz de poco interés. El supuesto teatro no tiene una capacidad por encima de 300 espectadores y estaba prácticamente lleno, aunque hubo deserciones tras el descanso. El público dedicó una entusiasta acogida a los artistas.

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La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 11 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 47 minutos. Tres minutos de intensos aplausos. El precio único era de 40 libras, lo que es muy caro en las circunstancias. Hay que recordar que se puede acudir al Covent Garden por ese precio y el teatro y el espectáculo no tienen nada que ver. José M. Irurzun