Quinientos años no son nada: soberbio Morales en la Iglesia de las Mercedarias de Góngora de Madrid.

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Morales en la Iglesia de las Mercedarias de Góngora
Morales en la Iglesia de las Mercedarias de Góngora

El pasado 17 de febrero Gradualia interpretó en el ciclo de El canto de Polifemo la misa de difuntos de Morales (1550-1553) a cuatro voces con los añadidos del Manuscrito número 21 de la catedral de Valladolid. Con el original título «Fuerunt mihi lacrimae», el cuarteto hizo alarde de toda una recuperación musicológica e interpretativa de una misa de difuntos renacentista.

Conocemos la calidad interpretativa de Gradualia, tanto de cada uno de sus integrantes como del conjunto. Una de las singularidades de este grupo es la sutil dramatización con que representan en escena el repertorio que están cantando. Con gestos y miradas, además de cantar, actúan, buscando la complicidad del espectador.

La última vez que les oímos antes de este concierto fue interpretando unas ensaladas del compositor renacentista Mateo Flecha (1481-1553); pero estamos en cuaresma y toca otro tipo de registro…

El siempre oportuno Paco Quirce abrió para la ocasión la iglesia de las Mercedarias de Góngora, donde el grupo vocal interpretar Officium defuntorum quator vocum de Morales.

En el altar mayor apareció el cuarteto con la actitud que conviene a un oficio de difuntos: austeridad, respeto, condolencia y acompañamiento al dolor de la pérdida de un ser querido. Apenas sin moverse, cantan en latín fraseando y conteniendo la emoción, escuchándose entre ellos para conseguir sonar como un único instrumento.

Simón Andueza ejerce de maestro de capilla: canta y dirige simultáneamente y no, no se distrae. Como buen director de coro, podría cantar cualquiera de las voces y, como investigadores que son, estudian y conocen el Manuscrito número 21 de la catedral de Valladolid publicado en 2012 en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas por Josep Maria Llorens Cisteró. Este manuscrito contiene unas piezas polifónicas de Cristóbal de Morales que ellos añaden a las habituales de una Missa pro Defunctis del mismo autor, dándonos a conocer como sería un oficio de difuntos entero. No se sabe con certeza si desde 2012 estas piezas del Manuscrito número 21 se han interpretado en público pero lo que sí se sabe es que no existe grabación en disco. Por tanto, podríamos considerar este recital primicia en Madrid.

El concierto duró aproximadamente una hora, pero en los tiempos de Morales un oficio de difuntos duraba todo un día a lo largo del cual se sucedían intervenciones del coro, rezos, responsorios y la misa. Así, con parsimonia, se ayudaba al alma del difunto a encontrar su salida a otros mundos.

Cristóbal de Morales fue resucitado un breve momento aquí, en el siglo xxi, gracias a la interpretación de los cuatro cantores de Gradualia que, como médiums, nos dejaron impresionar de la belleza de la música de uno de los mejores polifonistas españoles del Renacimiento. Que quinientos años no es nada.

Sol Bordas