El director español debutó con éxito en el Metropolitan Opera al frente de la producción de Franco Zeffirelli. Freddy De Tommaso sustituyó por enfermedad a Stephen Costello como Rodolfo.

La Metropolitan Opera de Nueva York recupera La bohème de Puccini en la conocida producción de Franco Zeffirelli, con un reparto que sufrió un cambio importante: Freddy De Tommaso asumió el papel de Rodolfo en sustitución de Stephen Costello, que canceló por enfermedad. Pero lo más relevante de la velada fue el exitoso debut de Ramón Tebar al frente de la orquesta del Met. El director español ofreció una lectura elaborada y cuidadosa, rica en detalles y muy atenta a las voces, que fue celebrada con entusiasmo por el público neoyorquino.
Tebar es un estudioso de la música operística, con amplia experiencia en Estados Unidos y una trayectoria especialmente vinculada a Naples, Florida, donde es toda una institución cultural. Aporta la sabiduría de quien conoce profundamente el género y entiende las necesidades de los cantantes. Su presentación en el Met dio buena cuenta de esas cualidades, al comandar una orquesta que conoce esta partitura a la perfección y llevarla a nuevos terrenos expresivos.
El primer acto fue un prodigio de entendimiento escénico y compenetración con los cantantes. Tebar supo sacar petróleo de una música tantas veces escuchada, revelando detalles que podían sorprender incluso a los más familiarizados con la obra. La atención al canto y el cuidado del trabajo orquestal dieron lugar a una lectura de gran interés, en la que la conocida partitura conservó su capacidad de descubrimiento.

No todo fluyó con la misma naturalidad. Deseoso de mostrar su repertorio de recursos orquestales, Tebar apuró las capacidades de la formación y restó espontaneidad a algunos momentos. Es difícil embridar una orquesta acostumbrada a transitar por sus derroteros habituales, y por momentos se percibió el esfuerzo por conducirla hacia una expresión distinta. Pese a ello, la pulcritud, la limpieza y el detalle que exhibió el director español en su debut dan cuenta de la talla de su arte.
A Freddy De Tommaso lo encontramos algo fatigado, con una línea menos dúctil de lo acostumbrado, aunque conservó el atractivo color de su timbre y la habitual pujanza en el agudo. La falta de ensayos obligó a Tebar a realizar un esfuerzo adicional para acoplarse a su canto, una dificultad añadida en una noche ya de por sí exigente para el director. El cantante compaginó esta inesperada aparición con sus actuaciones como Macduff en Macbeth, una proeza vocal que da cuenta de su buen momento artístico.
Juliana Grigoryan fue una Mimì delicada y emotiva, muy celebrada en «Sì, mi chiamano Mimì», aunque fue en «Donde lieta uscì» donde demostró con mayor claridad sus mejores virtudes. Emocionante y musical, llevó al público al filo de la linea de canto, en pleno entendimiento con Tebar, en uno de los mejores momentos de la velada. Su canto, natural y cuidadoso, podría acaso alcanzar mayor profundidad musical con un legato más trabajado, si bien poco más puede objetarse a esta gran artista.

Rosa Feola fue una lujosísima Musetta, llena de vida y realismo. La soprano dejó muestras de gran madurez artística, buen estado vocal e inspiración actoral. Su presencia fue uno de los grandes atractivos de la función y un verdadero lujo para este elenco.
El Marcello de Hansung Yoo nos pareció algo fuera de estilo, con un abuso de las notas abiertas y una línea de canto más plana de lo deseable. Pese a todo, la belleza del timbre y una técnica bien desarrollada le permiten dar la talla en un teatro de las dimensiones del Met.
El Colline de Le Bu fue justamente premiado con bravos tras «Vecchia zimarra». A las conocidas virtudes de su voz —anchura, extensión, riqueza de armónicos y squillo— se suman ahora un estilo más depurado y una comunicación actoral efectiva. El bajo demuestra una capacidad creciente para contar una historia con el canto. También en los pasajes que exigen mayor movimiento y desenvoltura escénica lo encontramos más suelto y seguro, aunque sin perder esa entrañable torpeza que forma parte del atractivo de su caracterización.
Gihoon Kim ofreció un Schaunard muy completo en todas sus facetas, con gran generosidad en los conjuntos y un canto siempre atento a la línea orquestal. Donald Maxwell, por su parte, interpretó por 111.ª vez el cometido de Benoit y Alcindoro, sin sorpresas ni innovaciones.

Los decorados de Franco Zeffirelli, convertidos ya en marca de la casa, volvieron a recibir el aplauso del público neoyorquino, que parece no cansarse nunca de esta maravillosa puesta en escena. También los vestuarios de Peter J. Hall lucieron en pleno esplendor, primorosamente mantenidos por el departamento de vestuario del Met.
Bruno Baker debutaba como director de la reposición y el resultado dio cuenta de su capacidad para poner orden en una producción compleja y muy conocida por el público. En un montaje como este, el verdadero riesgo es no cumplir con las expectativas de perfección que se exigen en el Met. La reposición estuvo a la altura de esas exigencias, en una velada que tuvo en Ramón Tebar a su principal protagonista y que deja un balance muy favorable de su presentación en la compañía.
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Metropolitan Opera de Nueva York, a 25 de septiembre de 2026. La bohème, ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini, con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en Scènes de la vie de bohème de Henri Murger.
Dirección musical: Ramón Tebar. Orquesta y coro de la Metropolitan Opera (director del coro: Tilman Michael). Producción y diseño escénico: Franco Zeffirelli. Vestuario: Peter J. Hall. Iluminación: Gil Wechsler. Director del revival: Bruno Baker.
Reparto: Hansung Yoo, Freddy De Tommaso —en sustitución de Stephen Costello, por enfermedad—, Le Bu, Gihoon Kim, Donald Maxwell, Juliana Grigoryan, Gregory Warren, Rosa Feola, Jonathan Scott y Ned Hanlon.













